LLovía en Lanzarote

Llovía en Lanzarote. Un maná de gotas suaves, pequeñitas, se deslizaba como una cortina clara sobre el verde de Lanzarote, el verde de las puertas, el verde que falta. Nunca había sentido llover en Lanzarote. Claro, no soy de aquí.

No huele a tierra mojada, el suelo cruje y un olor diferente entre poros de cristal se escurre, hacia las entrañas.

Ya el café está haciendo estragos en mi cabeza, la he liado. Hace cuatro horas amanecía en el sur de Tenerife y ahora estoy dedicándole albricias a Shamir. Shamir trabaja en la Geria, es peón agrícola de la vida. El vino es vida y es la fe roja para muchos. O quizá fuera sangre blanca, o rosada. Al final, sólo era sangre de la que hablábamos Shamir y yo. Él marroquí, yo canario, vecinos de un mismo planeta y de un mismo dorso continental, el del occidente africano, el occidente de las vanguardias. Siempre he pensado que el oeste de los sitios es aventurero porque se apoya en el giro de la tierra para avanzar.

Shamir y yo hablamos en la Geria sobre la buena y mala gente. Llego a pensar que teme la posibilidad de que yo lo ubique entre los dirigentes de su país que están masacrando a los saharauis. Nada más lejos.

Esta magia de las Islas me llevó desde un ágil despertar en Guía de Isora hasta un café de no sé dónde en medio de la Geria. El agasajo de Shamir viene del Continente, desde el hogar donde unos padres heredaron de sus padres el don de la amabilidad.

Bendito crisol la canariedad, bendito encuentro de culturas: el vino, que llegó del norte, la lluvia, fina, delicada, la paz que brinda la hondura oscura, salpicada de blancos: Lanzarote.
En La Geria, el 18 de noviembre de 2010,
Juan Antonio Jorge Peraza

Algo está pasando

Algo está pasando. Algo pasa y tengo la sensación de estar un poco ausente. Discurren muchos pasos alrededor, unos con sigilo y otros con mucho atruendo, y yo ausente. Tengo la sensación de que somos mayoría los ausentes en esta situación. No sé en qué estamos entretenidos. Antes era en el lujo, en la consecución de una ilusión nunca satisfecha, porque todo es poco cuando no se valora. Poco es mucho cuando es imposible tener más. Antes no sabíamos que media humanidad se moría de hambre y ahora recuperamos el instinto de protección que habíamos atrofiado en el despiste de un mundo multicolor, pletórico y opulento. Ahora volvemos de aquella falacia y nos damos cuenta de que faltan tributos para ofrecerles a nuestros hijos e hijas. Pero ahora, cuando ya más de media humanidad sigue muriendo de hambre, creo que algunos nos estamos dando cuenta de lo que se siente, del dolor infinito que produce el desconsuelo de no poder satisfacer a quienes dependen de ti.

Aún así sigo perdido. Sigo viendo una humanidad que gira sin rumbo; llego a dudar sobre lo que debiera ser normal y sobre la realidad de las cosas que pasan. Ya cualquier espacio en el planeta es cerca, de cualquier causa debiéramos ser corresponsables, pero casi siempre están tan lejos como los tres metros que intento inculcar a mis hijos que se deben respetar para ver la televisión. No llega el olor a carne quemada, no llega el aliento de los niños emitiendo llantos lastimeros. Qué fácil me resulta enajenarme.

Yo me pierdo en el día a día, me fajo en mi lucha por el desarrollo de una Isla, porque creo que es un privilegio poder hacerlo y al final sigo viendo cosas que no entiendo, no concibo que sigamos yendo por libre en vez de unirnos, no entiendo la soberbia de muchas personas que creen ser los ombligos y centros neurálgicos del mundo.

¿De qué mundo? Si esto es tan pequeño, si es un fisco, un pizco, una migaja. El mundo grande de verdad continúa en otras orillas, donde viven las personas que se mueren de dolor por no satisfacer las necesidades de verdad importantes de sus hijos, el hambre y la sed, donde hay pueblos que se desangran por buscar su libertad.

Yo no sé si el nuestro sería capaz de hacer eso, nuestro pueblo, el que llamamos Occidente. La vanguardia de la humanidad ¿sería capaz de luchar contra la opulencia sólo con sus principios? No sé si nuestro mundo entiende eso de principios colectivos. Si entendiera eso, porque somos el mundo casi perfecto, el de las democracias y los fondos de ayuda que tapan la vergüenza y mantienen los votos de confianza ¿por qué no ayudamos a otros pueblos que ya están demostrando principios verdaderos?

El principal tesoro de un colectivo puede ser la libertad, y por ella luchan pueblos tan puros y valientes como el saharaui o el palestino, y ahí están, sufriendo un proceso de limpieza étnica limpio, duro, evidente y lejano… qué lujo tener una sala que nos distancie por lo menos tres metros del televisor.

Todo esto está pasando y yo ausente. Pienso que uno más o menos en las manifestaciones de apoyo no es relevante, en ese caso me siento sólo un número, el uno entre cientos no se nota. Sólo se nota cuando “mi” uno, yo mismo, pueda manipular a cuantos tenga alrededor.

Creo que lo que yo hago en el frenético día a día ya es suficiente para justificar mi corresponsabilidad en los asuntos de mis coetáneos habitantes de la Tierra. Como dicen las premisas del desarrollo local, yo pienso en lo global y actúo en lo cercano, lo que no sé es dónde acaba lo cercano, si ya en este globo azul y más ocre que verde todo es cercano.

Algo me dice que entre la gente que tengo más cerca, quienes realmente están siendo coherentes con lo que está pasando son muchos activistas que saben que el uno más uno, y sobre todo la dignidad de la individualidad, ya es multitud. También me demuestran esa coherencia otros seres que viven mucho dolor y luchan por la vida, por lo único esencial, y ahí veo personas grandiosas, gente muy cercana a mí, que se baten con la enfermedad y siguen luchando: Eulalia, con la fuerza de las “madres canarias”, una flor tenera que aún crece con fuerza sobre todo entre lo más doloroso de la enfermedad, la soledad; veo a Mayte, una amazona radiante que cabalga sobre la vida mostrándonos la elegancia de la cordura, la ternura o la lucidez; veo a Goretti, que ya se fue y nos dejó un inmenso legado de lucha y dignidad, de amor hacia los demás, aquellos que ahora lloran no sólo por lo que tuvieron, sino por lo que faltaba por compartir. Me he permitido hablar de seres muy cercanos a mi, pero son un reflejo de miles de vivencias igual de cercanas que tenemos alrededor; son en este caso, y como diría mi amiga Aida, esas mujeres cercanas, diferentes, simples y son derroche de luz para este tiempo siniestro que vivimos.

Suelo compartir con mis amigos y amigas, gente especial, buena gente, actividades apegadas a la historia, a tiempos difíciles y a gente luchadora, a espacios muchas veces desconocidos y sorprendentes, a momentos entrañables y a encuentros idóneos para fomentar la amistad y la buena convivencia. Hoy, quizá amparándome en esas buenas sensaciones de otras ocasiones, he querido mostrar con esta epístola, como diría el amigo José Carlos, el desasosiego que me ofrece esto que está pasando, no ya las guerras, las enfermedades o la situación económica y sus consecuencias, sino nuestra actitud, nuestra pasividad, la falta de unidad en estos momentos difíciles, la falta de coherencia ante injusticias que se supone que nosotros no tendremos nunca porque estamos en una etapa de civilización avanzada (que me voy a creer yo eso).

Amigas, amigos Juveniles, gracias por partir de que, si están ahí al otro lado de mi pensamiento, es porque para mí son buena gente, y desde de esa base, sólo nos queda seguir compartiendo la misma militancia por la vida.

Un fuerte abrazo. Juan Antonio, desde Taucho, en el mes de noviembre de 2010

8ª Edición de la "Gran Majada", Feria de la almendra en Aripe



El pasado 24 de octubre, en Aripe, celebramos la VIII edición de la Gran Majada. Por fin se ha consolidado, porque hay detrás un grupo de gente que cree en lo que hace, la Asociación Los Poleos, propietarios de almendros y otra gente cercana como yo, que aunque no tengo almendros, creo que es un proyecto muy interesante. Yo veo en este proyecto el homenaje a a la gente que ha cuidado a estos magníficos árboles como si fuesen piezas de jardín. Aparte de su belleza, inigualable a finales de enero en este suroeste tinerfeño, algo que con mucho orgullo muestra la gente de Santiago del Teide con su Ruta del almendro en flor, son generosos y con muy pocos cuidados y sólo con el agua de la lluvia derrochan un fruto rico en aceite y proteínas, algo tan necesario en otras épocas en las que faltaba el sustento.

Actualmente está faltando algo, muchas cosas a las que nos habíamos acostumbrado, cosas materiales que al final sólo son eso, algo que se utiliza y que pierde sentido cuando ya no se tiene. Los almendros son como una forma de ser, son generosidad, son belleza, siguen altivos aún después de haberlos abandonado por "otras cosas". Son la imagen de las medianías del suroeste de Tenerife, una ejemplar imagen muchas veces sobre malpaíses secos y ásperos. Esta actividad, la Feria de la Almendra, o la Ruta del Almendro en Flor, la Apañada de Vilaflor con fines solidarios, unas jornadas técnicas dedicadas específicamente a este cultivo que inexplicablemente dejaron de hacerse, son el homenaje a un espíritu que no debiera de perderse: el de la constancia, la austeridad, aquel que, de los pueblos, a veces sólo pervive en su paisaje.

Concurren los reposteros y reposteras artesanales del sur para mostrar y vender sus productos, principalmente relacionados con la almendra. También se escenifican estampas costumbristas relacionadas con las labores agrícolas de la almendra, como el vareado.

Organiza: Asociación agrícola Los Poleos, Ayuntamiento de Guía de Isora, Cabildo de Tenerife (Turismo de Tenerife y Agricultura y Desarrollo Rural), Asociación de Vecinos de Aripe
Colaboran: Tenerife Rural, Cit Sur, Bodegas Bilma, Cooperativa Coagisora


"Apañada de la Almendra", tercera edición



Este sábado 2 de octubre tuvo lugar la "Apañada de la almendra" en Vilaflor, que ya se lleva organizando por el Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna desde hace ya tres años, dando excelentes resultados. El punto de encuentro fue la plaza de Vilaflor por la mañana, adonde acudió un grupo diverso de personas voluntarias provenientes de distintas partes de la Isla, para ir caminando hasta una finca cuyos propietarios se brindaron para recoger sus almendras, comenzando por el “vareado” de los árboles y la recogida de sus frutos del suelo.

Han colaborado en esta actividad la Asociación Agrícola “Los Poleos”, una entidad enclavada en el sur y suroeste de Tenerife dedicada a la conservación y aprovechamiento de los frutales de secano, como la penca, las higueras o los almendros. También lo hizo el Cabildo de Tenerife a través de sus áreas de Agricultura y Desarrollo Rural y Turismo de Tenerife. Otras instituciones como Tenerife Rural y el CIT del Sur asumieron una función importantísima de difusión y publicidad.

Los más de cien kgs. de almendras recogidas se venderán en “La Gran Majada”, la Feria de la Almendra de Aripe, en Guía de Isora, a celebrar el próximo 24 de octubre, y el dinero que se obtenga de esta venta se enviará al hospital que fundó el Santo Hermano Pedro en Antigua, Guatemala. La actividad ha constituido una oportunidad para vincular el rescate de actividades tradicionales como la recogida de este fruto a un fin solidario que, con gran modestia, pretende dar continuidad a la importante labor desarrollada por el Hermano Pedro en el país que lo recibió en Centroamérica. Con ella, el pueblo de Vilaflor, del que era originario el Santo Hermano Pedro, cumple cada año con el compromiso de honrar su figura.

En Vilaflor de Chasna, lunes 4 de octubre de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza

1ª Recogida de la cochinilla. Buzanada (Arona)



Fotos de Tenerife Rural:
http://www.flickr.com/photos/teneriferural/stes/72157624874561499/

La cochinilla es un insecto que se establece sobre la penca, un tipo de cactus muy extendido en Canarias, cuya fruta es comestible. Este insecto se utiliza con fines decorativos y fue una actividad muy extendida en el archipiélago canario, hasta que poco a poco se fue eliminando por la llegada de tintes sintéticos.

La Recogida de la Cochinilla es una actividad de rescate etnográfico, una escenificación de las labores de recolección y procesamiento de la cochinilla, con personas de la zona ataviadas con la vestimenta y aperos adecuados para la realización de esta actividad.

La actividad se desarrolló en Buzanada (Arona) el 19 de septiembre, y con ella se quiere dar a conocer el trabajo que tantas mujeres desarrollaron hasta prácticamente los años setenta del pasado siglo en Canarias y particularmente en este entorno del Sur de Tenerife. Se llevó a cabo en la Finca "El Bailadero", organizada por la Asociación Sociocultural "El Bucio", y la colaboración del Ayuntamiento de Arona, Tenerife Rural y Turismo de Tenerife.

La recogida de cochinilla


Las mujeres se aferraban a los últimos rayos del sol chasnero para exprimir el día, en un desesperado intento por dilatarlo, hacerlo más grande para llenarlo de granate y de esperanza.

Los boliches blancos de la penca no eran para el juego, eran la luz y el alivio de tantos tiempos de hastío. Las cucharas y los rengues, las sernideras, las latas, la ilusión como un apero, todos se mezclan entre las mujeres que, como pinceles, tintaban de verde las pencas, tejían con granos el futuro de sus hijos.

Esquivando piedras, picos y cansancio, las cochinilleras de mi pueblo fabricaban el paisaje y el pasaje se hacía brioso y firme entre los pencones siempre en guardia.

Ya me llegaron limpios los sonidos del Bucio, de los que el amigo Juanma me hablaba con sospechosa idolatría.

Ya me toca la magia de la Buzanada mítica y tierna.

Ya veo como el Bucio es otra forma de respirar de todo un pueblo, desde el corazón y con franqueza, con la claridad que define el espíritu de la buena gente.

Este encuentro es un homenaje a tantos seres que adiestraron a la naturaleza para servirse de ella y cuidarla, a quienes con su esfuerzo han ayudado a que esta sociedad creciese.

El trabajo de la cochinilla ha servido para que muchos hijos e hijas se formasen, ha sido en esta comarca de Chasna, junto al tomate, uno de los baluartes de la inmensa lucha por sobrevivir sobre una tierra seca.

Como todo pueblo noble no olvida su pasado, quizá no sean conscientes Carmen, Félix, Juana, Candelaria, Sandra, Mari Carmen o Sandra, de que su gesto de hoy, homenajeando a quienes han dignificado el trabajo de la cochinilla, será el orgullo de los que ya no están y de los que son el futuro.



A todos ellos y a ustedes, muchas gracias.
Buzanada, 19 de septiembre de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza


Agradecimiento a los premios "Tenerife Rural"

Sr. Presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Autoridades presentes, amigas y amigos:

Cuando Tenerife Rural y el Cabildo de Tenerife me dieron a conocer el tremendo honor de poseer este galardón, sólo cabía pensar en lo que significa el premio en sí mismo, en lo que representa, nunca en mi humilde persona. Otro compromiso era hablar en nombre de las otras personas galardonadas. Se puede hablar de alguien haciendo un relato de su biografía, esgrimiendo un listado de acciones, de anécdotas, de virtudes. Pero ese trabajo ya lo hace la Fundación Tenerife Rural, valorando desde el primer momento la voluntad de las instituciones de Tenerife que han creído en este premio y que cada año reconocen a quienes trabajan día a día por nuestra identidad. Desde aquí, y en nombre de todas las personas galardonadas, Don Nicasio, Doña Clarita, Doña Carmen Rosa, Don José Felipe y en el mío propio, damos las gracias a las instituciones que nos han propuesto para recibir este hermoso reconocimiento: la Red Canaria de Semillas, el Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna, el Ayuntamiento de Arona, la Ruta del Vino de Tacoronte–Acentejo, y el Ayuntamiento de Santiago del Teide. Por supuesto, nuestro agradecimiento a la Fundación Tenerife Rural, que desde hace algunos años se viene manifestando como una entidad trabajadora y acérrima defensora del medio rural tinerfeño, y al Cabildo de Tenerife, principal valedor de nuestra singularidad como Isla, una institución siempre cercana a cualquier iniciativa que ayude a cohesionar nuestros medios rural y urbano, esa fusión necesaria que marca nuestro carácter tradicional y cosmopolita.

Un agradecimiento que puede ser más bien una disculpa, es a aquellos seres que comparten nuestra dedicación a la comunidad con las muchas horas de espera, con la incertidumbre de nuestro osado idealismo. Gracias a todas nuestras familias, a las amistades que hoy nos acompañan, a las que no han podido venir, a las que, desde donde estén, nos regalan el grandioso sentimiento de su cariño.

Pero el gran compromiso no era siquiera con ellas. Es con las personas a las que representamos, las que nos hicieron como somos, las que comparten el día a día de todo nuestro trabajo. El gran compromiso es con las que han de venir, para agarrarse a todos los rasgos que nos definen y así crecer por dentro, como personas y como parte de una sociedad, respetuosa con sus orígenes, abierta y progresista.

Si tuviese que hablar de las personas que hoy también reciben este premio, me quedaría con lo que han vivido las manos de Doña Clarita, infinitos siglos de calma, hatillos y hatillos de tardes entre el pique y el arte, una parte femenina y radiante del secreto de la misteriosa Chasna.

Me quedaría con los juegos de infancia de Felipe, donde se mezclan aromas de vendimia, el espíritu inquebrantable de su recordado padre y con ruidos de duelas, el achique de piernas erguidas con constancia y marcialidad sobre el mosto bullicioso.

La vida más simple, la que no tiene valor en cantidad ni en precio, es un tesoro en el corazón de los pueblos, la vida que se hace verde, y ocre, y aire, historia y cultura. La simiente diversa que nos enlaza con otros pueblos y otros espacios, es la que Don Nicasio ha guardado como lo hicieron sus antepasados, una semilla firme y ancestral, como los más nobles valores.

La frase de indiscutible verdad que define a un pueblo sin historia como a un pueblo sin futuro, tiene sus paladines de tinta y celulosa, que roban luz a sus ojos, tiempo a sus seres queridos y cercanos, para ahondar en los entresijos de la historia, para vestir a las gentes con las mismas hilaturas, con el mismo orgullo de quienes compartieron caminos y tiempos. Carmen Rosa es un ser de los que viven sus días haciendo esa labor tan encomiable, haciendo más cercana y conocida la banda sur de Tenerife.

Al final, el privilegio que me han dado de hablar en nombre de las personas galardonadas hoy, lo he utilizado para nombrarlas, porque ese es mi homenaje, a ellas y a las que me han dado el derecho a estar aquí. Las cientos de personas que desde hace bastantes años me acompañan en esta tarea de revivir las tradiciones, aquellas con las que yo pongo fecha y ellas todo lo demás: su cariño, su entusiasmo, su tiempo, en definitiva, su corazón.

Si aprovechase esta privilegiada tribuna para agradecer a todas esas personas y nombrarlas, ni terminaría nunca, ni podría pasar de la primera, porque no sería capaz de sentir tanto amor de golpe, como diría el maravilloso poeta Pablo Neruda.

Por todo esto, y porque esta intervención es sólo para dar las gracias a quienes nos han acompañado en nuestras cinco vidas, yo me voy a permitir el hacerlo en forma de homenaje a esta isla, a este paraíso pequeñito, agradecido y diverso. Al fin y al cabo, todas las personas que de alguna manera están cercanas a lo que este acto representa, ya se sienten libres, comprometidas y conscientes del placer de ser parte de este entrañable corazón atlántico.

Este texto que leo a continuación lo escribí cuando el Cabildo decidió que las tradiciones y la cultura popular de esta isla tuvieran marco y espacio propio en nuestra oferta turística, contando para ello con mi humilde aportación y la de toda la gente que ha luchado durante generaciones por conservarlas. Va por ellas.

“Volver a la isla será convencernos de que seguimos siendo protagonistas del ciclo de la vida, y así seremos laurisilva, cardón y era, seremos folías y arrullo de mar. Ese mar, que no deja de unirnos, ese mar que nos hace escanciarnos en la infinitud del horizonte, como si quisiéramos volar detrás del sol, en esos atardeceres irrepetibles de una isla mágica. La Isla es un reloj de atardeceres, donde cada día es un nuevo vértice, una luz diferente.

Volver a la isla es compartir una paz que se palpa en el aire, es abrir una cortina para dejar que los sentidos se inmiscuyan en el canto de los pájaros, en el azufre, en el eco de los barrancos. Es subirse al alisio y compartir un vuelo desde los picos hasta las espumas de la mar. Es enredarse en los visillos de la bruma que nos lleva al Terciario con sus cortinas de agua.

En Tenerife, volver a la isla es tejer recuerdos de barcos cubiertos de brea, prometiéndose afanes de conquista en la ultramar de los tesoros incas y aztecas. Es recorrer callejones con destellos de historia y ver los campos de cochinilla con las mujeres iniciando el ciclo del arte. Las mujeres canarias, eternas hacedoras de una historia oculta, hermosa, habilidosa. Las veo en los lavaderos y en los telares, en los senderos acarreando tiznes negros de palos que dejaron la vida material para hacerse nobles en hachones y fogales.

Volver a la isla es sentir el baladero del ganado y el sigilo de los acantilados, imbricados como las fuentes, los molinos, o la oquedad pertérrita de los barrancos.

Para volver a la isla retomaremos la sencillez de gentes que vivieron tributos de sangre, que sostuvieron imperios allende los océanos y continentes, gentes que llevaron su olor a madre donde fueron, y lo mezclaremos con el olor del brezo, el arrorró de las olas, la universalidad de un carácter hecho a la fuerza del volcán.
Los viviremos junto a los pobladores de una tierra hecha a los ratos de soledad, aquellos que, mirando al mar, besan el agua que une todas las orillas del planeta.”



Muchísimas gracias por su atención.
En Santa Cruz de Tenerife, el 12 de julio de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza



Premio "Tenerife Rural" 2010

Les hago partícipes de un galardón que se brinda a los valedores del medio rural de Tenerife, por lo que a ustedes les toca de lleno. Los Ayuntamientos de Santiago del Teide y Arico se han empeñado en premiarnos. En esta ocasión es por el trabajo que venimos realizando desde hace unos quince años dándole el valor que se merece a lo que nunca debió de quedar en el olvido de nuestra sociedad. La dignidad, la solidaridad, la constancia, la humildad, la amabilidad, son algunos de los valores de la gente de Canarias; hasta hace unas décadas, de la mayoría. Actualmente se han ido abandonando algunos de esos valores mezclados con el consumismo, el egoismo, la globalidad, el bienestar material, pero también el desconocimiento. Yo creo que no le hemos sabido transmitir a nuestros jóvenes el sentido de la cooperatividad, el de la pertenencia a una comunidad. En este caso es además una comunidad históricamente abierta, decidida, capaz de soportar tributos de sangre, aislamiento, soberbia, la sequedad, la migración...

Cuando empecé a trabajar en el mundo rural ya sabía de la valía de este peculiar trozo de sociedad insular y de ahí que empezáramos a mostrar lo que hay detrás de un paisaje agrícola normalmente agradable, hasta paradisíaco para los urbanitas. La gente que ha seguido creyendo en los valores de la palabra, de la amistad, del respeto o el compromiso, me siguió en esa maravillosa exposición de costumbres, oficios, aperos, habilidades... Y así, al principio sin mucha confianza por parte de mucha gente, fueron llegando La Trilla del Tanque, El Día de las Tradiciones de Chirche, Las Carboneras de Vilaflor, La Siega de Icod el Alto, Las Rutas de Arico, La Majada de las Almendras en Aripe, la Recogida de la Almendra en Vilaflor, los encuentros de caladoras, los encuentros intergeneracionales, los Pasos de la Cumbre.
No los lio.

Cuando este jueves me llamó el Consejero de Agricultura y Desarrollo Rural del Cabildo de Tenerife, D.José Joaquín Bethencourt, para decirme que me habían concedido el premio Tenerife Rural por la "Promoción y Difusión de los valores del mundo rural de Tenerife", se me vinieron de golpe todas las personas que me han ayudado en esta tarea; algunas ya no están físicamente, pero sí cada día en mi corazón, la familia, mis amigos y por supuesto los Juveniles, esa gran familia de más de 1300 personas de las que presumo conocer personalmente y de que son buena gente. Sin ustedes, esta pequeña revolución del medio rural no se habría producido, sin la asistencia de ustedes a las actividades, sin la difusión que también ustedes hacen hacia otras personas de las "locuras" que con tanto cariño organizamos; sin la maravillosa energía que aportan sólo con ser conscientes de ellas, esto no habría sucedido. Nada, ya me he aflojado, yo me crezco con los problemas, pero con la solidaridad....

Muchas gracias y un fuerte abrazo.

El premio se entrega en Julio, por si alguien quiere ir. Otro abrazo, que la vida son dos días y los abrazos siempre son pocos.

en Taucho, el 31 de mayo de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza

Premio Gánigo 2009

Estamos de enhorabuena, porque el Centro de Iniciativas Turísticas del Sur de Tenerife, a propuesta del Ayuntamiento de Arico, nos ha dado un premio, el Gánigo, al trabajo que hemos hecho por mostrar esas bellezas patrimoniales de Arico.

Aunque ha recaído en mi persona, por ser el que más se nota, yo lo hago extensivo a todas las personas que me han ayudado en esta labor a lo largo de los tres años de trabajo en el Ayuntamiento de Arico y ahora en Turismo de Tenerife.

No me olvido de los intérpretes y guías de Tenerife, de Vicente Zapata, con el que me inicié en el senderismo temático, de Miguel Pérez Carballo, el gran valedor de nuestros caminos, mis compañeros de la Asociación de Intérpretes de Patrimonio, mis amigos y toda la gente que lucha porque se reconozca el valor del mundo rural, de la etnografía, el paisaje...

Un fuerte abrazo

En Granadilla, el 6 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Volver a la Isla

Volver a la isla será convencernos de que seguimos siendo protagonistas del ciclo de la vida, y así seremos laurisilva, cardón y era, seremos folías y arrullo de mar. Ese mar que no deja de unirnos, ese mar que nos hace escanciarnos en la infinitud del horizonte, como si quisiéramos volar detrás del sol, en esos atardeceres irrepetibles de una isla mágica. La isla es un reloj de atardeceres, donde cada día es un nuevo vértice, una luz diferente.

Volver a la isla es compartir una paz que se palpa en el aire, es abrir una cortina para dejar que los sentidos se inmiscuyan en el canto de los pájaros, en el azufre, en el eco de los barrancos. Es subirse al alisio y compartir un vuelo desde los picos hasta las espumas de la mar. Es enredarse en los visillos de la bruma que nos lleva al Terciario con sus cortinas de agua.

En Tenerife, volver a la isla es tejer recuerdos de barcos cubiertos de brea, prometiéndose afanes de conquista en el ultramar de los tesoros incas y aztecas. Recorrer callejones con destellos de historia y ver los campos de cochinilla con las mujeres iniciando el ciclo del arte. Las mujeres canarias, eternas hacedoras de una historia oculta, hermosa, habilidosa. Las veo en los lavaderos y en los telares, en los senderos acarreando tiznes negros de palos que dejaron la vida material para hacerse nobles en hachones y fogales.

Volver a la isla es sentir el baladero del ganado con el sigilo de los acantilados imbricados, como las fuentes, los molinos, la oquedad pertérrita de los barrancos.

Para volver a la isla retomaremos la sencillez de gentes que vivieron tributos de sangre, que sostuvieron imperios allende los océanos y continentes, gentes que llevaron su olor a madre donde fueron, y lo mezclaremos con el olor del brezo, el arrorró de las olas, la universalidad de un carácter hecho a la fuerza del volcán, pobladores de una tierra hecha a los ratos de soledad de quienes, mirando al mar, besan el agua que une todas las orillas del planeta.


Video: http://www.youtube.com/watch?v=7dO28uEtjMM


Tenerife, miércoles, 24 de junio de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Ensayo para cualquiera

Caballero, el que informa, agente de desarrollo rural, tiene el gusto de llevarle noticias nuevas de un mundo antiguo, ni viejo ni olvidado, sólo antiguo; espacio para crecer por dentro, mundo rural del que usted, como yo, se ha enamorado.

Quiero decirle que, desde el inicio de mi visita, he tenido tiempo de hacerme mayor y de besar una infancia de carros de verga, juegos de pencas, de piruetas sobre el jable…

Hace once años, a fecha de hoy, que abandoné La Laguna de paseos llanos, noches de tuna, de cosmopolita tililar entre majos, bimbaches, gomeros; La Laguna de guachinches e inciensos donde anclé la adolescencia.

Como agente de desarrollo he tenido la oportunidad de inmiscuirme en la Trilla del Tanque, en San José de los Llanos; sólo como rescate etnográfico, porque los caballos siguen volando sobre la parva; sólo ellos, nuestra gente y los pocos mulos y burros que aún campean por nuestras medianías. He podido imaginar los cuentos y risas que acompañaban el velo de los frescales, dentro del mismo aire caliente con que las noches de estío dan cobijo a la tertulia.

Puedo informar que La Siega en Icod El Alto está asegurada, porque una estirpe de porteadores lleva consigo la tradición de los cochineros, a tiempo mercaderes y a tiempo campesinos, hacedores de un vergel agrícola que va desde los Campeches hasta los vértices de Tigaiga. Con los icodalteros hemos hecho de la siega algo más que un acto de homenaje anual a la Virgen del Buen Viaje. La hemos devuelto a la isla de Tenerife como una estampa que embellece la mirada, como es, entre el cimbrear de las espigas, gente segando en el campo, algo tan simple y cada vez más inusual.

Pero con los cochineros nos hemos animado a pasar la cumbre, en una actividad llena de magia que nos evoca el trasiego a pie de multitud de gentes, enseres, animales y mucho trabajo, incalculable. Con "Al Paso de la Cumbre", escenificación del trueque, sobre los municipios de Santiago del Teide, Garachico y El Tanque, hemos imaginado el bullicio de semillas que viajaban por la isla mejorando su fertilidad con cada aire nuevo; el pescado, el azafrán, las batatas o el ñame masquero, el centeno de Aponte, las cebollas de Carrizal o de Guayonje, multitud de tesoros que vemos representados en "Al Paso de la Cumbre" y que sólo se valoran cuando se pierden, como los buenos amigos.

La lejana Chasna o Acentejo, Chamorga, Taburco…, idolatrados cobijos, cuevas, abruptos pasos, evocan una época en la que los montes recogían multitud de senderos o refugios, muchas veces improvisados, para atenuar el esfuerzo de una población necesitada de recursos que no dudaba en ”echarse al monte” para acceder a otras comarcas a realizar el trueque.

Caballero, en estos años he regresado en el tiempo para traer multitud de estampas costumbristas, cotidianas, colosales, como es el humo inundando los panales o la leche de cabra hirviendo en un mar de espuma, todo ello recreado en un entorno prodigioso de callejones de piedra, lagares henchidos de olor a mosto y el "Día de las Tradiciones" de Chirche, en Guía de Isora, se abre como una puerta al pasado, cada vez con más curiosos, como si lo antiguo quisiera no perderse en el fragor del cemento y la globalización. Así, alegra el bullicio de las aguadoras acarreando cacharros y oblongas barricas que se combinan, en una plástica colorida y atemporal, con la imagen de la cera convirtiéndose en velas o la parva en trigo, o el café en meloso sabor de mistela.

Seguramente han sido muchos años para tan poco quehacer por nuestra etnografía, pues es tan fugaz la diáspora de nuestras costumbres, que sólo un año es como una vida, que un lustro es como un siglo, que cada uno de nuestros actuales ancianos es como un barco que al naufragar se lleva una preciada carga, irrepetible, porque son múltiples los nexos, las luchas, las galerías, los senderos, los proyectos, los amores, las idiosincracias locales de nuestra isla. Cuando pasen otros once años ya habrán encallado muchos bajeles, muchos archivos vivos de nuestra historia, una historia diversa y rica: seca la del sur, más húmeda la del norte, pero igual de mágicas, con desiertos que nos acercan a África y con selvas que se desprendieron de Europa.

Aún con la pesadumbre de ver cómo se nos van los hacedores de nuestra cultura, he podido vivir las Carboneras de Vilaflor, con los discípulos de un personaje recientemente desaparecido que llamaban Murga, y cuyos descendientes siguen luchando para que no se pierda el aprovechamiento forestal que dio de comer a tanta gente chasnera, y de Daute, esperancera y de todos lados, porque en todos lados vieron el carbón como el insinuante aviso del potaje, y así los estacones, y la brea o los mullidos picores que salpicaban en los colchones de pinocha. De todo ello recuerdan los que cada año reviven su vínculo con el monte y hacen vigilia junto a las Carboneras en Vilaflor.

De todo lo expuesto, Caballero, dan fe los cientos de personas que se acercan cada año hasta estas muestras de nuestra etnografía.

Me he acercado a usted para solicitar su colaboración en la lucha necesaria para que no perdamos nuestra historia, y especialmente nuestra forma de ser. No se imagina lo que he descubierto entre nuestra gente, que me ha ayudado a comprender cómo se pudo soportar un tributo de sangre o cómo podemos decir sin dolor que somos un pueblo emigrante, o cómo se han levantado miles de bancales, cómo se puede llorar con una malagueña, o lo que significa una madre canaria.

En la línea de esta disertación, más parecida a un informe técnico que a una presentación, sólo me queda decirle, Caballero, que podría informar sobre múltiples historias que definen nuestra isla, pero seguro que usted ya las conoce y son las que le motivan a seguir luchando por el bienestar de sus protagonistas.

Sin más, aprovecho para enviarle un afectuoso abrazo, que me suena más natural que unos cordiales saludos.

En Tenerife, a 27 de febrero de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

ACTIVIDADES DE RESCATE ETNOGRÁFICO


Reviviendo las costumbres y tradiciones campesinas

¿Cómo hacer que las costumbres y tradiciones más auténticas no se pierdan en la vorágine cultural de la globalización actual? ¿Cómo implicar a los habitantes de un lugar en la preservación de su propio patrimonio etnográfico? La misión no es sencilla y requiere de propuestas imaginativas y originales más allá de la labor recopilatoria de museos e investigadores. Las manifestaciones de rescate etnográfico, cada día más numerosas en Tenerife, son una de estas fórmulas. El éxito que obtienen estas combinaciones de acontecimiento cultural y festividad popular han impulsado su desarrollo en la Isla.

La Ley de Patrimonio Histórico de Canarias, de 1999, recoge la necesidad de “recopilar y salvaguardar la información relativa a los bienes etnográficos que no constituyan objetos materiales, tales como el patrimonio oral relativo a usos y costumbres, tradiciones, técnicas y conocimientos, para su transmisión a las generaciones futuras, promoviendo para ello su investigación y documentación”.

En esa misma Ley se define el patrimonio etnográfico de Canarias como el compuesto por “todos los bienes muebles e inmuebles, los conocimientos, técnicas y actividades y formas de expresión y transmisión, que son testimonios y expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo canario: oficios, habilidades y técnicas relacionadas con la producción y manipulación de materiales y recursos naturales; las manifestaciones de la cultura tradicional y su soporte comunicativo: medicinas y remedios populares, el patrimonio oral, folclore musical en general, indumentaria y gastronomía; las manifestaciones relativas a juegos, fiestas, bailes y diversiones tradicionales; los deportes (...), etc.”.

Es en este ámbito donde se sitúan las actividades de rescate etnográfico, dirigidas a “recuperar” aquellas costumbres y tradiciones que, vinculadas de forma mayoritaria al mundo rural, han desaparecido, o están a punto de hacerlo, bajo el ímpetu de la vida moderna y urbana. Y aunque el concepto alude a todas aquellas tareas encaminadas a conservar o recuperar los elementos intangibles del patrimonio histórico de una sociedad, que son precisamente los que mejor la definen e identifican; en un sentido más acotado el rescate etnográfico hace referencia a hacer “revivir”, a través de la escenificación, ciertas formas de cultura popular que constituyen auténticas señas de identidad de un pueblo.

Juan Antonio Jorge Peraza, Agente de Desarrollo Rural de profesión, es uno de los más destacados impulsores de las actividades de rescate etnográfico en Tenerife. Para este “dinamizador de proyectos locales”, como gusta definirse, el rescate etnográfico es mucho más que una manifestación más o menos festiva del acervo tradicional de nuestra sociedad.

“Su principal interés”, asegura, “reside en su potencial como instrumento de promoción de la autoestima de los habitantes de nuestro entorno rural”. Para Jorge Peraza, este tipo de actividades pone en valor los usos y costumbres domésticos de los vecinos, estimulando su propio sentimiento de orgullo por lo que los define culturalmente. Por ello, cree que es imprescindible la implicación de los vecinos del lugar, además del posible apoyo institucional, para que las actividades de rescate etnográfico tengan éxito y se sostengan en el tiempo.

Entre los habitantes y visitantes de Tenerife, el interés que despierta este tipo de manifestaciones es creciente, puesto que constituyen una forma de vincularse al territorio y reencontrarse con los elementos que constituyen las señas de identidad propias de la Isla.

El concepto de rescate etnográfico hace referencia a la recuperación, a través de la escenificación, de expresiones de la cultura popular.

(Entrevista publicada en Tenerife Rural, nº 3, 2008)

Trilla de El Tanque



Llegar al Tanque fue como descubrir el Tenerife que quedaba de los recuerdos infantiles, los fines de semana a ver a la familia del campo, mi familia materna, procedente de La Matanza de Acentejo. Nunca terminaré de agradecerle a Antonio Álvarez, "Toñín", el que me haya brindado ese privilegio.

Llegué en invierno, y los domingos en El Tanque son como el invierno polar de los osos, un tiempo para esconderse, sobre todo en la parte alta. En San José de Los Llanos, en Erjos, en Ruigómez, las familias se apilan junto al fogal. ¡Cómo apetece entonces un buchito de vino! un vino no tan blanco como el del sur ni tan oscuro como el del norte, sino de un color de almendra, y fuerte como él solo.

Fue mi primer trabajo como agente de desarrollo local, y la gente cuando me veía entrar a saco en las huertas, sin arremangarme siquiera, con ropa de gente que trabaja en una oficina, se asustaba y decían: "Pero, cristiano, ¿qué hace usted, un estudiado de La Laguna, en el Tanque, que es el culo el mundo?" A lo que yo decía normalmente "¡Culo bonito!"

Esa era en 1996 y sigue siendo así, a fecha de hoy, la gente del Tanque, la que yo conocí y que me abrió su corazón de par en par. Tengo recuerdos imborrables de personas maravillosas, de gente que me brindó sus casas, Juan Manuel el policía, Claudio y Carmen, o Severa cuando se enteraron que yo dormía en el coche para no ir a mi casa, a La Laguna, los días que se me hacía tarde en reuniones. Eran encuentros inolvidables con los agricultores, o con los representantes de los grupos folclóricos que una vez estaban medio enfadados y en una reunión a la que les convoqué terminaron juntos con fuerte parranda... Cuando se fueron a sus casas, yo me fuí a dormir al coche detrás de la plaza, ¡si se llegan a enterar, me matan!

Al final me fuí del Tanque, apenas estuve once meses pero cuando vuelvo y me encuentro personas que conocí hace ya quince años, es como si siguiera allí, como si fuera aún "Juan Antonio el del Tanque", como me decían los agentes de desarrollo de la Isla.

Me fui y de mi corazón un cachito quedó atrás, sé que vive con la gente del Tanque en las tardes de frío o cuando el Tío Heliodoro me dio a conocer el encanto de reunir a la familia para coger las papas. Él me descubrió, con su infinita sabiduría, que aunque perdiera dinero plantando aquellas papas, era una de las maravillosas ocasiones de ver junta a toda la familia.

Al final les dejé la Trilla de Los Llanos, una labor que hicimos juntos los agrilcultores, otros compañeros del Ayuntamiento y yo, aunque yo tirara del carro... ¡alguien tiene que poner fecha y ánimo en las cosas! Es lo único que yo sé hacer. Todavía veo volar al viejo Fino haciendo giros y piruetas sobre la parva, un vuelo que aún hoy nos transmite sensación de libertad a los que disfrutamos de aquella estampa. O al Dibujito -una de las personas a las que más he admirado en mi vida-, batiéndose con seis bestias en collera que parecían querer elevar la era en cada uno de sus giros. Fue una de las primeras acciones de rescate etnográfico de Tenerife, cuando aún se escuchaba que era vergonzoso mostrar nuestras tradiciones; pero ellos mostraron su sabiduría, la savia de los pueblos que no es tangible, pero que se transmite en las habilidades de las personas, en sus historias, en su folclore...

Esas personas sí son tangibles y reales, y además en El Tanque priman las que son simples y nobles. Mientras esa sencilla hermosura, que es el carácter e identidad de un pueblo, se siga transmitiendo, la vida seguirá siendo mágica y generosa.
Juan Antonio Jorge Peraza
En El Tanque, el 9 de octubre de 2009

Día de las Tradiciones en Chirche


El Día de las Tradiciones fue la primera actividad en la que surge un procedimiento de participación comunitaria de forma coordinada. Enclavada en un entorno privilegiado, un núcleo rural declarado como BIC, el Barrio de Chirche me brindó la oportunidad de aplicar una metodología de participación comunitaria asociada al patrimonio, tanto el arquitectónico como el intangible.

A partir del grupo motor, se desarrollaron talleres de investigación sobre la historia local y múltiples aspectos de la zona: topónimos, gastronomía, anécdotas e historias de la población, juegos tradicionales,… a lo que acompañó un programa de excursiones, salidas de campo para conocer otras experiencias similares a la prevista en este proyecto de revalorización patrimonial. Pinolere, una horneada de teja en Teno Alto, la visita a múltiples museos y centros de interés cultural de Tenerife, llevaron a la actividad final.

El Día de las Tradiciones consiste en la recreación de la vida tradicional en un entorno rural de notable belleza arquitectónica bajo un enclave natural, el Barranco de Chirche, de diversas y singulares manifestaciones geomorfológicas. El tercer fin de semana del mes de julio de cada año, la población local se “disfraza” con la indumentaria típica del campesinado isoreño hasta finales del siglo XIX -vestimenta que se confeccionó mediante un taller de costura en el que participaron las mujeres de Aripe-, y se recrean oficios y labores tradicionales.

El acarreo del agua, la trilla del cereal, la vendimia y labores culturales relacionadas con la agricultura y la ganadería, la elaboración de velas con cera de abeja, o de mistela –un licor de café característico del Municipio de Guía de Isora-, son algunas de las muchas estampas costumbristas que se recrean en esta entrañable actividad de rescate etnográfico.

Esta escenificación se suele acompañar de una obra de teatro costumbrista, la apertura de patios y casas tradicionales para mostrar su belleza arquitectónica, o un “baile de cuerdas”, todo un compendio de manifestaciones culturales que llevan al corazón de los visitantes una estampa canaria de singular armonía estética.

En Chirche, octubre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

La Gran Majada. Feria de la almendra 2009


El domingo 25 de este mes de octubre se llevó a cabo la séptima edición de la Gran Majada, una feria de repostería que se desarrolla en Aripe, en el Municipio de Guía de Isora.

Este acontecimiento está relacionado con un proyecto de rescate de la almendra y otros frutales de secano, iniciativa del Cabildo de Tenerife y de la Asociación Agrícola "Los Poleos", con el que se pretenden potenciar los almendreros, las higueras y en general todo el ambiente de frutales de secano del sur de Tenerife. Esta feria congregó a la mayoría de las reposteras del sur de la Isla y fue organizada conjuntamente por la Asociación de Vecinos de Aripe, la Asociación agrícola "Los Poleos", el Ayuntamiento de Guía de Isora, y las Áreas de Desarrollo Rural y Agricultura y de Turismo del Cabildo de Tenerife. Colaboraron además un buen número de empresas de la zona.

En esta ocasión la feria se complementó con una actividad llevada a cabo en el mes de septiembre, la “Apañada” de las almendras, realizada en el Municipio de Vilaflor de Chasna donde, gracias a la colaboración de personas voluntarias, se recogió una buena cantidad de almendras que se vendieron en la feria con fines benéficos. Este año el dinero se destinará a ayudar en el mantenimiento de un Hospital que fundó el Santo Hermano Pedro en Guatemala. Los vecinos y vecinas de Vilaflor se han unido para realizar esta labor y continuar manteniendo el espíritu de ayuda y solidaridad que caracterizó a este primer santo canario.

El acto tuvo lugar a partir de las 10 horas en la plaza de San Pedro de Aripe, Guía de Isora, donde quedaron abiertos los puestos de las distintas reposteras. A las 13 horas, en los aledaños de la zona de realización del acto, se realizó una escenificación de las labores tradicionales de recogida de la almendra, con el vareo de los árboles, la comida en el campo después del trabajo y el traslado (en este caso hasta la Plaza de San Pedro para su reparto entre el público asistente), acabando con el “derrame” de las almendras en el suelo de la plaza donde se ubica la actividad. Este momento es de crucial impacto entre los niños y niñas que cada año llenan de alegría este entrañable barrio del sur de Tenerife. Un fruto que durante generaciones fue parte indispensable de la dieta de la población local, es ahora motivo de fiesta por un día, en un lugar de espléndidas panorámicas y un entorno rural de singular belleza.




En Guía de Isora, 25 de octubre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Gran Majada, Aripe

¡Que no sea el otoño quien tumbe las almendras!

¡Que no sea el otoño quien tumbe las almendras!, decía el Tío Manuel a quien lo escuchase, mientras volteaba la pinocha preñada de estiércol. Siempre había alguien, siempre alguien crecía por dentro escuchando a los viejos cuando también su cuerpo se aventuraba a nuevas formas.

Los viejos, como un libro; eran lo que no se podía leer pero se asumía, porque los viejos eran sabios como el tiempo: a cada cosa en su sitio y cada sitio para lo que era, uno para cobijarse, otro para plantar, otro para pasto y uno pequeñito para morir. ¿Para qué más tierra?

Cuando ya el sur tenía las tardes más pequeñas, sobre los morros el Tío Manuel hablaba con el viento, como un Moisés, privilegiado contertulio, sabio, cauto volvía para decirnos lo que habría de llegar, para hacer real el presagio del otoño. ¡Pero que no sea el otoño quien tumbe las almendras!, que sean las gentes, que sean hombres y mujeres. Pequeño gesto para tan preciado tesoro, botín que, como el oro llena al ego, de salud llena a los cuerpos, sorpresa frugal de finales de estío.

Temprano en la cumbre, a sol puesto ya estamos en lo de Juan José; cimbreantes, “la latas” son batutas que hacen sonar a la brisa que se extingue sobre los hombros curtidos. Apañando, los niños debaten sobre dónde esconderán tan suculento manjar para cuando el juego venga del desconsuelo. Los jóvenes sueñan con la fiesta, la chiquilla, el chico, las truchas de la suegra que quiere ser, truchas que saben a almendra, a pasión adolescente, a ilusión que crece fuerte, fugaz como árbol tierno. Apañando se reafirman los viejos con certeza: Si el arcón se llena, serán menos las penas.

Llegará el otoño tarde o temprano. Para nosotros es igual si ya la sementera está lista, clamando al cielo su razón de ser, si ya están prietos los graneros, si no se pierden en el tiempo los consejos de quienes dieron al hambre un giro de almendras. La gratitud puede ser la mayor de las virtudes cuando un árbol hecho a la mucha sed, generoso escanciaba sus frutos en tiempos de ausencia, almendreros que esperan que a cada verano, las gentes vareen sus alas para no alejarse del ciclo y la esencia de la tierra y sus gentes.
En Guía de Isora, octubre de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza





VI Edición de "Al Paso de La Cumbre"



El domingo 11 de abril tuvo lugar la VI Edición de "Al Paso de la Cumbre", con la escenificación por parte de hombres y mujeres de cómo era el devenir de los caminos y senderos por las islas, hasta hace varias décadas, para el trueque de productos agrícolas, pesqueros, ganaderos y artesanales.

Esta iniciativa de rescate etnográfico se desarrolla en colaboración entre diferentes ayuntamientos de la isla, centrándose el acto en la revalorización patrimonial de los municipios de Santiago del Teide, El Tanque y Garachico, con la participación de personas de dichos municipios, además de Guía de Isora, Adeje, Los Realejos e Icod El Alto. Por vez primera este año se contó con el apoyo de Turismo de Tenerife.

Participaron muchos actores ataviados con los trajes que usaba, en esa época, el campesinado junto con los utensilios y aperos necesarios para el trabajo diario o para la venta de mercancías entre los que se encontraban los caciques, los cabreros, las brujas, los cochineros, las panaderas...

El trabajo de las artesanas de la loza, las pescadoras que ascendían con la frescura de sus productos desde la misma orilla del mar hasta los lugares más insospechados para intercambiarlos, de los cochineros, de los cabreros, de las panaderas, entre otros, son un reflejo del tremendo trabajo y esfuerzo que suponía mantener la economía familiar, no perdiendo de vista un contexto de pobreza, dispersión o falta de transporte, que se veían compensados por un espíritu encomiable, y sobre todo una enorme capacidad de sacrificio que se encontraba, a su vez, con la generosidad de las familias que recibían a quienes se movían por los caminos y pueblos para realizar el trueque.

En esta edición los principales protagonistas fueron un grupo de niños y niñas del Colegio de Santiago del Teide, que con su maestro, Pedro, prepararon su participación tanto en los senderos como, sobre todo, en la escenificación del trueque que tuvo lugar, al final de la jornada, en el Mercadillo del Agricultor de Santiago del Teide.


Mi abuelo vino del Norte

Mi abuelo vino del Norte a buscar semillas. Por lo visto es bueno cambiarlas de sitio, que de vez en cuando las semillas viajen. Bueno, eso le gusta a todo el mundo, conocer gente, ver otros pueblos, jugar a otros juegos. Creo que mi abuelo no buscaba precisamente ver cómo se jugaba en otros sitos, aunque tenía edad para eso cuando pasaba la Cumbre con su padre para buscar semillas. Al fin y al cabo, con doce años seguro que todavía le gustaba echarse a la calle a jugar con los demás chiquillos.

Siempre salían temprano. Su madre decía: “a quien madruga Dios le ayuda”, pero eso no era recompensa para dejar la cama calentita cuando todavía no se veía ni un “fisco” de luz en la ventana. Era duro levantarse tan temprano, pero valía la pena cuando su madre lo despedía montado en la mula como a los demás, como a una persona grande. Era cuando se ponía serio y tieso como un garrote, haciéndose el fuerte. Además, todavía podía haber brujas trasnochadas. Había que aparentar.

Cómo disfruto yo con esas historias de mi abuelo, porque me dibujan lo que había en otra época donde ahora yo voy a jugar con mis compañeros: el Camino del Valle Arriba, la Casa de Esteban el Medianero... Donde nos metíamos muchas veces a escondidas buscando tesoros era en la Casa del Patio, allí sí que me daba miedo. Pero para mi abuelo llegar a estos sitos era una alegría. Podía significar algo dulce después de haber estado comiendo sólo gofio y unas batatas frías que siempre le “enyugaban”. Aunque no todo era amargo; se emociona cuando nombra unas tortitas planas de cebada que le hacía su abuela para los viajes. Cuando salía con su padre hacia las tierras del Sur, esas tortitas eran su gran tesoro. Una vez las cuidó con tanto mimo que una le duró hasta la vuelta. ¡Sería bobo! Con el desconsuelo que pasó…

Según mi abuelo, sólo entendió el por qué de aquellos sacrificios, de tantas horas de montura, del sueño y frío en aquellas madrugadas, cuando pasados muchos años, ya viviendo en el Sur, veía algunos paisanos suyos en sus camionetas, bien trajeados, pero más tristes. Ya venían a lo que venían y se iban al Norte. No se quedaban a dormir en casa de los amigos de Vilaflor o de Guaza. Sólo venían a trabajar y se volvían a sus casas, pero esa forma de viajar no les hacía valorar los primeros rayitos de luz en la cara, cuando ya estaban llegando al Filo. Ver los campos amarillos del Sur era todo un descubrimiento. Qué diferentes eran de las huertas rojas y casi siempre verdes del Tanque o de Las Abiertas.

La amistad, por lo visto, era el mejor pasaporte en esa época, porque no había pensiones, y tener a Señor Agustín en Vilaflor o a Don Frasco en Vera de Erques…eran tantos que eso sí que se me olvida. Esos sí eran amigos, porque sabían de necesidades y por eso siempre agasajaban al padre de mi abuelo como si fuesen familia. Nunca faltaba un “fisco” de paja en el granero para tumbarse al abrigo de una manta canela con una raya blanca que, según mi abuelo, vino de Cuba. Tenía algo que ver con una revolución y unos manbises, o algo así.

Ahora, cuando escucho a mi abuelo, aunque esas historias me las ha contado muchas veces, siento desconsuelo de poder viajar por esos mundos de la Cumbre montado en mi alazán, sobre la albarda que había sido antes de su hermano mayor y antes de su tío. Ahora que recuerdo, fue la misma que yo rompí un día por ver si dentro había algo de valor. Qué pena que hubiese sido tan pequeño en aquel momento, porque ahora no lo habría hecho. Menos mal que ya he crecido.

Creo que antes la gente era más feliz, porque aunque mi abuelo me habla del frío o de que no había juguetes, tenía muchos amigos. En la Cumbre se tropezaban con las mujeres que llevaban el pescado a la cabeza; subían desde Puerto Santiago y a veces llegaban hasta Erjos, sólo para cambiarlo por papas o alguna col, o ñames. Lo que no había en un sitio había que ir a buscarlo a otro, caminando. Mi abuelo siempre se queda repitiendo: ¡caminando! ¡caminando!

Algunas veces se encontraban con los Cochineros de Icod el Alto, con unas cestas que llaman raposas donde traían cochinos chicos que ofrecían a la gente y le decían: ¡fíjese, igualito que su madre! O con el cura, que siempre les daba la bendición y al que luego brindaban con algo, con sus escrituras bajo el brazo y tirando de una burrita parda. Parece que al cura siempre le regalaban las burras más “es rengadas” porque siempre iba él tirando del animal; ir montado era un desespero para la energía del cura. Siempre de un lado a otro para dar misa o los últimos sacramentos a algún moribundo, un rosario en el otro pueblo, siempre iba apurado.

Mi abuelo venía del Norte a buscar semillas, pero dice que la mejor semilla no se la llevó, la sembró en el Sur: su familia. Sus hijos: Manuel, Hilario, Roberto; su mujer, abuela Lucrecia, a la que siempre envía un beso hacia el cielo cuando la nombra, mientras le regala alguna lagrimilla a escondidas.

Yo soy el más enano y creo que tengo una enorme suerte de tener un abuelo, porque escuchar sus historias es como tener un sabio en casa. Él me puede hablar de muchas cosas que ya no están donde yo juego, pero como él me las cuenta yo las veo y mi imaginación hace mayores las historias. Al final yo también puedo hacer magia porque veo otras aventuras donde mis compañeros sólo ven el Camino Real, vacío, medio abandonado. Además, así podré contarle aventuras a mis hijos. Pero bueno, para eso hace falta mucho tiempo.

En Santiago del Teide, 6 de marzo de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza

V Edición de "Al Paso de la Cumbre"

Al paso de la cumbre

Video: http://www.youtube.com/watch?v=Zdtc-BWPOX4

Fotos de Pedro Falcón:

“Al Paso de la Cumbre” es la visión de un viaje en el tiempo, un viaje para los que vivieron otros tiempos, otras formas y el mismo espacio de otras personas que viven este otro tiempo y que tienen otra forma de ver el territorio que nos acoge.

Esta actividad de rescate etnográfico es una muestra, una visión retrospectiva, del trasiego de gentes de todos los rincones de la Isla de Tenerife que hasta hace no más de tres o cuatro décadas viajaban de un lado a otro buscando el sustento familiar. Después de cinco ediciones entrañables, los personajes que integran el equipo de “Al Paso de la Cumbre, escenificación del Trueque”, han conseguido que gran parte de la población de Tenerife, así como muchos visitantes que acuden prestos a este tipo de celebraciones y eventos de carácter etnográfico, observen el uso de los caminos y senderos como se vivían en tiempos pretéritos. La realidad de esta escenificación no presenta aspereza ni sacrificio porque es sólo una representación, pero el espíritu de quienes protagonizan la actividad ha conseguido tocar la sensibilidad de quienes disfrutan de estas estampas costumbristas.

Así, en esta edición también ha llegado la iniciativa hasta los niños y jóvenes del Municipio de Santiago del Teide, anfitrión de este encuentro, y la respuesta ha sido excelente. En una labor de difusiónde la actividad en todos los centros educativos del Municipio, la aceptación ha sido muy positiva y los protagonistas futuros del devenir de esta zona suroeste de la isla de Tenerife, han reconocido el mensaje que se quiere transmitir. Este no es otro que el de mostrar la armonía que ha existido hasta hace no mucho tiempo entre las personas y el territorio; la conformación del paisaje, la utilización de las tierras fértiles y las no tan fértiles, la construcción muchas veces espontánea de vías de comunicación para medios de transporte tan precarios como los animales de carga, mulas, burros, caballos y sobre todo el desplazamiento a pie, han sido la impronta de las zonas rurales de la isla.

Al esfuerzo y la constancia, que necesariamente han de definir a una población que ha vivido mayoritariamente de la agricultura y la ganadería, hay que unir un carácter abierto y muchas dotes de imaginación. La necesidad de diversificar cultivos y labores, la existencia de recursos de la piedra, de la pesca, del espacio forestal, la incidencia de la diversidad bioclimática que es capaz de crear islas dentro de otras y de definir grandes diferencias en el espacio, han provocado el que haya sido una constante el intercambio de mercancías: las papas de secano en el norte, la piedra chasnera o la tosca, las cebollas de Guayonge o de Masca, las manzanas reinetas, el azafrán de la tierra de Carrizal, el queso de Teno, el carbón de Anaga, las jareas o las castañas de Acentejo… un sinfín de tesoros básicos para el sustento. Cada rincón de la isla de Tenerife ha estado marcado históricamente por la calidad de algún producto, y su mercado abarcaba a veces toda la isla, como podían ser los cochinos que la gente de Icod El Alto repartía por todos los pueblos, pedanías, barrios y pedazos de tierra habitados.

Los pasajes culturales que muestran “Al Paso de la cumbre” llevan detrás de un escenario decorado con las vestimentas, los útiles de labranza, los productos que se intercambiaban, el espíritu de la supervivencia, la solidaridad, la amistad, el respeto por la naturaleza y su aprovechamiento, que viene a ser la tan traída y llevada “sostenibilidad”.

La isla que se representa es aquella que en sí misma era todo un ecomuseo, una forma de mantener el equilibrio entre las necesidades humanas y el peso poblacional.

Cuando ese balance se alteró, la emigración fue la válvula de escape en varias ocasiones. Esa nostalgia del emigrante, el amor por la tierra que te ha cobijado, el espacio donde los niños viven y crecen, un indescriptible amor por el entorno que hace que la familia vaya más allá de los vínculos parentales, en definitiva, las señas de identidad de las personas, son los sentimientos que se reflejan en Al Paso de la Cumbre; es el homenaje que protagonistas y público ofrecen a quienes nos precedieron en el uso de nuestra tierra. Quizá cuando quienes actualmente realizan esta actividad, por ley natural ya no tuvieran la energía suficiente para mostrar lo que ellos realizaron por necesidad en otra épocas, o que conocieron por el testimonio de su padres, familiares o amigos, el espíritu de los caminos se haya transmitido.

Cuando los jóvenes vean el valor de una calzada, un empedrado, o el del saludo desinteresado a cualquier “paisano” desconocido que en cualquier momento puede compartir esfuerzo u ofrecer ayuda en el camino, se habrá conseguido el objetivo de esta actividad. De cualquier manera, entre cuarenta y cincuenta participantes de Municipios tan dispares como Los Realejos. El Tanque, Santiago del Teide, San Miguel de Abona, Adeje, Garachico o Santiago del Teide seguirán mostrando una vez al año, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, una estampa costumbrista sosegada y nostálgica de encuentros, trueques, trasiegos y andanzas de gentes y sueños entre los espléndidos valles y cumbres de Tenerife.

Juan Antonio Jorge Peraza
Geógrafo
(Artículo publicado en Mundo Rural de Tenerife, nº 4, mayo de 1009, pp. 28 y 29

IV edición de "Al Paso de la Cumbre"

¡No sé si las lonas llegarán a Las Abiertas! Creo que ya no pueden más. Al fin y al cabo bastante han durado. Pensar que las compré el año pasado por esta época en el Valle. Vamos a ver si hay suerte y si Dios quiere, porque Él todo lo ve y sabe que con esta carguita algún socorrito llevaré a mis hijos.

Cuando mi José vivía era diferente, éramos dos para repartir la carga, aunque los cascajos nos pelasen los pies o la lluvia nos atrabancara algunos ratitos en algún soco, porque llegar a la casa era una alegría grande, aquellos cristianitos rodeándonos que casi nos tumbaban, y qué ganas de abrazarlos y besarlos, era como si hubiésemos dado la vuelta al mundo, pero el cariño puede con todo, hasta con las penas.

Ay Dios mío, que me duren las lonitas pa' poder volar sobre los Partidos antes de que caiga la noche y las brujas se me atraviesen…


En Santiago del Teide, Noviembre de 2007
Juan Antonio Jorge Peraza

Carboneras en Vilaflor 2010



El fin de semana del 22 y 23 de mayo tuvimos de nuevo carboneras tradicionales en El Salguero, Vilaflor. A las 10 de la mañana del sábado los maestros carboneros empezaron el montaje enseñando a un grupo de participantes cómo se producía el carbón en los tiempos en que había que hacer de todo para conseguir el sustento familiar.

Por la tarde, a partir de las 21h., comenzó la "noche mágica de las carboneras", con actividades que nos permitieron disfrutar lúdicamente de la vigilia en la que había que cuidar que la carbonera ni se apagase ni se quemara...Contamos, como otros años, con los cuentos de Kike Savoie, el paseo por la ruta de las estrellas con Juan Vicente Ledesma, y finalmente un divertido taller de risa en el albergue de El Salguero.

El domingo 23 se abrió la carbonera, y pudimos comprobar que las ramas se habían convertido en carbón, en otros tiempos tan necesario para matar el frío, o para poder cocinar en las casas... Y como culminación de la actividad, que se desarrolló paralelamente a la VI Muestra Gastronómica de la Papa que organiza todos los años el Ayuntamiento de Vilaflor, esa mañana los compañeros y amigos Jonay Escuela y David Moraga coordinaron dos talleres, uno de elaboración de queso y productos lácteos, y otro de mermeladas. A partir de las 13h., bajo la coordinación de Juan Carlos González, los restaurantes de Vilaflor nos dieron a conocer y degustar una excelente muestra de sus mejores platos, incluyendo todos ellos la papa elaborada de múltiples maneras.

Todas estas actividades fueron organizadas por el Ayuntamiento de Vilaflor de Chasna, con la colaboración, entre otros, del Cabildo I. de Tenerife, el Plan de Gastronomía y Turismo de Tenerife. Esta ha sido, una vez más, una invitación sincera de un pueblo sencillo, hermoso y limpio, como su aire y el espíritu de sus gentes.



Una reflexión

El domingo, a media mañana, abriremos la carbonera en El Salguero, y Vilaflor volverá a ver las banderas grises cual fantásticos conos veloces girando en el aire. Son las mismas fogueras de las que hablaban los abuelos, las que ayudaban a matar el hambre. Ya no hay apuros por salir a la estampida, dejando atrás los cacharros del café y la vieja manta de listas, dejando atrás el alma, cuando los guardas nos pisoteaban la dignidad de ser pobres. Es la misma dignidad que vino del Portugal antiguo. A saber de dónde vinieron los primeros pobres hacedores de fogueras, si del Algarve, si de los montes mágicos de la Galicia celta; si vinieron de los valles de Leizarán. El misterio del humo de las carboneras se hace aroma mestizo de pobres de a saber que tiempo y que montes.




Juan Antonio Jorge Peraza, en Vilaflor, a 23-V-2010

Carboneras en Vilaflor



El fin de semana de 23 y 24 de Mayo de 2009 tuvo lugar en El Salguero (Vilaflor) la actividad de rescate de las carboneras, organizada por el Ayuntamiento de este municipio. Un año más, se dedicó un homenaje a la labor de muchos canarios que, para conseguir ganarse parte de su sustento, subían a las Cañadas del Teide a recoger ramas de retama y montar con ellas una carbonera de la que, después de un día y una noche completa, se podía extraer carbón vegetal, necesario durante muchos decenios para la vida cotidiana en las Islas. Durante la vigilia de las carboneras se desarrollaron actividades diversas: talleres gastronómicos (para niños y adultos), cuentacuentos, paseo por las estrellas, ruta nocturna...