"Lo que me llevé de Arico" (José Alonso Morales)


PRÓLOGO

Dejar entrever a quienes leen un libro lo que van a encontrarse en él es un orgullo para cualquier persona a quien se le confiera dicha misión, pero si además es acerca de un libro tan entrañable como el que tenemos ahora mismo entre las manos, es un orgullo y un privilegio.

Para un alcalde que durante sus muchos años de servicio a la comunidad ha visto el paso de un siglo a otro al frente de un cargo de responsabilidad, velando por el bienestar de sus vecinos y vecinas, es una alegría también la oportunidad de presentar esta obra, un libro de recuerdos personales que, a la vez, es un homenaje a la memoria colectiva. Pepe Alonso habrá conseguido con este libro, “Lo que me llevé de Arico”, que la gente de este Municipio se sienta protagonista de su propia historia, con los parecidos y los ritmos de la época que se plasma en él, que es similar a la del resto del Sur de Tenerife en el segundo y tercer cuarto del siglo XX, pero mostrando sus singularidades, sus defectos, su propia identidad.

El texto que discurre a continuación de estas humildes palabras es una fotografía perfecta de un Arico que ha evolucionado, que ha mejorado social y económicamente, pero deja ver una parte espiritual que quizá se vaya perdiendo con los nuevos tiempos. La familiaridad extendida fuera de las paredes del hogar, la gran diversidad de relaciones, encuentros, desencuentros, los engranajes de una sociedad donde se vivía con lo básico, dejaban espacios para fomentar la amistad o la solidaridad. Un territorio duro y extenso como el del Municipio de Villa de Arico, donde a veces las distancias limitaban el acceso a la sanidad, o a la educación, situación ésta última que yo mismo pude padecer por mi condición de vecino alejado, también han servido para que la gente se supere, para que valore lo que tiene gracias a la voluntad y al esfuerzo.

Esta publicación nos ofrece una amplia panorámica de estas situaciones buenas y malas, diferentes y siempre entrañables por la templanza que da el paso del tiempo, que hace debilitar hasta las más duras experiencias.

Cobran especial relevancia los momentos que la propia naturaleza ariquera brinda a quienes la saben disfrutar: las noches estrelladas en un cielo limpio y enorme que puede invitar a la reflexión o a evocar recuerdos de guitarras, cantos, ratos de alegría; la semblanza de una costa árida y a la vez húmeda por el abrazo del mar, con imágenes de soledad y de pescadores con su peculiar forma de ser, abierta y desenfadada. Especial mención hace el autor a “su” Tabaibarril, luego San Miguel de Tajao, recuerdo de las primeras estancias de veraneo de mucha población local.

Cuando todavía los progresos y los gustos culturales no llegaban por televisión o que digamos, por Internet, ya el Municipio de Villa de Arico brillaba con luz propia porque sus habitantes siempre han sido protagonistas de una “movida” cultural singular, siendo las veladas culturales, obras de teatro, zarzuelas y multitud de interpretaciones musicales, algo habitual en fiestas y casinos. Pepe se encarga cuidadosamente de reinterpretarnos aquellas obras que entusiasmaban a nuestros predecesores, para recordarnos la importancia que puede tener la escenificación del Nacimiento de Jesús, o del nacimiento de una banda de música, o del afloramiento del agua en una galería. Al fin y al cabo son nacimientos, y eso es alegría, es solidaridad y una forma de encontrarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Con la admiración ante una reflexión espléndida sobre las formas de la solidaridad y cómo se veía esta actitud personal en un pueblo como el de Arico en la época que nuestro amigo Pepe Alonso describe en su obra, sólo me queda darle las gracias en nombre del Municipio por habernos regalado un trozo de su corazón. Un corazón que desde la cercana Artenara, donde su familia fijó residencia en Gran Canaria, nunca dejó de amar y añorar a su pueblo, desde donde “se divisaba perfectamente Tenerife en su falda sur con los Aricos acostados en la ladera que caía al mar”.

Para nosotros es un orgullo que su tierra natal le haya provocado pensamientos tan profundos como el que nos regala en su obra: “el desafío es buscar espacios y medios para modelar la conciencia con la miseria, la compasión y la ternura”.


En Villa de Arico, Septiembre de 2009
Eladio Morales Borges
Alcalde del Ilustre Ayuntamiento de Villa de Arico

Premio Gánigo 2009

Estamos de enhorabuena, porque el Centro de Iniciativas Turísticas del Sur de Tenerife, a propuesta del Ayuntamiento de Arico, nos ha dado un premio, el Gánigo, al trabajo que hemos hecho por mostrar esas bellezas patrimoniales de Arico.

Aunque ha recaído en mi persona, por ser el que más se nota, yo lo hago extensivo a todas las personas que me han ayudado en esta labor a lo largo de los tres años de trabajo en el Ayuntamiento de Arico y ahora en Turismo de Tenerife.

No me olvido de los intérpretes y guías de Tenerife, de Vicente Zapata, con el que me inicié en el senderismo temático, de Miguel Pérez Carballo, el gran valedor de nuestros caminos, mis compañeros de la Asociación de Intérpretes de Patrimonio, mis amigos y toda la gente que lucha porque se reconozca el valor del mundo rural, de la etnografía, el paisaje...

Un fuerte abrazo

En Granadilla, el 6 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Volver a la Isla

Volver a la isla será convencernos de que seguimos siendo protagonistas del ciclo de la vida, y así seremos laurisilva, cardón y era, seremos folías y arrullo de mar. Ese mar que no deja de unirnos, ese mar que nos hace escanciarnos en la infinitud del horizonte, como si quisiéramos volar detrás del sol, en esos atardeceres irrepetibles de una isla mágica. La isla es un reloj de atardeceres, donde cada día es un nuevo vértice, una luz diferente.

Volver a la isla es compartir una paz que se palpa en el aire, es abrir una cortina para dejar que los sentidos se inmiscuyan en el canto de los pájaros, en el azufre, en el eco de los barrancos. Es subirse al alisio y compartir un vuelo desde los picos hasta las espumas de la mar. Es enredarse en los visillos de la bruma que nos lleva al Terciario con sus cortinas de agua.

En Tenerife, volver a la isla es tejer recuerdos de barcos cubiertos de brea, prometiéndose afanes de conquista en el ultramar de los tesoros incas y aztecas. Recorrer callejones con destellos de historia y ver los campos de cochinilla con las mujeres iniciando el ciclo del arte. Las mujeres canarias, eternas hacedoras de una historia oculta, hermosa, habilidosa. Las veo en los lavaderos y en los telares, en los senderos acarreando tiznes negros de palos que dejaron la vida material para hacerse nobles en hachones y fogales.

Volver a la isla es sentir el baladero del ganado con el sigilo de los acantilados imbricados, como las fuentes, los molinos, la oquedad pertérrita de los barrancos.

Para volver a la isla retomaremos la sencillez de gentes que vivieron tributos de sangre, que sostuvieron imperios allende los océanos y continentes, gentes que llevaron su olor a madre donde fueron, y lo mezclaremos con el olor del brezo, el arrorró de las olas, la universalidad de un carácter hecho a la fuerza del volcán, pobladores de una tierra hecha a los ratos de soledad de quienes, mirando al mar, besan el agua que une todas las orillas del planeta.


Video: http://www.youtube.com/watch?v=7dO28uEtjMM


Tenerife, miércoles, 24 de junio de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Ensayo para cualquiera

Caballero, el que informa, agente de desarrollo rural, tiene el gusto de llevarle noticias nuevas de un mundo antiguo, ni viejo ni olvidado, sólo antiguo; espacio para crecer por dentro, mundo rural del que usted, como yo, se ha enamorado.

Quiero decirle que, desde el inicio de mi visita, he tenido tiempo de hacerme mayor y de besar una infancia de carros de verga, juegos de pencas, de piruetas sobre el jable…

Hace once años, a fecha de hoy, que abandoné La Laguna de paseos llanos, noches de tuna, de cosmopolita tililar entre majos, bimbaches, gomeros; La Laguna de guachinches e inciensos donde anclé la adolescencia.

Como agente de desarrollo he tenido la oportunidad de inmiscuirme en la Trilla del Tanque, en San José de los Llanos; sólo como rescate etnográfico, porque los caballos siguen volando sobre la parva; sólo ellos, nuestra gente y los pocos mulos y burros que aún campean por nuestras medianías. He podido imaginar los cuentos y risas que acompañaban el velo de los frescales, dentro del mismo aire caliente con que las noches de estío dan cobijo a la tertulia.

Puedo informar que La Siega en Icod El Alto está asegurada, porque una estirpe de porteadores lleva consigo la tradición de los cochineros, a tiempo mercaderes y a tiempo campesinos, hacedores de un vergel agrícola que va desde los Campeches hasta los vértices de Tigaiga. Con los icodalteros hemos hecho de la siega algo más que un acto de homenaje anual a la Virgen del Buen Viaje. La hemos devuelto a la isla de Tenerife como una estampa que embellece la mirada, como es, entre el cimbrear de las espigas, gente segando en el campo, algo tan simple y cada vez más inusual.

Pero con los cochineros nos hemos animado a pasar la cumbre, en una actividad llena de magia que nos evoca el trasiego a pie de multitud de gentes, enseres, animales y mucho trabajo, incalculable. Con "Al Paso de la Cumbre", escenificación del trueque, sobre los municipios de Santiago del Teide, Garachico y El Tanque, hemos imaginado el bullicio de semillas que viajaban por la isla mejorando su fertilidad con cada aire nuevo; el pescado, el azafrán, las batatas o el ñame masquero, el centeno de Aponte, las cebollas de Carrizal o de Guayonje, multitud de tesoros que vemos representados en "Al Paso de la Cumbre" y que sólo se valoran cuando se pierden, como los buenos amigos.

La lejana Chasna o Acentejo, Chamorga, Taburco…, idolatrados cobijos, cuevas, abruptos pasos, evocan una época en la que los montes recogían multitud de senderos o refugios, muchas veces improvisados, para atenuar el esfuerzo de una población necesitada de recursos que no dudaba en ”echarse al monte” para acceder a otras comarcas a realizar el trueque.

Caballero, en estos años he regresado en el tiempo para traer multitud de estampas costumbristas, cotidianas, colosales, como es el humo inundando los panales o la leche de cabra hirviendo en un mar de espuma, todo ello recreado en un entorno prodigioso de callejones de piedra, lagares henchidos de olor a mosto y el "Día de las Tradiciones" de Chirche, en Guía de Isora, se abre como una puerta al pasado, cada vez con más curiosos, como si lo antiguo quisiera no perderse en el fragor del cemento y la globalización. Así, alegra el bullicio de las aguadoras acarreando cacharros y oblongas barricas que se combinan, en una plástica colorida y atemporal, con la imagen de la cera convirtiéndose en velas o la parva en trigo, o el café en meloso sabor de mistela.

Seguramente han sido muchos años para tan poco quehacer por nuestra etnografía, pues es tan fugaz la diáspora de nuestras costumbres, que sólo un año es como una vida, que un lustro es como un siglo, que cada uno de nuestros actuales ancianos es como un barco que al naufragar se lleva una preciada carga, irrepetible, porque son múltiples los nexos, las luchas, las galerías, los senderos, los proyectos, los amores, las idiosincracias locales de nuestra isla. Cuando pasen otros once años ya habrán encallado muchos bajeles, muchos archivos vivos de nuestra historia, una historia diversa y rica: seca la del sur, más húmeda la del norte, pero igual de mágicas, con desiertos que nos acercan a África y con selvas que se desprendieron de Europa.

Aún con la pesadumbre de ver cómo se nos van los hacedores de nuestra cultura, he podido vivir las Carboneras de Vilaflor, con los discípulos de un personaje recientemente desaparecido que llamaban Murga, y cuyos descendientes siguen luchando para que no se pierda el aprovechamiento forestal que dio de comer a tanta gente chasnera, y de Daute, esperancera y de todos lados, porque en todos lados vieron el carbón como el insinuante aviso del potaje, y así los estacones, y la brea o los mullidos picores que salpicaban en los colchones de pinocha. De todo ello recuerdan los que cada año reviven su vínculo con el monte y hacen vigilia junto a las Carboneras en Vilaflor.

De todo lo expuesto, Caballero, dan fe los cientos de personas que se acercan cada año hasta estas muestras de nuestra etnografía.

Me he acercado a usted para solicitar su colaboración en la lucha necesaria para que no perdamos nuestra historia, y especialmente nuestra forma de ser. No se imagina lo que he descubierto entre nuestra gente, que me ha ayudado a comprender cómo se pudo soportar un tributo de sangre o cómo podemos decir sin dolor que somos un pueblo emigrante, o cómo se han levantado miles de bancales, cómo se puede llorar con una malagueña, o lo que significa una madre canaria.

En la línea de esta disertación, más parecida a un informe técnico que a una presentación, sólo me queda decirle, Caballero, que podría informar sobre múltiples historias que definen nuestra isla, pero seguro que usted ya las conoce y son las que le motivan a seguir luchando por el bienestar de sus protagonistas.

Sin más, aprovecho para enviarle un afectuoso abrazo, que me suena más natural que unos cordiales saludos.

En Tenerife, a 27 de febrero de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

ACTIVIDADES DE RESCATE ETNOGRÁFICO


Reviviendo las costumbres y tradiciones campesinas

¿Cómo hacer que las costumbres y tradiciones más auténticas no se pierdan en la vorágine cultural de la globalización actual? ¿Cómo implicar a los habitantes de un lugar en la preservación de su propio patrimonio etnográfico? La misión no es sencilla y requiere de propuestas imaginativas y originales más allá de la labor recopilatoria de museos e investigadores. Las manifestaciones de rescate etnográfico, cada día más numerosas en Tenerife, son una de estas fórmulas. El éxito que obtienen estas combinaciones de acontecimiento cultural y festividad popular han impulsado su desarrollo en la Isla.

La Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, de 1999, recoge la necesidad de “recopilar y salvaguardar la información relativa a los bienes etnográficos que no constituyan objetos materiales, tales como el patrimonio oral relativo a usos y costumbres, tradiciones, técnicas y conocimientos, para su transmisión a las generaciones futuras, promoviendo para ello su investigación y documentación”.

En esa misma Ley se define el patrimonio etnográfico de Canarias como el compuesto por “todos los bienes muebles e inmuebles, los conocimientos, técnicas y actividades y formas de expresión y transmisión, que son testimonios y expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo canario: oficios, habilidades y técnicas relacionadas con la producción y manipulación de materiales y recursos naturales; las manifestaciones de la cultura tradicional y su soporte comunicativo: medicinas y remedios populares, el patrimonio oral, folclore musical en general, indumentaria y gastronomía; las manifestaciones relativas a juegos, fiestas, bailes y diversiones tradicionales; los deportes (...), etc.”.

Es en este ámbito donde se sitúan las actividades de rescate etnográfico, dirigidas a “recuperar” aquellas costumbres y tradiciones que, vinculadas de forma mayoritaria al mundo rural, han desaparecido, o están a punto de hacerlo, bajo el ímpetu de la vida moderna y urbana. Y aunque el concepto alude a todas aquellas tareas encaminadas a conservar o recuperar los elementos intangibles del patrimonio histórico de una sociedad, que son precisamente los que mejor la definen e identifican; en un sentido más acotado el rescate etnográfico hace referencia a hacer “revivir”, a través de la escenificación, ciertas formas de cultura popular que constituyen auténticas señas de identidad de un pueblo.

Juan Antonio Jorge Peraza, Agente de Desarrollo Rural de profesión, es uno de los más destacados impulsores de las actividades de rescate etnográfico en Tenerife. Para este “dinamizador de proyectos locales”, como gusta definirse, el rescate etnográfico es mucho más que una manifestación más o menos festiva del acervo tradicional de nuestra sociedad.

“Su principal interés”, asegura, “reside en su potencial como instrumento de promoción de la autoestima de los habitantes de nuestro entorno rural”. Para Jorge Peraza, este tipo de actividades pone en valor los usos y costumbres domésticos de los vecinos, estimulando su propio sentimiento de orgullo por lo que los define culturalmente. Por ello, cree que es imprescindible la implicación de los vecinos del lugar, además del posible apoyo institucional, para que las actividades de rescate etnográfico tengan éxito y se sostengan en el tiempo.

Entre los habitantes y visitantes de Tenerife, el interés que despierta este tipo de manifestaciones es creciente, puesto que constituyen una forma de vincularse al territorio y reencontrarse con los elementos que constituyen las señas de identidad propias de la Isla.

El concepto de rescate etnográfico hace referencia a la recuperación, a través de la escenificación, de expresiones de la cultura popular.

(Entrevista publicada en Tenerife Rural, nº 3, 2008)

Trilla de El Tanque



Llegar al Tanque fue como descubrir el Tenerife que quedaba de los recuerdos infantiles, los fines de semana a ver a la familia del campo, mi familia materna, procedente de La Matanza de Acentejo. Nunca terminaré de agradecerle a Antonio Álvarez, "Toñín", el que me haya brindado ese privilegio.

Llegué en invierno, y los domingos en El Tanque son como el invierno polar de los osos, un tiempo para esconderse, sobre todo en la parte alta. En San José de Los Llanos, en Erjos, en Ruigómez, las familias se apilan junto al fogal. ¡Cómo apetece entonces un buchito de vino! un vino no tan blanco como el del sur ni tan oscuro como el del norte, sino de un color de almendra, y fuerte como él solo.

Fue mi primer trabajo como agente de desarrollo local, y la gente cuando me veía entrar a saco en las huertas, sin arremangarme siquiera, con ropa de gente que trabaja en una oficina, se asustaba y decían: "Pero, cristiano, ¿qué hace usted, un estudiado de La Laguna, en el Tanque, que es el culo el mundo?" A lo que yo decía normalmente "¡Culo bonito!"

Esa era en 1996 y sigue siendo así, a fecha de hoy, la gente del Tanque, la que yo conocí y que me abrió su corazón de par en par. Tengo recuerdos imborrables de personas maravillosas, de gente que me brindó sus casas, Juan Manuel el policía, Claudio y Carmen, o Severa cuando se enteraron que yo dormía en el coche para no ir a mi casa, a La Laguna, los días que se me hacía tarde en reuniones. Eran encuentros inolvidables con los agricultores, o con los representantes de los grupos folclóricos que una vez estaban medio enfadados y en una reunión a la que les convoqué terminaron juntos con fuerte parranda... Cuando se fueron a sus casas, yo me fuí a dormir al coche detrás de la plaza, ¡si se llegan a enterar, me matan!

Al final me fuí del Tanque, apenas estuve once meses pero cuando vuelvo y me encuentro personas que conocí hace ya quince años, es como si siguiera allí, como si fuera aún "Juan Antonio el del Tanque", como me decían los agentes de desarrollo de la Isla.

Me fui y de mi corazón un cachito quedó atrás, sé que vive con la gente del Tanque en las tardes de frío o cuando el Tío Heliodoro me dio a conocer el encanto de reunir a la familia para coger las papas. Él me descubrió, con su infinita sabiduría, que aunque perdiera dinero plantando aquellas papas, era una de las maravillosas ocasiones de ver junta a toda la familia.

Al final les dejé la Trilla de Los Llanos, una labor que hicimos juntos los agrilcultores, otros compañeros del Ayuntamiento y yo, aunque yo tirara del carro... ¡alguien tiene que poner fecha y ánimo en las cosas! Es lo único que yo sé hacer. Todavía veo volar al viejo Fino haciendo giros y piruetas sobre la parva, un vuelo que aún hoy nos transmite sensación de libertad a los que disfrutamos de aquella estampa. O al Dibujito -una de las personas a las que más he admirado en mi vida-, batiéndose con seis bestias en collera que parecían querer elevar la era en cada uno de sus giros. Fue una de las primeras acciones de rescate etnográfico de Tenerife, cuando aún se escuchaba que era vergonzoso mostrar nuestras tradiciones; pero ellos mostraron su sabiduría, la savia de los pueblos que no es tangible, pero que se transmite en las habilidades de las personas, en sus historias, en su folclore...

Esas personas sí son tangibles y reales, y además en El Tanque priman las que son simples y nobles. Mientras esa sencilla hermosura, que es el carácter e identidad de un pueblo, se siga transmitiendo, la vida seguirá siendo mágica y generosa.
Juan Antonio Jorge Peraza
En El Tanque, el 9 de octubre de 2009

Día de las Tradiciones en Chirche

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El Día de las Tradiciones fue la primera actividad en la que surge un procedimiento de participación comunitaria de forma coordinada. Enclavada en un entorno privilegiado, un núcleo rural declarado como BIC, el Barrio de Chirche me brindó la oportunidad de aplicar una metodología de participación comunitaria asociada al patrimonio, tanto el arquitectónico como el intangible.

A partir del grupo motor, se desarrollaron talleres de investigación sobre la historia local y múltiples aspectos de la zona: topónimos, gastronomía, anécdotas e historias de la población, juegos tradicionales,… a lo que acompañó un programa de excursiones, salidas de campo para conocer otras experiencias similares a la prevista en este proyecto de revalorización patrimonial. Pinolere, una horneada de teja en Teno Alto, la visita a múltiples museos y centros de interés cultural de Tenerife, llevaron a la actividad final.

El Día de las Tradiciones consiste en la recreación de la vida tradicional en un entorno rural de notable belleza arquitectónica bajo un enclave natural, el Barranco de Chirche, de diversas y singulares manifestaciones geomorfológicas. El tercer fin de semana del mes de julio de cada año, la población local se “disfraza” con la indumentaria típica del campesinado isoreño hasta finales del siglo XIX -vestimenta que se confeccionó mediante un taller de costura en el que participaron las mujeres de Aripe-, y se recrean oficios y labores tradicionales.

El acarreo del agua, la trilla del cereal, la vendimia y labores culturales relacionadas con la agricultura y la ganadería, la elaboración de velas con cera de abeja, o de mistela –un licor de café característico del Municipio de Guía de Isora-, son algunas de las muchas estampas costumbristas que se recrean en esta entrañable actividad de rescate etnográfico.

Esta escenificación se suele acompañar de una obra de teatro costumbrista, la apertura de patios y casas tradicionales para mostrar su belleza arquitectónica, o un “baile de cuerdas”, todo un compendio de manifestaciones culturales que llevan al corazón de los visitantes una estampa canaria de singular armonía estética.

En Chirche, octubre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

La Gran Majada. Feria de la almendra 2009


El domingo 25 de este mes de octubre se llevó a cabo la séptima edición de la Gran Majada, una feria de repostería que se desarrolla en Aripe, en el Municipio de Guía de Isora.

Este acontecimiento está relacionado con un proyecto de rescate de la almendra y otros frutales de secano, iniciativa del Cabildo de Tenerife y de la Asociación Agrícola "Los Poleos", con el que se pretenden potenciar los almendreros, las higueras y en general todo el ambiente de frutales de secano del sur de Tenerife. Esta feria congregó a la mayoría de las reposteras del sur de la Isla y fue organizada conjuntamente por la Asociación de Vecinos de Aripe, la Asociación agrícola "Los Poleos", el Ayuntamiento de Guía de Isora, y las Áreas de Desarrollo Rural y Agricultura y de Turismo del Cabildo de Tenerife. Colaboraron además un buen número de empresas de la zona.

En esta ocasión la feria se complementó con una actividad llevada a cabo en el mes de septiembre, la “Apañada” de las almendras, realizada en el Municipio de Vilaflor de Chasna donde, gracias a la colaboración de personas voluntarias, se recogió una buena cantidad de almendras que se vendieron en la feria con fines benéficos. Este año el dinero se destinará a ayudar en el mantenimiento de un Hospital que fundó el Santo Hermano Pedro en Guatemala. Los vecinos y vecinas de Vilaflor se han unido para realizar esta labor y continuar manteniendo el espíritu de ayuda y solidaridad que caracterizó a este primer santo canario.

El acto tuvo lugar a partir de las 10 horas en la plaza de San Pedro de Aripe, Guía de Isora, donde quedaron abiertos los puestos de las distintas reposteras. A las 13 horas, en los aledaños de la zona de realización del acto, se realizó una escenificación de las labores tradicionales de recogida de la almendra, con el vareo de los árboles, la comida en el campo después del trabajo y el traslado (en este caso hasta la Plaza de San Pedro para su reparto entre el público asistente), acabando con el “derrame” de las almendras en el suelo de la plaza donde se ubica la actividad. Este momento es de crucial impacto entre los niños y niñas que cada año llenan de alegría este entrañable barrio del sur de Tenerife. Un fruto que durante generaciones fue parte indispensable de la dieta de la población local, es ahora motivo de fiesta por un día, en un lugar de espléndidas panorámicas y un entorno rural de singular belleza.




En Guía de Isora, 25 de octubre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Gran Majada, Aripe

¡Que no sea el otoño quien tumbe las almendras!

¡Que no sea el otoño quien tumbe las almendras!, decía el Tío Manuel a quien lo escuchase, mientras volteaba la pinocha preñada de estiércol. Siempre había alguien, siempre alguien crecía por dentro escuchando a los viejos cuando también su cuerpo se aventuraba a nuevas formas.

Los viejos, como un libro; eran lo que no se podía leer pero se asumía, porque los viejos eran sabios como el tiempo: a cada cosa en su sitio y cada sitio para lo que era, uno para cobijarse, otro para plantar, otro para pasto y uno pequeñito para morir. ¿Para qué más tierra?

Cuando ya el sur tenía las tardes más pequeñas, sobre los morros el Tío Manuel hablaba con el viento, como un Moisés, privilegiado contertulio, sabio, cauto volvía para decirnos lo que habría de llegar, para hacer real el presagio del otoño. ¡Pero que no sea el otoño quien tumbe las almendras!, que sean las gentes, que sean hombres y mujeres. Pequeño gesto para tan preciado tesoro, botín que, como el oro llena al ego, de salud llena a los cuerpos, sorpresa frugal de finales de estío.

Temprano en la cumbre, a sol puesto ya estamos en lo de Juan José; cimbreantes, “la latas” son batutas que hacen sonar a la brisa que se extingue sobre los hombros curtidos. Apañando, los niños debaten sobre dónde esconderán tan suculento manjar para cuando el juego venga del desconsuelo. Los jóvenes sueñan con la fiesta, la chiquilla, el chico, las truchas de la suegra que quiere ser, truchas que saben a almendra, a pasión adolescente, a ilusión que crece fuerte, fugaz como árbol tierno. Apañando se reafirman los viejos con certeza: Si el arcón se llena, serán menos las penas.

Llegará el otoño tarde o temprano. Para nosotros es igual si ya la sementera está lista, clamando al cielo su razón de ser, si ya están prietos los graneros, si no se pierden en el tiempo los consejos de quienes dieron al hambre un giro de almendras. La gratitud puede ser la mayor de las virtudes cuando un árbol hecho a la mucha sed, generoso escanciaba sus frutos en tiempos de ausencia, almendreros que esperan que a cada verano, las gentes vareen sus alas para no alejarse del ciclo y la esencia de la tierra y sus gentes.
En Guía de Isora, octubre de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza





V Edición de "Al Paso de la Cumbre"

Al paso de la cumbre

Video: http://www.youtube.com/watch?v=Zdtc-BWPOX4

Fotos de Pedro Falcón:

“Al Paso de la Cumbre” es la visión de un viaje en el tiempo, un viaje para los que vivieron otros tiempos, otras formas y el mismo espacio de otras personas que viven este otro tiempo y que tienen otra forma de ver el territorio que nos acoge.

Esta actividad de rescate etnográfico es una muestra, una visión retrospectiva, del trasiego de gentes de todos los rincones de la Isla de Tenerife que hasta hace no más de tres o cuatro décadas viajaban de un lado a otro buscando el sustento familiar. Después de cinco ediciones entrañables, los personajes que integran el equipo de “Al Paso de la Cumbre, escenificación del Trueque”, han conseguido que gran parte de la población de Tenerife, así como muchos visitantes que acuden prestos a este tipo de celebraciones y eventos de carácter etnográfico, observen el uso de los caminos y senderos como se vivían en tiempos pretéritos. La realidad de esta escenificación no presenta aspereza ni sacrificio porque es sólo una representación, pero el espíritu de quienes protagonizan la actividad ha conseguido tocar la sensibilidad de quienes disfrutan de estas estampas costumbristas.

Así, en esta edición también ha llegado la iniciativa hasta los niños y jóvenes del Municipio de Santiago del Teide, anfitrión de este encuentro, y la respuesta ha sido excelente. En una labor de difusiónde la actividad en todos los centros educativos del Municipio, la aceptación ha sido muy positiva y los protagonistas futuros del devenir de esta zona suroeste de la isla de Tenerife, han reconocido el mensaje que se quiere transmitir. Este no es otro que el de mostrar la armonía que ha existido hasta hace no mucho tiempo entre las personas y el territorio; la conformación del paisaje, la utilización de las tierras fértiles y las no tan fértiles, la construcción muchas veces espontánea de vías de comunicación para medios de transporte tan precarios como los animales de carga, mulas, burros, caballos y sobre todo el desplazamiento a pie, han sido la impronta de las zonas rurales de la isla.

Al esfuerzo y la constancia, que necesariamente han de definir a una población que ha vivido mayoritariamente de la agricultura y la ganadería, hay que unir un carácter abierto y muchas dotes de imaginación. La necesidad de diversificar cultivos y labores, la existencia de recursos de la piedra, de la pesca, del espacio forestal, la incidencia de la diversidad bioclimática que es capaz de crear islas dentro de otras y de definir grandes diferencias en el espacio, han provocado el que haya sido una constante el intercambio de mercancías: las papas de secano en el norte, la piedra chasnera o la tosca, las cebollas de Guayonge o de Masca, las manzanas reinetas, el azafrán de la tierra de Carrizal, el queso de Teno, el carbón de Anaga, las jareas o las castañas de Acentejo… un sinfín de tesoros básicos para el sustento. Cada rincón de la isla de Tenerife ha estado marcado históricamente por la calidad de algún producto, y su mercado abarcaba a veces toda la isla, como podían ser los cochinos que la gente de Icod El Alto repartía por todos los pueblos, pedanías, barrios y pedazos de tierra habitados.

Los pasajes culturales que muestran “Al Paso de la cumbre” llevan detrás de un escenario decorado con las vestimentas, los útiles de labranza, los productos que se intercambiaban, el espíritu de la supervivencia, la solidaridad, la amistad, el respeto por la naturaleza y su aprovechamiento, que viene a ser la tan traída y llevada “sostenibilidad”.

La isla que se representa es aquella que en sí misma era todo un ecomuseo, una forma de mantener el equilibrio entre las necesidades humanas y el peso poblacional.

Cuando ese balance se alteró, la emigración fue la válvula de escape en varias ocasiones. Esa nostalgia del emigrante, el amor por la tierra que te ha cobijado, el espacio donde los niños viven y crecen, un indescriptible amor por el entorno que hace que la familia vaya más allá de los vínculos parentales, en definitiva, las señas de identidad de las personas, son los sentimientos que se reflejan en Al Paso de la Cumbre; es el homenaje que protagonistas y público ofrecen a quienes nos precedieron en el uso de nuestra tierra. Quizá cuando quienes actualmente realizan esta actividad, por ley natural ya no tuvieran la energía suficiente para mostrar lo que ellos realizaron por necesidad en otra épocas, o que conocieron por el testimonio de su padres, familiares o amigos, el espíritu de los caminos se haya transmitido.

Cuando los jóvenes vean el valor de una calzada, un empedrado, o el del saludo desinteresado a cualquier “paisano” desconocido que en cualquier momento puede compartir esfuerzo u ofrecer ayuda en el camino, se habrá conseguido el objetivo de esta actividad. De cualquier manera, entre cuarenta y cincuenta participantes de Municipios tan dispares como Los Realejos. El Tanque, Santiago del Teide, San Miguel de Abona, Adeje, Garachico o Santiago del Teide seguirán mostrando una vez al año, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, una estampa costumbrista sosegada y nostálgica de encuentros, trueques, trasiegos y andanzas de gentes y sueños entre los espléndidos valles y cumbres de Tenerife.

Juan Antonio Jorge Peraza
Geógrafo
(Artículo publicado en Mundo Rural de Tenerife, nº 4, mayo de 1009, pp. 28 y 29

IV edición de "Al Paso de la Cumbre"

¡No sé si las lonas llegarán a Las Abiertas! Creo que ya no pueden más. Al fin y al cabo bastante han durado. Pensar que las compré el año pasado por esta época en el Valle. Vamos a ver si hay suerte y si Dios quiere, porque Él todo lo ve y sabe que con esta carguita algún socorrito llevaré a mis hijos.

Cuando mi José vivía era diferente, éramos dos para repartir la carga, aunque los cascajos nos pelasen los pies o la lluvia nos atrabancara algunos ratitos en algún soco, porque llegar a la casa era una alegría grande, aquellos cristianitos rodeándonos que casi nos tumbaban, y qué ganas de abrazarlos y besarlos, era como si hubiésemos dado la vuelta al mundo, pero el cariño puede con todo, hasta con las penas.

Ay Dios mío, que me duren las lonitas pa' poder volar sobre los Partidos antes de que caiga la noche y las brujas se me atraviesen…


En Santiago del Teide, Noviembre de 2007
Juan Antonio Jorge Peraza

Carboneras en Vilaflor


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El fin de semana de 23 y 24 de Mayo de 2009 tuvo lugar en El Salguero (Vilaflor) la actividad de rescate de las carboneras, organizada por el Ayuntamiento de este municipio. Un año más, se dedicó un homenaje a la labor de muchos canarios que, para conseguir ganarse parte de su sustento, subían a las Cañadas del Teide a recoger ramas de retama y montar con ellas una carbonera de la que, después de un día y una noche completa, se podía extraer carbón vegetal, necesario durante muchos decenios para la vida cotidiana en las Islas. Durante la vigilia de las carboneras se desarrollaron actividades diversas: talleres gastronómicos (para niños y adultos), cuentacuentos, paseo por las estrellas, ruta nocturna...

Las Fogueras de Vilaflor

Actividad de rescate etnográfico del carboneo realizada en El Salguero, con la colaboración del Cabildo I. de Tenerife y el Ayuntamiento de Vilaflor. Los Maestros carboneros Berto, Lalo, Pedro y Jorge son los verdaderos protagonistas de un homenaje a los cientos de personas que realizaron hace años esta labor para poder sobrevivir. Un cerco de piedras da base a un pináculo de leña cubierta en una simetría perfecta por sucesivas “camadas” de hierba verde, pinocha y tierra, por cuya cúspide brota el humo de un fuego en este caso controlado, como si fuese una prolongación de las entrañas de nuestra tierra, viva y en continua ebullición de fumarolas. En la vigilia de las Fogueras disfrutamos de un taller de cocina con Juan Carlos Glez., Rayco Chinea, y el apoyo de Toña; una sesión de cuentacuentos con Enrique Savoie y visualización astronómica con Juan Vicente Ledesma; una ruta nocturna y la visita al Pino Enano.



Las Fogueras

Las fogueras escondían la lumbre, pero la verdadera lumbre era la que estaba en nuestros corazones, y esa no era tan fácil de achantar. Los guardas nos vigilaban, como si fuésemos prófugos, pero ¡de eso nada!, si hacíamos fogueras era para llevar “el fisco pan pa’ la casa”.

Algunas veces teníamos suerte y encontrábamos algunos tronquitos buenos, pero el monte no estaba como ahora, que sobra leña y “pinillo” por todos lados. A veces había algún rincón difícil de llegar o igual el viento había tumbado algún leñito y podías hacer alguna carbonerita. El miedo se confundía muchas veces con el frío y casi siempre con el hambre, pero la ilusión de llevar esa carguita era mayor, era la fuerza que el cariño te da y hace que un hombre sea grande y fuerte, porque el cariño por los hijos es más fuerte que el mosquetón del guarda. Qué tristeza cuando te pillaban y hacían entregar la albarda y los sogos en la casa forestal, como para humillarte. No era vergüenza, era rabia, porque aquello era como quitarle el pan de la boca a tus chiquillos.

Cuando pasabas cerca de las tierras del amo ahí sí te entraba la rabia al ver esas grandes fogueras pariendo carbón que daba temor, pero parece que las que yo hacía eran más libres; el humito volaba como jiribilla, parecía irse rápido para ayudarme, para no delatarme. Cuántas carreras por la Pasada el Santo, cruzando La Puente, bajando Las Corujas. A veces pasabas días y días, con sus noches, juntando cuatro leñitos que luego se quedaban en nada; menos mal que de vez en cuando te tropezabas con algunos carboneros de un lado y otro y parece que la cosa cambiaba, o cuando te pasaba esa gente del norte vendiendo cochinos y siempre un ratito de conversa era de agradecer.

Qué tiempos, cuando los pobres nos echábamos al monte a sacar algún fisquito de carbón a escondidas, qué grandes seres aquellos burritos, esas mulas, esa gente sí merece algún monumento, porque ayudaron a dar de comer a muchos de los que ahora parecen ricos, seguramente lo parecen porque no valoran de donde vienen; ya se olvidaron de la necesidad.

Si había suerte podías camuflarte por algún camino más largo o más peligroso y aprovechabas el viaje, muchas veces escondido en el oscuro; entonces…qué delicia poder llegar al pueblo con la carga de carbón y convertir la angustia en algo para la casa, quizá el guisito papas que cambiabas con Señó Argeo o el puñito de gofio que no te llegaba ni a las encías, pero que era como un tesoro bien preciado.

Las fogueras son como el corazón del volcán, con esa luz encarnada que de vez en cuando aparece entre la hierba verde y las piedras; parece que si la miras pudieras traspasar el suelo y llegar a las entrañas de la isla.

En Vilaflor, Mayo de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Siega Tradicional (Icod El Alto)

Cuando ya el calor del verano azota de lleno a los campos y el alisio de vez en cuando lleva y trae aromas de la brisa, nubes y frescura, llega la época de la siega. En Tenerife la siega es peculiar porque los campos no son tan anchos y profundos como los de Castilla, pero el trabajo es el mismo. Es la misma madrugada y son las personas quienes hacen el espacio diferente, aunque en Tenerife el final del cantero puede ser el mar… o el Teide.

Muchos eran los rincones donde hasta hace no demasiadas décadas se segaba el cereal en nuestra isla. Muchos los hogares que alimentó, elevando el gofio hasta el nivel del más codiciado tesoro.

Folías, Isas, Jotas, Seguidillas… Son muchas, casi todas, las maneras de nuestro folklore que nacieron entre las labores del campo. Entre los mollos encontró el punto cubano un espacio donde brillar con luz propia, uniendo por momentos el tabaco, el trigo, el mamey...

Fueron muchos los enamoramientos, las ilusiones, las amistades, que nacieron al pie de un montón de paja, siendo el motivo de encuentro de amigos, familiares, vecinos… La colaboración, el trabajo en comunidad, creó el folklore, que siempre vivió al ritmo de las cosechas.

Ya metidos de lleno en la carrera del siglo XXI, cuando las relaciones son diferentes, porque son distintos los cauces del grano, todavía hay lugares donde pervive el apego a la tierra, donde la agricultura no es una relación mecánica entre el hombre, el suelo y el agua. Es como un ciclo más de la naturaleza, un engranaje perfecto donde la simiente mantiene a la tierra en su sitio, y el agua sólo alimenta, no perfila nuevas barranqueras.

Aquí todavía se cultivan las huertas como hace cientos de años. Todavía los animales son la mejor herramienta para el trabajo cotidiano.

Cada año, la gente de Icod el Alto brinda el fruto de la siega a su Virgen de Buen Viaje, y es punto de encuentro de niños, amigos, forasteros, vecinos...

Al final, todos forman parte de ese ciclo natural que cada verano hace empuñar las podonas, los vasos de vino para el refresco, las cabrillas de gofio y sobre todo el agradecimiento a una tierra fértil y generosa.

El verano de 2004 marcó una nueva dimensión de la siega en Icod el Alto, porque se inicia en ese momento un gesto de entrega a la isla de Tenerife, una invitación abierta a todos aquellas personas amantes de nuestras costumbres y nuestra etnografía, a que conozcan el trabajo de la siega en este trabajador pueblo realejero.

A iniciativa del Cabildo de Tenerife, y con el apoyo del Ayuntamiento de Los Realejos, se realiza la siega, como tantos años, para cambiar el color oro de los trigos por el ocre de la tierra, pero incluyendo una invitación a los medios de comunicación, al turista, a todos aquellos que quieran encontrar un paraíso agrícola que ha recogido la sabiduría de nuestros antecesores y lo mejor del pasado, para afrontar los nuevos tiempos con la misma constancia y saber hacer.

En nombre de nuestros hijos y de los hijos de sus hijos, y de todos los que están por llegar, gracias a todos los hacedores de esta actividad, por brindarnos una de las mejores muestras de nuestras señas de identidad.

En Icod el Alto, Verano de 2004
Juan Antonio Jorge Peraza

Siega en Icod El Alto 2009

Los verdes de Tigaiga y azules del mar, un aire limpio, el olor a campo, las casas apiñadas para no molestar al paisaje. Las gentes nobles y sabias acostumbradas al frío y a la lluvia, hechas a la soledad. Caminos de piedra, de tierra, de misterio. Calvarios silenciosos, mudos monumentos que murmuran del ostento de la muerte.

El alisio alisando las nubes, el Teide entre murallas de fuego incoloro. Es verano y la hierba cruje rompiendo el hastío de la estival y seca mañana. Sólo los mirlos ponen ritmo a un tiempo parado en el candente imperio del sol.

¡Mira!, unas manos se alzan con puños enrabietados. Y más, otros enarbolan armas curvas y haces de trigo se retuercen y giran, se tumban gozosos al sol. Hay muchas manos que modelan el aire con brío, osados se enfrentan a la lenta y pasiva mansedumbre que provoca el tiempo de estío.

Atrás, otras manos colocan figuras mudas, inertes, como si la implacable guadaña hubiese puesto fin a una vida de bailes y armónicos destellos.

Se oyen algunas risas y embates de ánimo; es una gran algazara que no parece rendirse ante su enemigo, el calor, y así van batiéndose con furia, armados de coherencia y afiladas hoces, de orgullo y paciencia.

Es Icod El Alto, gente segando, gente labrando su futuro, como los labrantes de todos y cada uno de los humanos siglos.


Icod El Alto, 4 de agosto de 2009

Juan Antonio Jorge Peraza

ACTIVIDADES DE DESARROLLO LOCAL

Éstas son algunas de las actividades que he puesto en marcha asociadas al modelo de desarrollo local que he defendido en diversos municipios de la isla de Tenerife, dinamizando a los distintos colectivos sociales locales.

Apañada de la almendra (Vilaflor, 2009)

Video: http://www.youtube.com/watch?v=H4KqL-gAb9o


El 26 de septiembre de 2009 se celebró la 2ª edición de la Recogida de la almendra en el Municipio de Vilaflor de Chasna.

Alrededor de cincuenta personas se congregaron en Vilaflor para recoger la almendra. Esta iniciativa forma parte del proyecto de recuperación de frutales de secano impulsado desde el Cabildo Insular de Tenerife a través de Área de Agricultura y Desarrollo Rural y que comprende los Municipios de Santiago del Teide, Guía de Isora, Adeje y Vilaflor de Chasna.

En esta ocasión, la recogida de las almendras enlaza con otra actividad que tendrá lugar en Guía de Isora el día 25 de octubre, la Feria de la almendra, “La Gran Majada”, en la que se venderán los productos recolectados en este fin de semana, destinándose el dinero recaudado a ayudar a mantener un Hospital en Guatemala fundado por el Santo Hermano Pedro. De esta manera se pretende revitalizar la actitud de servicio y atención a las personas que encarnó este cabrero chasnero.

La labor de recogida se hizo contando con una cincuentena de voluntarios procedentes de distintos lugares de la isla, a los que se sumaron algunos turistas a los que les coincidió la actividad con su estancia en Tenerife. El Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna dispuso de alojamiento para los voluntarios que quisieron pernoctar desde el día anterior, y bien temprano se inició el recorrido de aproximadamente cinco kilómetros por un entorno de singular belleza paisajística hasta la finca donde se realizó la recogida. Hacia el mediodía, terminada la labor en el campo, se inició el camino de vuelta acompañados de algo de cansancio, pero a la vez con la satisfacción por la acción solidaria realizada.

El cuidado del entorno, la revitalización del paisaje agrícola, la solidaridad, el encuentro, son algunas de las circunstancias que acompañaron a este grupo de personas, donde destaca la presencia de muchos niños y niñas. Precisamente su presencia es la que permite pensar en la continuidad de una iniciativa que pretende concienciar a las personas sobre la necesidad de ser coherentes con el medio que nos rodea y con los conciudadanos del mundo. Una forma de colaborar con la sociedad es sumarse a una labor aparentemente insignificante pero que, junto con muchas otras, puede ayudar a revitalizar el mundo rural, el paisaje y además beneficia a algunos pueblos desfavorecidos económicamente.

En esta iniciativa se ha contado con la organización por el Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna, y la colaboración del Área de Agricultura y Desarrollo Rural del Cabildo de Tenerife, la Asociación Agrícola “Los Poleos”, el CIT del Sur, Turismo de Tenerife y la Fundación “Tenerife Rural”.
En Vilaflor, 26 de septiembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Encuentro de Parederos de Tenerife (Vera de Erques, Guía de Isora)



Muestra de Labores Tradicionales del Caballo (El Tanque)

Encuentros intergeneracionales "Asomadas al Ere" (Guía de Isora, Arico y Santa Úrsula)



"Asomadas al Ere"

La transformación actual del territorio, que inexorablemente incide en los municipios eminentemente rurales como todavía lo es Villa de Arico, entre otros, va dando paso hacia otras fórmulas ya implantadas en el entorno insular. No se puede renunciar a la pretensión de que esta evolución se produzca de la manera más armoniosa y coherente que seamos capaces de desarrollar, buscando estrategias que garanticen la pervivencia de usos y costumbres que, aún en convivencia con los nuevos ejes socioeconómicos, ayuden al mantenimiento del espacio y del equilibrio social, persiguiendo como objetivo final el desarrollo sostenible y armónico con el medio natural.

Los encuentros de expertos que hemos impulsado en diversos lugares (Guía de Isora, Arico y Santa Úrsula), que llevan por título “Asomadas al Ere”, consisten en la puesta en común de las propuestas y percepciones entre grupos de personas que han adquirido sus conocimientos del uso del territorio a través de la transmisión oral o de su propia experiencia personal, que dialogan con otras cuya percepción del uso del espacio proviene del estudio y análisis que propicia el rigor científico. Se convoca a mujeres y hombres, a jóvenes y mayores, a “sabios de la tierra”, a científicos y técnicos, de modo que tengan presencia las percepciones de personas representativas de distintas condiciones y visiones dentro de las comunidades, fomentando el encuentro intergeneracional y de género en el estudio y debate sobre el desarrollo de los entornos rurales.

El encuentro de estos colectivos se ha pretendido que tenga carácter de consultivo, de hecho los consideramos un “Consejo Consultivo”. A través de mesas de trabajo con sus respectivos moderadores, se tratan diversos aspectos relacionados con el aprovechamiento de los recursos, fórmulas de convivencia sociedad-espacio físico, resolución de conflictos, tradiciones, usos y costumbres, evolución y asimilación de nuevas tendencias, etc. De estos sustanciosos encuentros se podrían derivar fórmulas que ayuden al diseño de un desarrollo ordenado del entramado socioeconómico de los municipios, no sólo en su planeamiento, sino en las políticas sociales y estrategias de desarrollo comunitario que faciliten la armonía entre un territorio abocado a numerosos cambios y una sociedad que será la encargada de mantener las líneas básicas de sostenibilidad, progreso y afianzamiento de los rasgos de identidad local.

Es importante el objetivo de contribuir al rescate y revalorización de modos tradicionales de intervención utilizados en épocas no muy lejanas pero en rápida desaparición, que mantenían un sano equilibrio entre el ser humano y el medio físico y que pueden servir para contrarrestar la imposición de un sistema socioeconómico y cultural que fomenta como “valores” el consumismo, hábitos egoístas en la vida social o la infravaloración del medio natural.

Dada la similitud entre las características de toda la sociedad sureña hasta hace varias décadas, en las “asomadas” se tiene en cuenta la opinión de personas cuya experiencia y conocimiento hayan sido adquiridos en diversos municipios, pero que precisamente por haber sufrido rápidos y bruscos cambios en su entorno más cercano, bien podrían ofrecer su experiencia para también aprender de errores y acciones desarrolladas en esos diversos lugares de la isla.

A los debates pueden asistir personas interesadas, pero como observadoras de las reflexiones y el diálogo entre los contertulios, para dar coherencia a la filosofía de las “Asomadas al Ere” en tanto que encuentro de expertos con carácter consultivo.

El trabajo de cada mesa es grabado con medios audiovisuales para su posterior divulgación y garantizar con ello la transmisión de conocimientos, especialmente dando valor a la “transmisión oral” como recurso para el aprovechamiento de la experiencia y el saber popular para la gestión del territorio, ayudando consiguientemente en el progreso y bienestar de la sociedad. La percepción de esta experiencia por parte de los participantes y asistentes ha sido muy buena, demostrada en la expectación que las mesas han creado entre los distintos públicos presentes, al ser una práctica que, aún siendo ancestral y procedente de las usuales conversaciones entre familiares de distintas generaciones, o los típicos “mentideros” (encuentros no programados de personas en la calle para hablar), actualmente está cada vez más en desuso.

Estos talleres revalorizan formas de encuentro familiar y social en general, para transmitir usos y costumbres que, en definitiva, son las señas de identidad que definen y conforman a los pueblos.


En Arico, 29 de diciembre de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

I Encuentro de Caladoras del Sur de Tenerife (Arico)


Recuerdo de Caladoras

Los últimos rayos de luz se filtraban a través del ventanuco de la cocina como con pena, sintiendo dejarnos, porque seguramente sabrían la falta que nos hacían. De tanto implorarlos, ya eran como compinches. Algunas veces, sobre todo en invierno, nos era difícil ver más allá de media tarde y la impotencia por no poder dar unas puntadas más te dejaba cierta tristeza. Entonces cada una volvía a su casa y lo que podría ser un trabajo pesado, repetitivo, a veces tan fatigado que terminabas por no distinguir los tonos, los colores, las figuras, era también el motivo para estar con las amigas, para reírte, para descubrir los entresijos de los amores que rondaban el pueblo, la costura era el motivo para el rato de encuentro.

Cuando se acercaba la fecha de entregar los trabajos venían los apuros y había que quedar bien, porque aquel montón de trabajo, muchas veces mal pagado, que nos devoraba la vista y la paciencia, era una ayudita para la familia y sabíamos que aquel hombrecillo refunfullón y pícaro que conversaba con su mula como si estuvieran confabulados para darle siempre la razón, traía las perritas desde el norte como una bendición, aunque fuesen pocas, porque significaban el traje para la fiesta, o aquel capricho inalcanzable que teníamos desde que estábamos en la escuela.

A veces, el dinerito de la costura significaba el poco pan que podías poner en la mesa, o la penicilina que aquel año nos prolongó el placer inmenso de tener un abuelo.

No se por qué me empeño en acordarme de lo triste, porque la costura también me trae otros recuerdos bien diferentes, cuando cada hebra, cada figura, cada roseta, era un trocito de alegría para mi corazón. Era otra cosa cuando terminabas el trabajo de la casa y sólo pensabas en ir a casa de Doña Pura para meterte en tu paño. Cada gesto de mis manos era un paso más para llegar a junio y entonces sería bien diferente; en tanto, cada mantel, cada pañuelo significaba un recibo de la loza o un trocito de la máquina Singer con la que soñaba coser blusas, calzoncillos, delantales, las cortinas de mi casa, el hogar de mis hijos. Qué diferente se me hacía todo aquel mundo de hilos, bastidores, retales, cuando el trabajo era para ir haciendo mi dote. Ya no importaba la tacañería del señor que nos traía los trabajos, porque tenía fuerza de sobra; parecía que los hilos volaban entre mis dedos, porque ya mi corazón latía mas deprisa, y los cuadros y tapices que componía con tonos rojos, violetas, azules, marrones, …tenían el brillo de la ilusión.

Cuántos recuerdos. Cuántas tardes de costura. Creo que entre tantos me quedo con los de las tarde de invierno, cuando el sol nos regalaba sus últimos rayos y el ventanuco de la cocina se quería hacer grande, grande, como regalándonos un ratito más de compañía.
Arico, mayo de 2007
Juan Antonio Jorge Peraza

IV Edición de la Ruta de la Miel, Arico (El Bueno)


La Ruta de la Miel discurre por los altos de Arico y nos muestra el paisaje y las labores que hacen de este producto una joya de la naturaleza, reconocida desde los inicios de la Humanidad.
Esta IV edición, organizada por la Agencia de Empleo y Desarrollo Local del Ayuntamiento junto con la Asociación de Apicultores "Cumbres del Sur" de Arico, tuvo lugar el domingo, 10 de mayo de 2009. Partiendo del barrio Luis Delgado, se pasó por la Fuente Bermejo, hasta llegar a San Pancracio, en cuya plaza -construida por los vecinos de El Bueno- se llevaría a cabo la muestra de miel por parte del apicultor Manuel Rodríguez González. La Ruta culminó con un acto de homenaje a Pablo García Marrero, apicultor de Fasnia recientemente fallecido.

Abuelo Pablo

Abuelo, usted me dijo que en primavera podemos devolver a la vida una parte de lo que ella nos ha dado, que podremos sentirnos orgullosos de ayudar a algunas diosas de la naturaleza a que hagan su función, que es la más importante de la vida, por eso yo creo que nunca nos sentiríamos más cerca de la naturaleza misma que cuando en primavera nos toca ir a "sentar los corchos".

Nunca olvidaré cuando usted decía que el amanecer ya los cogía en Cazadores, Los Charcos del Obispo o La Sorpresa. Yo noto que las abejas están raras, yo creo que están tristes. Ellas saben algo y no sé si las convenceremos como a nosotros Mamá cuando nos dijo que desde el cielo nos estará cuidando. Yo no sé si será lo mismo.

Usted me describía los vuelos de las abejas como si fuesen los de un cuento de hadas: de un escobón a otro, rozando una jara, libando las cerrajas como si les diesen besos pequeñitos. Eran sólo abejas pero eran mágicas. Ahora ya la primavera está llena de flores; los olores se mezclan, nos emborrachan en un sitio y sin darnos cuenta ya estamos disfrutando de otro; el aire huele a monte, un monte con tantas fragancias como colores, los prados son tanto de pinocha como de hierba y hasta los pinos, que siempre parecen estar iguales, están más vivos. Yo lo siento. Bueno, usted me dijo que podía sentirlos si me quedaba quieto,o moviéndome con la misma brisa que ellos, meciéndome en el mismo silencio que ellos. Todo eso lo he sentido cuando íbamos a "sentar los corchos" y ahora que solo voy con mi padre también lo siento, pero es diferente. Yo creo que usted ya era como un árbol más. Yo creo que de tanto mirarlos, usted ya era un color más en el paisaje. Quiero pensar que también está ayudándonos a fabricar los panales que nos darán salud con su miel, libre en el aire, visitando todas las cuevas que nos describió, recorriendo todos los caminos que le llevaban a sus viejos, viviendo en los pasos y las casas viejas, en los eres y en los lomos.

Abuelo Pablo, la gente del pueblo me mira de una forma rara, con pena, porque sabe que usted ya no está con nosotros, que está cuidándonos desde el cielo, y porque quieren reconocer en mí algo de usted. Es como si los hubiese dejado solos. Yo pienso que no hace falta que me miren raro, sólo tienen que mirar al mar, inmenso y profundo; al monte, misterioso y cercano, a las flores, porque usted está en ellas, haciéndonos valorar lo más simple de la vida. La vida que usted nos hizo hermosa y de la que no se ha ido, como no se ha ido el sol, ni la escarcha ni los pájaros.

Abuelo Pablo, qué suerte que nos hayas enseñado a devolverle a la vida una mínima parte de lo que ella nos regala. Seguro que cada primavera, cuando vayamos a colocar los corchos de las abejas, estaremos encontrándonos contigo. Te encontraremos cada primavera y en cada paso y cada giro de la vida porque, posiblemente, hayas sido la mayor suerte que nos haya tocado a los que te disfrutamos.

(En memoria de Pablo García Marrero, apicultor de los altos del Sureste de Tenerife)
El Bueno, 10 de mayo de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

III Ruta de la Miel (El Bueno, Arico)

Mes de abejas y mieles en Arico

El mes de mayo ha sido el elegido por el Ayuntamiento de Villa de Arico y La Asociación de Apicultores Cumbres del Sur para realizar la tercera edición de la Ruta de la Miel. No es casualidad el haber elegido esta fecha porque es el mes de las flores. Es el momento de máximo esplendor del mundo vegetal, cuando cada planta, cada flor, tiene entidad propia; es cuando se muestra con mas brillantez el momento culminante de la floración.

El mundo de la miel y el de las abejas, con sus particularidades gastronómicas, terapéuticas o su vinculación a las labores agrícolas, se está viendo reflejado en el programa de actos que, en colaboración con el Cabildo de Tenerife, a través de su Área de Agricultura y Desarrollo Rural y de Casa de la Miel, estas entidades ariqueras, están llevando a cabo en el Municipio de Villa de Arico para el mes de mayo.

Después de dos ediciones de notable aceptación entre los participantes, este año la Ruta de la Miel se complementa con una charla impartida por el reconocido experto apicultor Don Francisco González Ortega, un palmero que ha hecho del mundo de la miel una forma de vida. Esta actitud de entrega al sector apícola parece reverenciarse directamente en la armonía que las abejas se encargan de establecer dentro del mundo vegetal. De una manera callada, perseverante, tenaz, la función que realizan las abejas es la esencia del ciclo vegetativo de las plantas, una función que además tiene una expresión agradable y nutritiva como es la que representa la dulzura y diversidad organoléptica de la miel.

El entorno natural del Municipio de Villa de Arico, desde la costa hasta la zona de cumbres, conserva un espacio de plantas de gran diversidad y cantidad, por lo que ha sido elegido históricamente por muchos apicultores de la Isla de Tenerife para el asiento de sus colmenas.

De manera anecdótica, pero haciendo homenaje a esta realidad, la colmena figura en el escudo heráldico del Municipio como un bastión. Detrás de ese símbolo existe una realidad amplia, bien definida y sobre todo limpia, conservándose numerosas zonas no alteradas por la actividad humana. Esto ha propiciado el que a los pinares se unan extensas manifestaciones de malpicas, escobones, barrilla, tabaiba, cerraja, flores de múltiples colores y aromas. Esta es la base del mundo de la miel en Arico, la amplitud y la diversidad, connotaciones difíciles de encontrar en la limitada territorialidad de las islas.

El lugar elegido, como en anteriores ocasiones ha sido La Sorpresa, un lugar idílico al que se llega después de dos horas de caminata a partir del punto de inicio, la plaza de San Pancracio, en el núcleo de El Bueno. El paso por la Finca del Helecho, una infraestructura del Cabildo Insular perfectamente adaptada a la singularidad de la zona, destinada a actividades de educación ambiental y de mantenimiento de determinadas razas animales autóctonas, lleva a disfrutar de rincones entrañables como la Fuente del Helecho, que abasteció de agua a los pobladores de la zona o transeúntes en tiempos de constante trabajo y comunicación entre las personas y el entorno forestal.

Otro hito reseñable en el itinerario realizado es La Morra Ramos, un enclave agrícola rodeado de pinar donde una afloración de pumita llevó porosidad y frescura al suelo de la zona, propiciando por ello el desarrollo agrícola que ayudó a la población local en tiempos de austeridad y carencias. Este dato está en la mente de los habitantes de El Bueno, que hacen referencia a La Morra Ramos como un vergel para la supervivencia humana. Este tipo de afloramientos pumíticos en zonas de suelos no tan fértiles han creado toda una mitología existencial para los canarios y así, sólo en el sur de la Isla, encontramos lugares como Las Fuentes en Guía de Isora, el Cedro en Adeje o la misma Morra Ramos, lugares que han dejado un recuerdo fraternal en nuestros convecinos.

La llegada a La Sorpresa hace honor al topónimo que define a un lugar mágico, un barranco de gran profusión vegetal y es, tras sortear varias curva en el camino, cuando los antiguos “corchos”, en otros tiempos a cientos, adornan el entorno de una manera enigmática y sugerente. Aparentan ser testigos silenciosos de un mundo de trasiegos a la cumbre, de ilusión por las carencias que en otro tiempo ayudaron a colmar, de ajetreo por el bullicio de las reinas, de los zánganos, de las laboriosas hacedoras de la miel.

La cata y una demostración de las labores tradicionales apícolas son el colofón de una jornada siempre memorable para quienes la realizan y la muestra del orgullo y satisfacción de un sector de “colmeneros” que lucen con humilde elegancia sus buenos “haceres”, manejos que tienen que ver con abuelos, con su traslado de colmenas, con camellos, con la única golosina que en los entornos rurales acompañaran a la infancia de muchos canarios.

También se incluye en este mes de miel y abejas en Arico el acercamiento a la modernización, a la adaptación de usos ancestrales a nuevos métodos, buscando la optimización y la rentabilidad en el trabajo. Así, los días 2,3 y 4 de mayo, el Servicio de Agricultura y Desarrollo Rural del Cabildo de Tenerife, realizará un curso sobre polinización de colmenas para uso hortícola, unas técnicas que pudieran parecer ser nuevo y que se basan en la simple y necesaria relación entre las abejas y el mundo vegetal.

Este tipo de actividades vinculadas ineludiblemente al mundo rural, sirven para mostrar la riqueza de una tierra, la constancia en el trabajo de un pueblo por el mantenimiento de sus tradiciones y la oportunidad de acercar a la población de otras zonas a lugares donde todavía brilla la armonía entre las personas y la naturaleza.
En Arico, 11 de Mayo de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

III Ruta de la Piedra (Arico)



El domingo día 8 de noviembre se celebró en Villa de Arico la tercera edición de la Ruta de la Piedra, organizada por el Ayuntamiento de dicho Municipio con la colaboración de Turismo de Tenerife, la Fundación Tenerife Rural, el CIT del Sur y Aricotur.

La ruta consistió en la visita guiada a las dos canteras de piedra que actualmente están en explotación en el Municipio, Cantos Blancos y Guama Arico, donde se dieron a conocer las técnicas, los distintos procesos de producción, comercialización y otros aspectos que tienen que ver con el tratamiento de la piedra. A continuación se visitó una antigua cantera de piedra, como las que dieron material para la construcción del Malecón de la Habana, en Cuba, y otras muchas instalaciones durante el periodo de influencia española en América. A continuación se visitaron los núcleos de Villa de Arico y Arico Nuevo para ver varias viviendas tradicionales como una buena muestra de arquitectura doméstica basada en el uso de la piedra, así como la Iglesia de la Luz en Arico Nuevo.

En Arico, 8 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Ruta de la piedra (Arico)

El arte de la Piedra

Cuando la mar amanece y el sol de Gran Canaria comienza a teñir de brillos las guirnaldas azules y blancas de las olas, ya los hombres han comenzado su sinfonía de gestos y tañidos secos.

El arte comienza temprano en el alumbramiento de las rectas, los círculos, las gárgolas, los filos, las líneas, los tajos diminutos. Es el germen de la majestuosidad que en el futuro miles de ojos sentirían. La sobriedad de la piedra comienza su modelado con cariño, con el brío inconcebible y magistral de los labrantes.

Se vestirán recoletos patios y fachadas sobrias, dinteles geométricos y ventanas firmes y curiosas… y otro canto que será un poco más de pan sobre la mesa, un canto más aunque mis dedos se rebelen y las muñecas se retuerzan rígidas sobre los cabos pacientemente enarbolados, porque quizá sea la ayuda que me falte para que mis hijos puedan estudiar lejos de la piedra.

Día tras día, la cantera, echándome al camino desde el Lomo; me acuesto molido y me levanto molido; me empuja el viento cuando bajo. Cuando subo, el viento se rompe en mi cara como si me odiase. ¡Pero hay que seguir!. Cuando los hijos nacen viene el compromiso, y todo el trabajo es poco, y te hacen viejo y también llega la mayor alegría de mi alma.

El mar, que hizo la arena, moldeó los callados, desgarró las paredes de tosca y basalto, ese mar incesante, labrante tenaz e incombustible, también será quien se lleve el fruto de mi trabajo, a saber a qué calle, en qué iglesia, a qué hacienda.

El día palidece y el sol ya ha marchado a conquistar las tierras de occidente; se hace el silencio en el aire ariquero y las canteras duermen en el eco de tañidos secos y apagados, a la espera del nuevo sol de Gran Canaria, cuando la piedra comience temprano a hacerse arte en las manos del labrante.
Arico, 2 de Noviembre de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Video: http://www.youtube.com/watch?v=hwlXdMKDeMM

Ruta de la Brea (Arico)


Video (homenaje a Pablo García Marrero):
II Edición de la Ruta de la Brea (2009)

El domingo día 5 de abril, en colaboración con el Grupo de Montañeros Choya, seguimos mostrando las bellezas del Municipio de Arico con una ruta temática que tuvo una gran aceptación. Sirve para mostrar lo que significó el aprovechamiento de la brea para el calafateo de los barcos que se hizo en los montes de Arico, gracias en parte a la existencia de un muelle natural excepcional como es la bahía del Porís de Abona. Contamos con uno de los principales expertos en la materia, Román González, que nos dió una pequeña introducción teórica con proyección audiovisual en las instalaciones del Ayuntamiento antes de irnos al campo en una caminata de unas tres horas, por un paisaje de amplias panorámicas y prados multicolores agraciados por esta radiante primavera que viene con tantas energías después de un invierno pletórico.

Conoce tus rincones

De Arico a Vilaflor

Ruta organizada por la Agencia de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Arico, para dar a conocer el patrimonio cultural, arquitectónico y paisajístico entre este municipio del sur de Tenerife y Vilaflor.

Muestra de Panes del Mundo (Arico Nuevo)

Panes del Mundo

Actividad que se desarrolla cada año en la plaza de Arico Nuevo, organizada por las Agencias de Desarrollo Local y Agrario del Ayuntamiento de Arico, con el ánimo de dar a conocer los productos de la "despensa de Arico" (quesos, miel, vino, panes...). La Despensa de Arico muestra algunas de sus principales exquisiteces, como son la miel, el tomate, el queso y el vino, unos productos del campo ariquero de reconocido prestigio que acompañan a un pan que a lo largo de muchos años ha demostrado tener una calidad excepcional. Se une a esta Muestra una gran variedad de panes de distintas partes del mundo, como exponente del carácter abierto y cultural del Municipio.
Arico Nuevo, 8 de febrero de 2009

Panes del mundo, Arico (2009)

Viviendo Arico

Salto del Pastor, cuentacuentos y estrellas en la Punta de Abona

PARTICIPACIONES

Aportaciones en actividades organizadas por diversos colectivos en las que he tenido el gusto de participar.

Jornadas Etnográficas "Pablo García Marrero". La Zarza


El sábado 28 de Noviembre de 2009, se desarrollaron en la ludoteca municipal de La Zarza (Fasnia) las I Jornadas Etnográficas "Pablo García Marrero", con las que se quiere contribuir a mantener vivo el recuerdo de su importante labor en su entorno.

En las Jornadas participaron como ponentes Paco Xunta Peraza, Juan Antonio Jorge Peraza, Carlos Gustavo Díaz y Román González. Han sido organizadas por un grupo de vecinos de la Zarza y amigos y familiares de Pablo, contando con la colaboración del Ilustre Ayuntamiento de Fasnia.


¡Gracias, Maestro!

Pablo era la certeza de que no se puede afrontar el futuro perdiendo de vista de dónde venimos. Sin aferrarnos a la dureza de una forma de vida marcada por la lucha sobre un terruño seco y agreste, el ser humano inventa recursos donde no los hay.

Pablo redescubrió las señas de nuestros antepasados para demostrarnos que el mejor recurso es la persona en sí misma. La constancia, la humildad, la paciencia, la generosidad, la imaginación...esos son algunos de los atributos que necesita el ser humano para buscar la armonía con el entorno.

Él llevó esta enseñanza a todos los que tuvieron la suerte de cruzarse en su vida porque nadie mejor que Pablo vistió esos atributos para brindarlos con holgura, con coherencia y compromiso.

En Fasnia, 25 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

La trilla de El Bueno, Arico (2009)

Rafael me aclaró a mí, “un estudiado” de La Laguna, por qué es necesario mantener las tradiciones cuando me dijo que él plantaba trigo para que sus hijos supieran de dónde venían. Qué expresión más impresionante. Una persona con muy pocos estudios y que te dé la explicación de una labor tradicional que significa paisaje, cultura, identidad, ecología, amistad, gastronomía, familia.

Yo pienso que puedo tener cansados a mis amigos con invitaciones a trillas, siegas y múltiples formas de encuentros con la tierra y puede parecer que estamos atiborrados de esas actividades. Realmente son pocos, para lo que fue en el pasado, muy pocos los encuentros con la cultura del cereal en esta isla, y parece que estuviesen ahí de toda la vida cuando realmente hace quince o veinte años se estaban extinguiendo. El proceso natural de las labores agrícolas dedicadas al cereal ha ido decayendo en Tenerife a una velocidad atroz, y desde hace una quincena de años ha rejuvenecido gracias en buena parte al rescate etnográfico.

Rafael no trilla para que lo vea nadie, en su trilla no va nadie a sacarse fotos; cuando él planta sabe que nadie va a ir hasta “los terrenos” a ayudarle salvo sus amigos o la familia, pero él lo tiene claro. Quiere que sus hijos crezcan con la modernidad que le corresponde a su tiempo y quiere que no pierdan de vista la forma de vivir que definió a su familia, algo así como una decena de hermanos en plenos altos de Arico. Allí sí eran benditos el trigo o las papas.

Tuvo la suerte de elegir una compañera de viaje que le permite a Rafael dar cabida a su idealismo. Tanto mérito tienen Rafael, Carmelo y Fermín, los tres jóvenes que aún siembran y trillan cereal en la banda sur de Tenerife, como las madres de sus hijos. Curiosamente ninguno vive de esta actividad, pero les ocupa buena parte de su tiempo libre, porque no es sólo sembrar, segar, acercar la parva a la era, trillar o aventar, también es el cuidado de los animales (según ellos, “los bichos comen todos los días”), es el estiércol en volandas para alimentar la tierra…

No sé hasta cuándo aguantarán, no sé si será más fuerte el empuje de la globalización sobre los niños, o la ilusión de tener unas vacaciones como las de de otros compañeros de estudios, todo el verano en la playa o pegados a “la pley”. No sé cuándo se cansarán sus parejas de escuchar al regreso del trabajo: “me voy a dar vuelta al ganado” o a buscar un apero que se rompió el año pasado y que tiene que estar listo para la trilla. No sé qué pasará cuando los muchachos ya estén “en edad de merecer”, si sus parejas asumirán el idealismo de Rafael.

Todo esto que pasa por mi magín cuando estos “ilusos” y extraordinarios amantes de la tierra me avisan para que les acompañe a “sus trillas”, es por lo que no dejo de ir como sea, ellos saben que los "estudiados" de la capital no vamos a ayudar, sólo quieren que vayas, que les acompañes un rato, invitarte a un vaso de vino, que les veas volar sobre el trillo de las bestias en un viaje que se hace inmenso en su mundo. Es el viaje que emprendieron hace muchos años, desde que nacieron y en el que viajan día tras día por la ilusión de que sus hijos vean de dónde vienen y para que dibujen su futuro con la armonía y coherencia que sólo da el apego a la naturaleza.


en El Bueno, 1 de agosto de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

XIV Ruta de Santiago

Los caminos de Santiago

Cuando alguien me dijo que hablara sobre el Camino de Santiago algo me decía que habían muchos caminos, y no sólo porque a lo largo de la Península Ibérica y de buena parte de Europa ya se despliegan numerosas vías y caminos que llevan a Compostela, donde el Apóstol Santiago dejó para siempre la capital de su apostolado. Quizá sea una de las premisas que marcan la peregrinación a Santiago, como la de que “Todo el mundo debe recibir con caridad y respeto a los peregrinos, ricos o pobres, pobres o ricos tienen derecho a la hospitalidad y a una acogida respetuosa”, la que me indicó que el Camino no es sólo un espacio donde ejercitarse, donde moler los músculos durante muchas horas, donde abstraerse en el tiempo para volar hasta las sombras de la Edad Media.

No es sólo un camino para sentirse parte del paisaje. Los innumerables pasajes del Camino de Santiago no son sólo las Landas bordelesas, las tierras de Gascuña o los paradisíacos rincones de Roncesvalles, son los numerosos ríos y barrancos que se cruzan como si cambiásemos de dimensión, los cauces angostos o suaves, de granito o de basalto, y se mezclan Pisuerga y Tágara, Ortiz y Carrión, Turbia; al final es la misma agua que modela la sed, los campos, los montes, los estuarios…

Con la conciencia clara de que éste no era el único camino, me alegró saber que discurría desde Los Realejos por el mayor espacio protegido de Canarias, y que en él podría encontrar los bosques de pinos mejor conservados de Tenerife, además de buenas muestras de fayal-brezal, laurisilva y de comunidades colonizadoras de coladas y cráteres volcánicos recientes. Me resulta mágico saber que bajo mis pies se cruzan tubos volcánicos que llegan hasta el mar, como serpientes oscuras que zigzaguean bajo la tierra, que afloran por jameos y acantilados para dejar entrever las entrañas del volcán. En ellos viven, como abades de monasterios acicalados de azufre, adornados de estalactitas cual oníricas ménsulas, los murciélagos orejudos, a cuyas órdenes millones de minúsculos invertebrados oradan los lechos vacíos de estos ríos de oscuridad.

De este otro camino de Santiago me llevo el vuelo ágil y los colores del Pinzón Azul, el martilleo familiar del Picapinos. Qué recuerdos de infancia los domingos de gira al monte, cuando nos sacaban del barrio para perseguir aquel sonido que se perdía entre los pinos, volando sobre la pinocha, mientras hacíamos ancestral el olor a monte, a tierra seca, ¡a tortilla española!

Qué pena que no lo haga más a menudo y sólo cuando te paras ante un encuentro como éste me doy cuenta del hermoso país en el que he vivido, un paraíso insular diverso y espléndido, donde las puestas de sol siempre son diferentes y en la soledad del camino y la luz amarilla de la tarde es un lujo ver la huida de palomas que sólo viven aquí, como tantos endemismos que nos hacen diferentes. Encontrarlos es como vivir en una continua aventura.

Este camino es tan singular como los otros porque deja ver la fe, el amor, la constancia; siento los cabuqueros luchando por hacer brotar el agua en las muchas galerías que acompañan al camino; veo la mansedumbre de nuestro tesoro más valorado discurriendo lentamente en canales llanos, pacientes observadores del paisaje, refugio para la sed de conejos, cernícalos, reyezuelos…

Es tan singular este camino porque por en él han sido peregrinos los pinocheros, los recolectores de brea, los marchantes de ganado. También ellos son parte de este camino, ellos y un carácter perseverante, respetuoso con la naturaleza que les ha acogido a lo largo de los siglos, que les ha dado cobijo y sustento, paz y energía para modelar sus vidas.

Ya sabía yo que habían más caminos de Santiago; la fe de quienes los recorrieron lo hacen evidente. Es un camino que no tiene adornos, ni flora ni formas, ni origen ni distancia. No se une en la Puerta de Reina a los que llegan a Compostela desde los confines del Medioevo.

Es el que recorro cada día en el quehacer cotidiano, el que me acerca o aleja de la coherencia y me hace grande o pequeño según asuma o no la soberbia.

Los motivos para hacer mi propio Camino de Santiago pueden ser la fe, la necesidad, el amor a la tierra, el encuentro con otros seres en un itinerario maravilloso, o puede ser simplemente el sentirme vivo, privilegiado con la suerte de existir, la construcción de un día a día en armonía con lo que me rodea.

Como colofón a esta reflexión que me evoca el Camino de Santiago, me quedaré con la definición que hiciera con acierto la Asociación de Amigos de Santiago de Madrid sobre lo que significa Hacer el Camino:

“Si hay algo cierto en esto, es que Lugareños y Peregrinos tenemos la fortuna de poder modelar algo que no está en los libros, pero acaso sí en nuestro destino.”

Santiago del Teide, 19 de julio de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Mercadillo de Vilaflor

Inauguración del Mercadillo de Vilaflor

Taller de rescate etnográfico (Santa Úrsula)

Camino de la Mar

De mañana, todavía el sol medio atolondrado entre las cumbres de Anaga, ya estábamos cansadas de esperar a que Padre levantarse; no sabía en su sigilo que ya llevábamos horas despiertas, contando los minutos que nos acercasen a ese momento. Ese momento en el que Padre abría la puerta despacio, procurando hacer todo el silencio posible para no despertarnos. Luego buscaba los tazones, inmensas cazoletas lateadas y salía a la cuadra. Sabíamos que iba en busca del mejor manjar que podía ofrecernos, un tesoro blanco y espumoso que traía consigo el olor de las flores, el olor a leche y a infancia que nunca nos abandonó después. Después, un gofio tibio nos terminaba de colmar un hambre solapada por la ansiedad.

Cuando Padre cumplía con sus obligaciones con el ganado y la puerta quedaba cerrada al viento, porque en aquellos tiempos se respetaba lo ajeno aunque estuviese abierto, salíamos por la Vereda del Alto, camino del pueblo. Nunca se nos había hecho tan corto el camino, qué contraste, como cuando íbamos a la escuela con los ojos todavía vestidos de sueño.

Por fin, ya estábamos todos juntos: los primos, los amigos de Padre, el cura, Dora la de Seña Carmina, ¡qué ilusión!

Los muchachotes se iban cargando los matules mas grandes, incluso Panchito se ofreció a Padre porque como no teníamos hermanos mayores para cargar, era una oportunidad para lucirse como gallotito, o quizá para que Dorita se fijase en él. Pero Padre todavía era como un héroe fuerte y elegante para nosotras. Él llevaba nuestros enseres.

En pocos minutos, cuando se pasaba lista sin reparar mucho, pero con todo el equipo controlado y la bendición de San Pedro, partíamos a Santana por el Camino de la Mar. El horizonte del Lomo Román parecía que no tenía fin, la mar al fondo con sus destellos azules y blancos anunciándonos el maravilloso día de fiesta que teníamos por delante.

El misterio se nos aparecía por las curvas del acantilado, cuando llegábamos a una cuevita pequeña y poco a poco, como si de una ofrenda se tratase, depositábamos dos palitos pequeños que formaban la cruz que nos iba a acompañar durante ese maravilloso día. Era como una garantía de que no nos íbamos a ahogar, o de que aunque nos escapásemos unos minutos antes de la hora después de comer, tiempo de hacer la digestión, no se nos iba a cortar por mojarnos las canillas.

Qué recuerdos, las coplas y el sonido de los timples confundidos con el ruido del agua; las olas eran el acompañamiento perfecto para la parranda. Algunas veces Padre cantaba folías, eran su música preferida, siempre hablaban de Madre, por eso las cantaba triste, incluso le salía alguna lagrimilla. Eran las únicas veces en las que el endurecido corazón de Padre se abría al viento en forma de cantares. Volaban mecidos en la brisa, quizá para acercarse a Madre.


En Santa Úrsula, Junio de 2008

Juan Antonio Jorge Peraza

Homenaje a los Venteros de Teno Alto. Jornadas del Colectivo "El Cardón" (Albergue de Bolico)

Los Venteros de Teno Alto




La Palma era un camello que iba siempre a gatas, medio escondido en el mar. Era el último en saludar a los que se nos fueron a Caracas, antes a Cuba. Antes, …a saber si ya estaba. Por allí, al final de Taburco, era el último mirador para acercarnos a saludar a los que emigraron, para llorar su partida, para soñar con su regreso. Yo recuerdo a los indianos que venían de allá, siempre muy guapos, vestidos como caballeros.

Teno era el último sitio para estar más cerca; en los acantilados ya era cuestión de volar, asirse de una gaviota, dejar al magín que enloqueciera, y pensar que volando llegaríamos a América.

Si recuerdo lo que viví de pequeña, sin quererlo no puedo dejar de llorar. No por tristeza, ¡no!, porque yo fui feliz, egoístamente feliz, pues sobraban en mi hogar el cariño, y en mi pueblo la vecindad. De mi infancia puedo decir que tuve un castillo, mágico y verde, me parecía inmenso, no tenía límites, con sus murallas de piedra y brezo, inexpugnable torre en la que, algún día, un valeroso príncipe me habría de encontrar.

Así eran los sueños que compartía con la bruma, al lado del fogal o cuando hablaba con el mar, ese cómplice fiel y cercano al que las muchachas de Teno confiamos nuestra soledad.

Los chiquillos corríamos al Alto El Risco cuando alguno decía “¡Ya viene Joseíto!”. Y el corazón quería salirse, a ellos porque sabían que ese correo real era para nosotros; para mí, porque además ese correo era mi padre: siempre recuerdo que su llegada era como besar la gloria. Era un héroe para mi sola, cargado de cajas, cestos, sacos. Yo creo que la ilusión de ver lo que escondía cada paquete era como un eterno día de Reyes, aunque al final el género fuera para venderlo en la venta, pero la inquietud por ver qué escondía cada saco, cada carta, era un anhelo que sólo a mis hermanos y a mí la suerte nos brindaba.

Perdida irremediablemente la infancia, ese tiempo que la humanidad te roba con desgarro, se hacían más cotidianos los viajes a la antes lejana Buenavista, y no digo nada de Icod; ya eso era para personas mayores como yo, con tantas tiendas, y la gente paseando por la calle. Ya podía comparar lo de fuera con lo que había en mi pueblo, lo que había buscado siempre: la luz a todo tiempo, el no tener que ir a todos sitios caminando, no tener que esperar a que Padre nos trajese a lomos del burro la ropa de la fiesta o los libros con dibujos, aquellos zapatos de charol que tanto lucieron un año en la plaza, ¡qué tristeza cuando los dedos crecieron y mis pies dejaron de lucirse con tan lujosa indumentaria!

Y con la comodidad, ya el tiempo se aceleró, y vinieron avatares, idas y vueltas, alegrías y muchas cosas más. Ya Teno habría quedado como en la nube que siempre parecía residir en él, las tardes largas y frías, viendo caer la lluvia, viendo los ríos de agua junto a la ventana del salón donde mis padres organizaban los bailes. La alegría de aquel tiempo parece que todavía retumba en las paredes de ese cuartito ahora pequeño pero inmenso entonces, una sala donde miles, infinitas miradas se buscaron con ilusión, la de bailar y bailar, la de escaparse bailando, enajenándose del lugar al ritmo de las jotas y los pasodobles.

Hoy, que ya los tiempos casi nos dejan atrás porque vuelan muy deprisa, cuando ya parece que no tenemos necesidad de refugiarnos en las cuevas de la Atalaya para saborear el olor a tierra mojada mientras escampa la lluvia; cuando no es costumbre encontrarse con otras personas en las tardes frías para escuchar a los abuelos; cuando poco miramos al horizonte del mar y La Palma tiene precio y unas vacaciones que siempre nos saben a poco para acercarnos a verla, y ya no nos parece ese camello parsimonioso que siempre saludaba a nuestros paisanos cuando se iban a Caracas, ya nada es real. Lo cotidiano es lo que me toca, lo que me importa, porque tiene fecha y hora, tiene motivos y además es imposible dejarlo a un lado, pero quizá lo verdadero sea otra cosa. Lo verdadero era la solidaridad de un pueblo hecho al trabajo, aquello de lo que me hablaba mi padre de cuando una vez su padre se enfermo y los vecinos se juntaron para recoger su cosecha; nunca se había visto tanta gente en una trilla, gente del Palmar, de Las Portelas, hubo que ir a buscar mas vino, a la cabeza, desde el Valle Santiago, porque aquello era gente, eran personas de verdad.

Haber vivido en ese entorno es de lo más grande que me ha podido pasar, haber visto la función tan especial que mi familia tuvo en el lugar, acarretillando queso, medicinas, ilusión, cartas, siendo miles de veces el poco agasajo que pueden brindar al visitante los días de frío, cuando las puertas se cierran para que la lumbre inunde la casa. Siempre había una puerta abierta a todo el mundo, la de la venta, y al final esa actitud es lo que me llevo de Teno, la que me enseñaron Joseíto y Efidencia, mis padres, Cipriana, Mª Rosa y Diego, mis hermanos, es tan real como mi corazón y esa forma de ser que, después de muchas vueltas, te das cuenta de que quizá sea lo único verdadero.

En Bolico, Verano de 2008

Juan Antonio Jorge Peraza

Venteros de Teno Alto (Bolico)

Excursión escolar Ruta del Almendro (Santiago del Teide)

Excursión con el colegio público "La Era", de Guía de Isora

Homenaje a la familia de ovejeros de Casa Fuerte (Adeje)

Los Ovejeros de Casa Fuerte

Teresme era otro mundo. Era como si fuese otro pueblo, tan alegre. Las tardes de Teresme son como un eco que se quedó a vivir en mi cabeza. Es un recuerdo que me emociona y trae las voces de la Familia León, toda esa chiquillería brincando sobre los morros, trepando a los árboles. Qué grande parecían las eras cuando dábamos vueltas y vueltas, como lo hacían las mulas en verano.

Ir a Teresme era la salvación. Allí no madrugabas para virar el ganado, porque siempre había alguien mayor, como Francisco o como Padre, que se levantaba temprano y te hacía el trabajo. Era como una familia grande y a los niños todavía se nos dejaba jugar, jugar y sobre todo dormir. Por lo menos hasta las ocho ¡qué gozada!

Por la Boca el Paso ya no se podía correr, a veces jadeabas tanto que tenías que pararte y dejar que el ganado te pasara delante, porque la cuesta se hacía interminable. Valió la pena. Desde lo alto, y al final de la isla, se ve otra, se ven dos, a veces tres. Incluso, dice Andrea que por allí hay otra, San Borondón. Ella jura y perjura que la ha visto, pero yo no. Los jóvenes, y Fino y Manuel dicen que tampoco. Dicen que eso son cuentos. La inventaron los cabreros de Aponte cuando se echaban a la cumbre durante semanas. La soledad agudiza la imaginación.

Desde la Boca el Paso sí me siento libre. El Barranco del Infierno parece más hondo, más misterioso y El Pinque casi ni se ve. Yo prefiero la cumbre, aunque durmieses sobre la laja, como decía Gregorio, porque tu oreja, cuando se acostumbra al frío de la pinocha, te trae el sonido del corazón de la tierra. Cuando estalló el volcán en Los Baldíos del Valle, su respiro sonaba en El Bucio, decía Miguel.

Pero lo que más me vuelve al magín es mi octavo cumpleaños, dos inviernos atrás. La cara de Madre tenía una mezcla rara, de alegría y tristeza, creo que sé por qué, pero para mí el fisquito de requesón que me tocó me pareció el más maravilloso manjar. Todavía guardo las ocho gamonas secas que Juliana colocó sobre el tarro grande de requesón con el que celebramos tan gran acontecimiento. Fue el primero y el único que me celebraron. Por eso ya no quiero cumplir más.

Apenas recuerdo mi infancia con las ovejas se me abre la llaga. Cómo se me iban los ojos al quesito tierno con trocitos de joyas del mar por los dos lados, como decía Carmen. Todos los días Antonio y Pedro cargaban los quesos en la mula para llevárselos al amo. Yo me imaginaba a los niños de la casa del amo comiéndose aquellas lonchas más anchas que un dedo. Seguramente lo mezclaban con miel. Qué ingrato me parecía estar todo el día cuidando el ganado para luego no poder probarlo.

¡Ya no lloro más! Casi se me secaron los ojos con tanto desconsuelo, descalzo por esos andenes siguiendo a las ovejas.

Mejor me voy con mi magín hasta Teresme a jugar con los chicos en la era o a “voltiar” volando entre las camas de pinillo.

En Adeje, Junio de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Hermanamiento Taucho-Tijoco

Espacios y momentos como éste son los que hacen de la vecindad una relación familiar. A veces sólo falta un motivo para reafirmarse en algo que está latente y que parece que no se nota, pero que existe. Existe la pertenencia, más allá del parentesco, o de la amistad, a una familia casi invisible, porque no plantea obligaciones, porque no está condicionada por la costumbre. Es la pertenencia al entorno, y lo que nos rodea es tierra, son personas, es aire, es una forma de ser, es un encuentro cotidiano, y el respeto es la mejor definición para justificar su existencia.

Hoy, la Virgen nos ha congregado para darle forma a algo que está ahí, que se siente pero que parece inexplicable. ¿Como se puede querer a quienes nos rodean casi sin tener motivos? Y en cambio nos preocupamos cuando hay cualquier desgracia, cuando sabemos que las cosas no van bien.

El prodigio de la Virgen nos muestra dos imágenes que en realidad son una, tres pueblos que en realidad son uno, como dirían los antiguos, “esto es todo uno” porque los años, las buenas y las malas, la experiencia, nos dicen que es mejor estar unidos ante cualquier giro de la vida.
La Concepción, Tijoco, Vera de Erques, La Quinta, Taucho, muchas gentes de Adeje son hoy lo mismo y disfrutan de ese privilegio que nos ha tocado, el de vivir en un entorno sano, amigable, donde todavía se saluda a los demás aún sin conocerse, porque está vivo el sentimiento de la humanidad, de la vecindad.

Las Vírgenes de La Concepción y de Coromoto son testigos de excepción de esa forma de ser que define a este entorno de los altos de Adeje. Un pueblo hospitalario y generoso que, quizá sin quererlo, haya tomado esos dones de la fe que Nuestra Madre Celestial nos regala.

Este acto, que es una forma de devolver el cariño que nos mostraron los barrios de Tijoco y La Concepción en las pasadas fiestas de Taucho, es algo más que un intercambio de imágenes, es la razón final de lo que nos mueve a vivir el día a día, es el cariño, la tolerancia, el respeto, es el amor que inconscientemente somos capaces de generar hacia el resto de los seres humanos. Siempre se empieza por querer a la gente que tenemos más cerca, y es la familia la primera y gran receptora de nuestras actitudes, y luego el prójimo. Alguien sembró con buena semilla esa enseñanza entre la gente de estos lugares, y son sus imágenes maternales quienes parecen agasajar ese espíritu colectivo.

Con el deseo de que ese carácter encomiable se perpetúe entre nuestros hijos y entre todos los que quedan por llegar a la vida, agradecemos a nuestros vecinos y amigos el cariño que compartimos en todo momento y especialmente en este encuentro simbólico entre personas y pueblos que nunca han dejado de estar unidos.
En Taucho, Verano de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Obituario. Pedro el Cabrero

Pedro El Cabrero


Amigos, les molesto porque no puedo dejar pasar este momento del día sin más, como si fuese un tiempo cualquiera, y es que en estos días se nos ha ido Pedro, un maravilloso cabrero, de los que ya nos van quedando cada vez menos. Uno de esos seres mágicos que nos ha transmitido a algunos privilegiados una forma de ser que seguro ya nuestros descendientes no disfrutarán.

Hace unos trece años, pateando las cumbres de Adeje, en ese misterioso Macizo de Ichasagua, conocí en Benítez a un matrimonio de cabreros que, sin conocerme, tuvieron la delicadeza de guardar, ante mi previsible visita, una cabra sin ordeñar, para que cuando llegase pudiese probar la leche recién ordeñada, como hacen los cabreros viejos, que siempre dejan una cabra sin ordeñar por si llega algún cristiano.

Estos entrañables canarios viven, vivían, al pie de la Pica de Imoque, un roque singular ubicado al norte del Roque del Conde o Ahiyo para los guanches, un lugar especial para dar cobijo a una gente excepcional. Murió Pedro, el cabrero, y siempre le recordaré como una de las personas que me indujo a luchar por nuestras tradiciones y nuestra identidad, una motivación que propició sólo con su forma de ser, ese agasajo que siempre ha acompañado a nuestra gente. Un entierro como el de nuestros ilustres anónimos, sin muchos aspavientos, pero con todo el pueblo "acompañando", como se merecen las personas buenas.

Coincide que después de conocer a Don Pedro inicié un largo periplo por nuestras costumbres, ayudando a mantener labores tradicionales para el disfrute de la gente, con los mismos protagonistas que durante siglos han hecho uso del territorio canario de una forma armoniosa. Así he tenido la suerte de estar presente en trillas, carboneras, siegas, encuentros que no hubiesen sido posibles sin gente de nuestro siglo que han sido fieles al legado que heredaron de sus ancestros, donde la utilidad se une al respeto por el entorno, por el paisaje, que también se ha transformado históricamente, pero con respeto por los cauces de los barrancos, por la tierra fértil para el cultivo, por la distribución vertical de los usos del suelo. Por eso, esta pérdida humana supone la pérdida de un testimonio, de una sabiduría, de una actitud, que resulta fundamental para preservar lo que nos queda de vergel en nuestro tan alterado territorio.

Haber conocido a Pedro, el cabrero ha sido un honor y un compromiso, para los que nos hemos comprometido y para los que no lo han hecho aún, con la transmisión de algo que es de todos y no es de nadie, por lo que hay que ser generoso y transmitirlo: nuestra identidad. Hoy este compromiso está dedicado más que nunca a Pedro y a todos nuestros grandes maestros y maestras de la cultura canaria. Un abrazo a todos.


En Vilaflor, Marzo de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

A Maruca

Alguien me está enseñando la dignidad de vivir. Alguien me está enseñando lo que es de verdad importante mostrándome lo más sencillo. Creía saber lo que significa amar a un pueblo, pero no tenía ni idea. Amar a un pueblo solamente lo saben hacer los espíritus más nobles, y es casi imposible descubrir espíritus nobles. En un pueblo cabe todo: la gente buena y la ruin, la envidiosa y la sencilla. En un pueblo el desamor puede ser lo más terrible porque se confunde con el amor, luego el desencuentro puede fijar los enfrentamientos más crueles. Amar a un pueblo por encima de las simples miserias que a veces marcan el encuentro diario de las personas, es un privilegio de seres de cristal que muy de vez en cuando la humanidad vierte sobre la tierra.

En nuestra cultura canaria siempre existió El Hombre Bueno, el que ponía paz en las desavenencias, el que fijaba las reglas básicas de cualquier guerra. Pero nunca nombramos a La Mujer Buena.

Es un enorme privilegio conocer a una persona de ese talante, compartir un segundo con un ser inexplicable, sentir el cariño de un espíritu tan mágico.

Alguien que me está enseñando la dignidad de vivir, me hace ver que la hermosura hay que buscarla en uno mismo, en la honestidad de saber que haces siempre lo justo aunque no lo parezca; me dice que la hermosura está en la relación que creemos entre nuestro corazón y el resto del mundo.

No seremos más queridos ni más odiados si nos sentimos una parte más del espacio, sólo un callado diminuto en una playa sin fin, sólo un destello de luz sobre el agua de la orilla.

Una forma de ser tan humilde, simple y sublime, tan especial, corresponde a alguien que nunca deja de estar con nosotros, porque desde su pensamiento siempre estuvo allí y así seguirá: volando en la brisa, en la alegría, en la bondad y el gesto inadvertido, en la hondura de la mar que arranca del abismo inescrutable de lo desconocido.

Maruca, que me está enseñando la dignidad de vivir, solo me dejaría decirle un ¡Hasta luego!, si bien, déjame que sea libre como tú para decirte, con la grandeza que tu gesto nos ha enseñado, Maruca te querremos siempre.
Hasta luego.
En El Poris, 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Homenaje a María Lola, de Icod el Alto

Las piedras estaban. Seguramente estaba el camino, porque nunca se sabe quién hizo el camino. Y estaba la costumbre de subir por él, retornar por él, sufrir por él.

Ya amanecía y había infinitas formas de vivir ese momento prodigioso. Uno a la leche, otro a la risa, otro al parto, un amanecer al encuentro, otro al llanto. Pero el amanecer ya estaba.

Las personas pueden cambiar el sitio de las piedras, pueden dar vida o quitarla, sentir cada rincón de la naturaleza de una manera diferente, pero siempre serán sólo testigos, testigos de una historia que se va haciendo con cada gesto, con cada hendidura del alma, las personas transmiten siempre algo heredado, una forma de mirar lo que otros hicieran, un mimo que se haga a quien nadie puso asunto.

Las personas son un trozo más de ese tobogán de sucesos que es la vida.

Pero no todo el mundo pasa igual por ese tiempo; hay seres como burbujas de aire que pasan por el mundo sin romper nada, como besando cada cosa y sin tocarla. Transmiten lo que heredaron con ilusión, porque piensan que son dones preciados, porque en el fondo de cada cosa siempre hay un poco del alma de quien la tocó.

Esa forma de pasar por la vida nos ha facilitado valorar la ternura, la salud, la familia, la paz de los trigales o el arrullo de los pájaros cuando anuncian cada amanecer que la forma de vivirlo depende de cada uno. De ahí la armonía, de ahí el respeto por nuestra dignidad y por la de los otros.

Para un enorme campo de gente que habremos pasado por su lado, haber compartido con María Lola su cariño, su gesto cotidiano, su respeto a lo que vino desde generaciones atrás, la forma de cuidar el campo, a los hijos, a sus hermanas, a los seres que compartieron de cerca su vuelo suave y tranquilo por el tiempo que le tocó vivir, haberla conocido ha sido un privilegio, perderla es un refuerzo para que aprendamos a valorar lo que tenemos antes de perderlo, poder hablar de ella con ese orgullo con el que siempre se habla de las madres canarias, es una alegría que debemos guardar como un tesoro.

Será un placer recordarla con su cesto a la cabeza rememorando el sacrificio de nuestros antepasados. Quedará siempre en nuestros ojos como una amapola más de las que vino de allende a posarse en nuestros trigos, vistiendo el aire con su alegría, cuidando a sus hijos, pasando la cumbre.

Para María Lola… siempre en el recuerdo de su familia del Paso de la Cumbre.

Tenerife, 22 de marzo de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Donita

El encanto de los pueblos nace de su gente. No son sólo sus paisajes, de las flores, de sus mares. Las personas hacen de su mano el encanto o el desamor.

Al final, la vida de los pueblos tiene rostro y nombre, tiene corazón y sentimientos. Y así son más agradables, o más fríos. Algunos pueblos tienen una identidad un poco oscura, difusa, o pueden tener un sabor añejo, porque en él se guardan formas de ser, costumbres, tradiciones, recuerdos.

Arico tiene una gran riqueza natural, cultural, histórica y sobre todo humana. Personas que conservan una forma de ser en armonía con el espacio donde viven, con la vecindad, y eso se nota en el aire, en la relación cotidiana.

Algunas veces la naturaleza humana se comporta de manera equivocada y nos muestra situaciones que nunca entenderemos, como puede ser la de que un ser humano acabe con la vida de otro. Cuando esto ocurre es como si algo no funcionase bien en nuestro entendimiento, pero sobre todo es un duro golpe para nuestros corazones. El nuestro, el de los que vemos la vida como algo sagrado, como un privilegio, como algo simplemente maravilloso. Si además de ser algo atroz nos toca de cerca, puede ser aún más doloroso, pero si además ocurre con un ser sencillo, generoso, una persona en cuyos ojos se lee la bondad, y su cariño se siente sólo con tratarla, es terriblemente más triste.

Hoy queremos recordar a nuestra compañera y amiga Donita para quedarnos con esa última sensación, con un último recuerdo que sea el de su sonrisa, que sea el de la paz que emanaba de su saber estar, tranquilo, armonioso, nos quedaremos con un sentimiento de privilegio, el de haberla conocido, sabiendo que siempre estará en nuestros corazones.

Arico, 12 de diciembre de 2008

Juan Antonio Jorge Peraza