Homenaje a la cerámica canaria. VIII Jornadas etnográficas Pablo García Marrero. Fasnia. Marzo de 2017

“Bruñir de siglos.” Homenaje al mundo de la cerámica canaria.

Siglos de paciencia. El mismo pensamiento. Casi Idénticas manos.
Desde el barrizal sumiso donde se presienten las formas y se definen los usos, ya se va blandiendo el espíritu artesano. El Mazapé, Los Charcos, Los Barros, La Hondura... Manos humildes, laboriosas, esgrimen en el barro el íntimo boceto de sus magines inquietos.
Acompañan las mismas alpizpas, los mismos vencejos, iguales cernícalos escudriñando desde la altura.

Poco a poco la mesura se vierte en giros, venciendo a la gravedad con su tesón, levantándose en una espiral de perfiles. Así se yerguen los gánigos, los cazos, los cuencos, los sueños. Con ilusión, con fuerzas. La de la tierra, la del agua, la fuerza de los espíritus libres.

           La evolución de las formas, usos nuevos, otras manos. Hay cosas que cambian, como el solar recóndito donde nace el  sol cada día, pero nunca la eterna fusión de la materia cuando la roza lo humano.


           El alma de los barrancos de arena, el brillo rojo de los almagres, el susurro de los callados limando asperezas, conformando hermosas texturas llamadas a la caricia...son siglos de encuentro entre la modernidad y lo aborigen, la artesanía y el arte, lo cotidiano y la magia, los contenidos y el vientre cerámico donde guardar las cosas.


En el geito de nuestras actuales manos alfareras se intuye la maestría de seres que ya no están, pero que dejaron su impronta de labor de barro, arena, dulzura y fuego. San Miguel, La Atalaya, Teguedite, el Cercado, el Farrobo, la Cisnera, Candelaria, Arguayo, Artenara...espacios para un encuentro ancestral, un permanente alfar donde conviven las manos, los corazones, gente y tiempo llegados hoy a Fasnia para recibir nuestro más sincero y fraternal agradecimiento.








Recordando el Baile de Piñata de Teno Alto

Cuando dejé mi casa en Taucho, camino de Teno Alto, ya sabía que algo bueno me esperaba. El Baile de Piñata de ese lugar siempre me había atraído, y por eso salía con una jiribilla en el cuerpo que me recordaba a otros tiempos, tiempos juveniles en los que la ilusión de la fiesta se centraba en los bailes y sus concurrentes. Por eso, mientras discurría sobre los malpaíses de Guía de Isora y de Santiago del Teide, ya tenía la chispa de alegría que te lleva ligerito cuando buscas algo con ilusión.
Ya en la Degollada de Cherfe comenzó el presagio. Siempre el avistamiento, en esta ocasión con la imaginación, de la mítica Masca, es un deleite para los sentidos.
Entrar a Teno por su sur es como volar sobre los barrancos, es el privilegio de avistar un bosque de palmeras que con los años se ha fundido cromáticamente con los tejados marrones y los pequeños huertos de verdes surcos. Trazar el barranco desde el aire en un zigzag misterioso nos puede abrir el ansia de abrazar el atlántico; y por él a las islas del atardecer tinerfeño, La Gomera, La Palma, El Hierro, los tiempos de fuga hacia otras tierras para vaciar el hambre, las Américas del Valbanera, la de las cartas de ilusión y añoranza de quienes emigraron.
Una espesa niebla mezclada con las luces de mi montura y el recuerdo de mis hijos me hizo volver de este ensueño de Masca. Pero ya había pasado el dintel. Del presente solo quedaba una carretera mojada, con una multitud de curvas y la certeza de que un despiste me habría hecho dibujar de golpe todo el vuelo que antes había soñado. Esa carretera de Masca para mí tiene nombre propio: Pérez, un ser maravilloso al que tuve el gran placer de conocer.  Era uno de esos alcaldes pedáneos que se desvivían por mejorar las condiciones de vida de  su  vecindad sólo a cambio de satisfacción, sólo por la vocación de hacer felices a los demás.
Teno ya se me ha metido en el cuerpo cuando me encuentro con los amigos que me han invitado a este “baile”, Ángel y Marta. También ellos parecen estar enajenados; en sus ojillos creo ver el brillo inocente de quien espera algo agradable en el tiempo más inmediato.
Las mujeres son quienes ocupan la mayor cantidad de sillas alrededor de la sala y prestan su mejor disposición a quienes cortésmente las invitan a bailar. Se mezclan las folías con otros sones de infantil evocación como las rancheras o los interminables popurrís en los que “subíamos al monte de belingo”, “bebíamos leche merengada” o “nos quedábamos sin farola por falta de gas”.
La Isa siempre va delante, calentando las gargantas y vistiéndonos con un traje que nos cubre a todos, como una bandera que a todos nos representa. La Isa es un carácter que unifica a Canarias y a la vez distingue a cada Isla; las acerca, las describe con la misma alegría y en cambio es auténtica y distinta en cada una. Pudiera ser la mejor definición de un archipiélago con alma de crisol donde el baile gira y brilla con aires aborígenes y americanos, portugueses, manchegos, andaluces…
Los danzarines tropezaban sin intención continuamente; los vasos al aire, las “cuerdas” sobre un improvisado escenario hecho con las mismas mesas que sirven para jugar al dómino o para hacer la costura, o para el juego de los niños durante las tardes frías y eternas de Teno. El caso es que se vean para que sea la música quien presida. Las parrandas parecen ser las mismas que hace treinta, cincuenta años. Esta vez vinieron desde el Valle de la Orotava, Tacoronte, desde la cercana Buenavista, desde el más inesperado rincón de la Isla.
La intención original que me llevó a este entrañable pago a través de una genial propuesta de Turismo de Tenerife por incorporar fiestas y tradiciones a la diversa oferta turística de la Isla, se volvió una inolvidable experiencia. Esta no era una actividad de rescate etnográfico a las que suelo estar acostumbrado. Esta era como un fósil viviente de nuestra cultura, una de las caras del espíritu de un pueblo que no entiende de fronteras; la única ha sido el mar, un mar que nunca ha dejado de unir.
Los niños bailan con sus abuelas, con sus madres, las hermanas con sus hermanas, los de Teno con los de Santa Cruz…nadie es extraño, y mientras la armonía y la alegría llenan el espacio, una energía telúrica hace que todo gire en torno a la multicolor y enigmática piñata que cada año elabora Don Pedro, “el tejero”.
 Como un acto de respeto y admiración, los foráneos dan prioridad a la gente de lugar para bailar el tajaraste. Son conscientes de que ellas y ellos son quienes lo han conservado, un encantador tajaraste en círculo que hace competir a los bailadores y a las “cuerdas”, ensamblados  en una carrera frenética que acaba con el abandono por cansancio de alguno de los bandos.
Con la nobleza de la “gente buena”, unas veces ganan unos u otros, pero eso no importa, lo que importa es ser parte de la fiesta, compartir con visitantes y vecinos una armonía que se ha irradiado a los más jóvenes y aún hoy, en una época de tantos cambios y desarraigos, luce en Teno Alto como una bendición, un tesoro que tiene forma de piñata.
Ese es el espíritu de nuestro carnaval, sin alardes ni ostentosidades. Es el espíritu de nuestro pueblo: sencillo, abierto y festivo, joven y respetuoso.
La niebla me acompañó todo el camino de vuelta. Era la vuelta a otra isla y a otro tiempo, a las formas que rigen el ritmo cotidiano. Pero esta visita a nuestro pasado vivo ha alimentado sobremanera mi espíritu, me ha insuflado nuevos aires para un maduro sentimiento, el de trabajar por el mantenimiento y la difusión de las tradiciones en Tenerife, el de irradiar y compartir las maravillosas forma de Vivir una Isla.   


Juan Antonio Jorge Peraza, Tenerife, a 20 de febrero de 2010


Recuerdo para un entrañable antropólogo y magnífica persona: Fernando Estévez González, 
"Otra forma de vivir los claustros: su quietud, sus formas, sus renglones inconclusos. Veo a Nando Estévez en los espacios que sólo el tiempo mirase. Siento su atención deleitándose en el detalle, escudriñando los giros, la mirada de las gárgolas, los ajimeces, las ventanas, su ternura y su sonrisa. 
Siento al archipiélago náufrago de una pluma prodigiosa. La identidad, el patrimonio, el futuro, las huellas, lo material, lo intangible...crujen de dolor como las vigas y los velos, como lo hacen el folclore y la esencia de lo cotidiano.
Siento a Nando en los bríos que estas islas necesitan, en la obligada fusión de lo antiguo y de lo inmediato, en la coherencia que cada ser ha de poner en sus decisiones. Lo siento en la firmeza que hace rotunda y real la necesidad de la utopía." Gracias, Maestro!





Sin amanecer las sombras. Aun sin el bullicio de los pájaros, la integridad entumecida se revuelve buscando  una razón para comenzar de nuevo. El niño, el pan, la angustia, el cielo, la rabia, casi siempre el frio, hiriente en un cuerpo nunca bien abastecido.
Un beso de despedida sobre el universo más querido: la piel de tu piel, un trozo de tu corazón un ser de tu ser…¡y la fuerza!; la luz que te guía para endulzar su destino.    
Y en ese beso la razón para la lucha, para sortear desgracias, para esquivar  al enemigo, para  despojar al cansancio de su avaricia.
Sin amanecer las sombras ya toca apechar con el devenir, pasar la cumbre de los miedos y de los bardos, de las veredas y las angosturas. Toca buscar el sustento a quienes te han dado la alegría, por quienes conquistarías un mundo, a quienes regalarías el mundo.

Tierra seca, volcánica o verde, de calima o de alisio, siempre  tierra sobre la que hacer camino. “Cambio miel por  esperanza, cambio papas por alegría. Cambio trigo por tu sonrisa.” Te propongo un trueque de necesidad por la solidaridad que necesitamos, por la unión de las fuerzas que necesitamos, porque la Cumbre se pasa mejor si florece el encuentro. 
Juan Antonio Jorge Peraza 27-06-2016 

En el horno brillaban las orbes de un mundo fantástico, chisporroteaban las jaras secas y crujían con estrépito las piñas. Las chispas iban y venían entre el fogal y el secadero cuando las piezas, como un tesoro, brillaban entre las llamas azules.
La locera afinaba su mirada de fuego mientras el corazón se hacía un puño, pidiendo a  Dios que ninguna pieza se rompiera. Detrás de cada gánigo, de cada tostador, cada cazuela, se apiñaba el sudor de las mulas cuando traían la arena desde los altos, el barro, desde San José; el agua, desde todas las fuentes de La Guancha: la de Don Bruno, La Cagalera, El Chupadero, los Derriscaderos…
Lo más duro era el almagre, de amanecida hasta las Manchas, al pie del Teide, para impermeabilizar las piezas. El almagre era esa tierra roja que daba brillo a la cerámica como si fuese mágica, tierra que se esconde entre las coladas como una lengua del color del fuego de las entrañas.
Así era la vida en el Farrobo, cada persona a su faena: los hombres a la cumbre, las mujeres a las fuentes, a la casa y a las huertas, a las gallinas; a labor de madre, la que a veces no se ve. Las mujeres al trabajo de la loza, haciendo crecer las piezas con maestría aborigen, con arte femenino y febril. Y del secadero al horno ¡Benditos hornos aquellos que adornaban y daban vida a mi barrio! Simbolizaban la alegría, el calor de un hogar enorme, más grande que mi casa, era el calor de muchas casas. De muchas de ellas salían las mujeres con las piezas de cerámica a la cabeza para venderlas. Hacia Icod, ¡hacia Garachico!, …hacia Buenavista. Bien lejos había que ir a buscar el sustento a pie, cargando la cerámica como una promesa, la de trabajar duro para regalar vida a los seres queridos.

El Farrobo era como un milagro de tierra, personas, trasiegos; era donde se hacían los abrazos que luego servirían de cuna a los pedacitos de agua.
En Tenerife, 3-III-2016






   Cuando llega abril y en Tegueste ya se respira a romería, va culminando un tiempo de entrega al arte, al encuentro, a la cultura; una entrega al espíritu de pueblo. Durante meses, la gente de Tegueste se vuelca en su Romería de San Marcos, construyendo ilusiones a golpe de mijo, sorgo, quinoa, cañamomo... "Pegue a pegue", cada grano tiene su espacio triunfante en el gran tapiz de la vida.
   Las carretas, que tendrán su breve tiempo de gloria para ser disfrutadas y admiradas el día del Patrón, esconderán incontables miradas minuciosas, delicadas, a las que se suman los rasgos de manos hábiles y sosegadas. Cada año un motivo para configurar los tapices, cada año la misma motivación para encontrarse tardes y tardes en el “salón de la carreta”. No han faltado risas ni pausas, vasitos de vino ni dulces, ni sabrosos manjares, que lo son tanto como los ratos “en compañía”.
   El tueste de los granos se convierte en sombra, rictus, doblez, brillo, fiesta, pasión. Cada figura una firma. “…quien empieza la pieza, la acaba”, porque cada una es una obra de arte y en ella va el espíritu de quien la hace nacer. Luego serán de quienes la miren, de quienes saboreen este arte de pueblo anónimo y sencillo, a la vez enorme y sincero.
   La gran familia de la Carreta La Gorgolana me llevó a Tegueste para vivir el tiempo previo, el que mucha gente desconoce y que de seguro quisiera ver. Gente menuda y mayor, jóvenes y gente sin edad, personas que forman una gran familia y que como la artesanía más delicada, elaboran la amistad.  
   Ver como agradecen la visita a su entorno de trabajo es un matiz que no se escapa de sus cuadros, como las estampas de lenteja, de cariño, de arroz blanco u oscuro, de perfiles y ribetes, de alma escondida en el arte…   








Seguimos mostrando la esencia del mundo rural de Tenerife. En esta nueva iniciativa mediante las Rutas Agrícolas de Tenerife rural. Una posibilidad de conocer y de dar a conocer lo  más singular de nuestro territorio



" Siguiendo el camino de los guanches, entre guaydiles y tasaigos, aromas de cebolla nos acompañan a través de la historia y de un pueblo amable, hecho a los cantiles sinuosos y a las tierras verdes " 
Evocaciones de La Caldera de Taburiente, La Palma

Por las mismas sendas de Aceró donde escanció sus pasos la gente antigua, los mismos sonidos de origen, las mismas piedras besadas por el agua, ímpetu labrando esculturas pétreas, quietamente. Sutil arrullo colmado de brillos modelando la angostura.
Suerte de llenarse el espíritu con incontables tapices de paredes eternamente desgarradas. Suerte de dejarse llevar por los diques imprevisibles de Aceró, pincelando trazos de fuego nacidos de la tierra.
¿Dónde no quedaron fijadas las miradas aborígenes?
Tiempo fugaz benahorita en el santuario casi eterno de Aceró; y en cambio tan elocuente que el aire respira ecos del continente y las piedras dicen de un pueblo universal.

En Taburiente buscaba el cielo de Tanausú y  creí sentirlo escondido tras una "cascada de colores."


En la isla de La Palma, 16 de agosto de 2015

Cruzar la cumbre es sólo un concepto

Desde el relato de un tiempo antiguo, cuando había que migrar para buscar el sustento, advierto que La Cumbre siempre fue un ideal.
Pasar La Cumbre significaba sortear a la suerte, los augurios, a los malos tiempos; es esquivar los prejuicios y a los miedos. Era cruzar los montes, los malpaíses, era la soledad y la noche,…era tanta adversidad. ¡Pero había que pasar!
Pasar La Cumbre es esquivar lo que nos limita, es doblegar al cerrojo que cautiva a los sueños. No es una cima, no tiene formas; a veces inestable, a veces sumisa y quieta; pero es la meta donde sentir y pensar libremente.
Pasar La Cumbre es algo más que una estampa costumbrista, y es cuando a lo cotidiano quiebras para ser espontáneamente feliz.
Esa es La Cumbre que quiero pasar: sin tesoros ni alforjas ni tenencias. Sólo con la consciencia de que La Cumbre es la plenitud de un espíritu libre. Para poner distancia a lo mediocre o a la soberbia, a lo infame, para correr descalzo en las oníricos prados de la armonía.
El recuerdo de quienes con esfuerzo pasaban La Cumbre, me lleva a pensar que ésta sólo está en el pensamiento, y hallarla inhóspita o plena solo depende de mis deseos de libertad.


En Tenerife, 12 de junio de 2015

¿Por qué romper la inocencia de seres de cristal?

"La vida lleva y trae cosas.
Unas cosas son para disfrutarlas y crecer;
otras cosas son para sobrellevarlas y también crecer,
aunque duela"

Semblanza de un encuentro doloroso e inolvidable que nos ayudará a ser más coherentes

¿Dónde se habrá escondido el mar? ¿Dónde, los caballitos alados? ¿Quién pintará colas al viento? ¿Dónde vivirán mis muñecos?
Su ser tendría cinco años, cinco siglos su corazón, cuando su mundo infinito se hizo pequeño, cuando sus compañeros de viaje se fueron a vivir hacinados a una caja. Siquiera era de tabla, era de cartón y en letras grandes y negras decía: FRAGIL.
No había terminado de emparentar a Cenicienta con un príncipe azul que era rubio y destartalado. Ella notaba triste a Mamá desde hacía tiempo, sabía que a escondidas lloraba. Sus ojos no eran tan brillantes al mirarla, su sonrisa ya no la abrazaba igual, sus manos dulces antes no  temblaban.
Nuestro encuentro fue el pasillo de un edificio que perdía corazones. Yo con mi prisa y mis asuntos, mis pasos fugaces que no miran nada, a veces a nadie.
Entre cajas marrones de cartón, la tabla de planchar, un tendedero, unos ojos verdes, transparentes como los charcos  del mar de mi infancia. Sentada en un escalón, frio como el cerebro de quien dictó esta sentencia, seguramente pensaba: ¿dónde vivirán ahora mis muñecas?
Se llamaba Yaiza, como tantas princesitas canarias. Vivía en su paraíso de cristal que quebró, lo rompieron gentes sin origen y sin alma. Justo cuando Cenicienta se desposaba, la tierna voz de Mamá, nunca antes tan desgarrada, le dijo: Tengo que hablarte Yaiza, he de decirte que mi corazón siempre será tu casa. Igual que las estrellas donde te escondías, igual que las nubes de algodón donde volabas. Donde tus sueños vivan, será tu casa. Tendremos el aire, que no tiene fin; tendremos la orilla, que es interminable…
Todo pintaba a una solución. Las cosas materiales vienen y van, la vida es lo importante.
Seguramente Yaiza tendrá una nueva casa, nuevos espacios donde ubicar sus confines de fantasía. Pero sin quererlo, seguro que sin necesidad, nada será lo mismo. Y hará crecido demasiado rápido, sin la ilusión de haber desposado a Cenicienta con aquel príncipe azul desgarbado…


                                                                                                              Sibora, enero de 2015