III Ruta de la Miel (El Bueno, Arico)

Mes de abejas y mieles en Arico

El mes de mayo ha sido el elegido por el Ayuntamiento de Villa de Arico y La Asociación de Apicultores Cumbres del Sur para realizar la tercera edición de la Ruta de la Miel. No es casualidad el haber elegido esta fecha porque es el mes de las flores. Es el momento de máximo esplendor del mundo vegetal, cuando cada planta, cada flor, tiene entidad propia; es cuando se muestra con mas brillantez el momento culminante de la floración.

El mundo de la miel y el de las abejas, con sus particularidades gastronómicas, terapéuticas o su vinculación a las labores agrícolas, se está viendo reflejado en el programa de actos que, en colaboración con el Cabildo de Tenerife, a través de su Área de Agricultura y Desarrollo Rural y de Casa de la Miel, estas entidades ariqueras, están llevando a cabo en el Municipio de Villa de Arico para el mes de mayo.

Después de dos ediciones de notable aceptación entre los participantes, este año la Ruta de la Miel se complementa con una charla impartida por el reconocido experto apicultor Don Francisco González Ortega, un palmero que ha hecho del mundo de la miel una forma de vida. Esta actitud de entrega al sector apícola parece reverenciarse directamente en la armonía que las abejas se encargan de establecer dentro del mundo vegetal. De una manera callada, perseverante, tenaz, la función que realizan las abejas es la esencia del ciclo vegetativo de las plantas, una función que además tiene una expresión agradable y nutritiva como es la que representa la dulzura y diversidad organoléptica de la miel.

El entorno natural del Municipio de Villa de Arico, desde la costa hasta la zona de cumbres, conserva un espacio de plantas de gran diversidad y cantidad, por lo que ha sido elegido históricamente por muchos apicultores de la Isla de Tenerife para el asiento de sus colmenas.

De manera anecdótica, pero haciendo homenaje a esta realidad, la colmena figura en el escudo heráldico del Municipio como un bastión. Detrás de ese símbolo existe una realidad amplia, bien definida y sobre todo limpia, conservándose numerosas zonas no alteradas por la actividad humana. Esto ha propiciado el que a los pinares se unan extensas manifestaciones de malpicas, escobones, barrilla, tabaiba, cerraja, flores de múltiples colores y aromas. Esta es la base del mundo de la miel en Arico, la amplitud y la diversidad, connotaciones difíciles de encontrar en la limitada territorialidad de las islas.

El lugar elegido, como en anteriores ocasiones ha sido La Sorpresa, un lugar idílico al que se llega después de dos horas de caminata a partir del punto de inicio, la plaza de San Pancracio, en el núcleo de El Bueno. El paso por la Finca del Helecho, una infraestructura del Cabildo Insular perfectamente adaptada a la singularidad de la zona, destinada a actividades de educación ambiental y de mantenimiento de determinadas razas animales autóctonas, lleva a disfrutar de rincones entrañables como la Fuente del Helecho, que abasteció de agua a los pobladores de la zona o transeúntes en tiempos de constante trabajo y comunicación entre las personas y el entorno forestal.

Otro hito reseñable en el itinerario realizado es La Morra Ramos, un enclave agrícola rodeado de pinar donde una afloración de pumita llevó porosidad y frescura al suelo de la zona, propiciando por ello el desarrollo agrícola que ayudó a la población local en tiempos de austeridad y carencias. Este dato está en la mente de los habitantes de El Bueno, que hacen referencia a La Morra Ramos como un vergel para la supervivencia humana. Este tipo de afloramientos pumíticos en zonas de suelos no tan fértiles han creado toda una mitología existencial para los canarios y así, sólo en el sur de la Isla, encontramos lugares como Las Fuentes en Guía de Isora, el Cedro en Adeje o la misma Morra Ramos, lugares que han dejado un recuerdo fraternal en nuestros convecinos.

La llegada a La Sorpresa hace honor al topónimo que define a un lugar mágico, un barranco de gran profusión vegetal y es, tras sortear varias curva en el camino, cuando los antiguos “corchos”, en otros tiempos a cientos, adornan el entorno de una manera enigmática y sugerente. Aparentan ser testigos silenciosos de un mundo de trasiegos a la cumbre, de ilusión por las carencias que en otro tiempo ayudaron a colmar, de ajetreo por el bullicio de las reinas, de los zánganos, de las laboriosas hacedoras de la miel.

La cata y una demostración de las labores tradicionales apícolas son el colofón de una jornada siempre memorable para quienes la realizan y la muestra del orgullo y satisfacción de un sector de “colmeneros” que lucen con humilde elegancia sus buenos “haceres”, manejos que tienen que ver con abuelos, con su traslado de colmenas, con camellos, con la única golosina que en los entornos rurales acompañaran a la infancia de muchos canarios.

También se incluye en este mes de miel y abejas en Arico el acercamiento a la modernización, a la adaptación de usos ancestrales a nuevos métodos, buscando la optimización y la rentabilidad en el trabajo. Así, los días 2,3 y 4 de mayo, el Servicio de Agricultura y Desarrollo Rural del Cabildo de Tenerife, realizará un curso sobre polinización de colmenas para uso hortícola, unas técnicas que pudieran parecer ser nuevo y que se basan en la simple y necesaria relación entre las abejas y el mundo vegetal.

Este tipo de actividades vinculadas ineludiblemente al mundo rural, sirven para mostrar la riqueza de una tierra, la constancia en el trabajo de un pueblo por el mantenimiento de sus tradiciones y la oportunidad de acercar a la población de otras zonas a lugares donde todavía brilla la armonía entre las personas y la naturaleza.
En Arico, 11 de Mayo de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

III Ruta de la Piedra (Arico)



El domingo día 8 de noviembre se celebró en Villa de Arico la tercera edición de la Ruta de la Piedra, organizada por el Ayuntamiento de dicho Municipio con la colaboración de Turismo de Tenerife, la Fundación Tenerife Rural, el CIT del Sur y Aricotur.

La ruta consistió en la visita guiada a las dos canteras de piedra que actualmente están en explotación en el Municipio, Cantos Blancos y Guama Arico, donde se dieron a conocer las técnicas, los distintos procesos de producción, comercialización y otros aspectos que tienen que ver con el tratamiento de la piedra. A continuación se visitó una antigua cantera de piedra, como las que dieron material para la construcción del Malecón de la Habana, en Cuba, y otras muchas instalaciones durante el periodo de influencia española en América. A continuación se visitaron los núcleos de Villa de Arico y Arico Nuevo para ver varias viviendas tradicionales como una buena muestra de arquitectura doméstica basada en el uso de la piedra, así como la Iglesia de la Luz en Arico Nuevo.

En Arico, 8 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Ruta de la piedra (Arico)

El arte de la Piedra

Cuando la mar amanece y el sol de Gran Canaria comienza a teñir de brillos las guirnaldas azules y blancas de las olas, ya los hombres han comenzado su sinfonía de gestos y tañidos secos.

El arte comienza temprano en el alumbramiento de las rectas, los círculos, las gárgolas, los filos, las líneas, los tajos diminutos. Es el germen de la majestuosidad que en el futuro miles de ojos sentirían. La sobriedad de la piedra comienza su modelado con cariño, con el brío inconcebible y magistral de los labrantes.

Se vestirán recoletos patios y fachadas sobrias, dinteles geométricos y ventanas firmes y curiosas… y otro canto que será un poco más de pan sobre la mesa, un canto más aunque mis dedos se rebelen y las muñecas se retuerzan rígidas sobre los cabos pacientemente enarbolados, porque quizá sea la ayuda que me falte para que mis hijos puedan estudiar lejos de la piedra.

Día tras día, la cantera, echándome al camino desde el Lomo; me acuesto molido y me levanto molido; me empuja el viento cuando bajo. Cuando subo, el viento se rompe en mi cara como si me odiase. ¡Pero hay que seguir!. Cuando los hijos nacen viene el compromiso, y todo el trabajo es poco, y te hacen viejo y también llega la mayor alegría de mi alma.

El mar, que hizo la arena, moldeó los callados, desgarró las paredes de tosca y basalto, ese mar incesante, labrante tenaz e incombustible, también será quien se lleve el fruto de mi trabajo, a saber a qué calle, en qué iglesia, a qué hacienda.

El día palidece y el sol ya ha marchado a conquistar las tierras de occidente; se hace el silencio en el aire ariquero y las canteras duermen en el eco de tañidos secos y apagados, a la espera del nuevo sol de Gran Canaria, cuando la piedra comience temprano a hacerse arte en las manos del labrante.
Arico, 2 de Noviembre de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Video: http://www.youtube.com/watch?v=hwlXdMKDeMM

Ruta de la Brea (Arico)


Video (homenaje a Pablo García Marrero):
II Edición de la Ruta de la Brea (2009)

El domingo día 5 de abril, en colaboración con el Grupo de Montañeros Choya, seguimos mostrando las bellezas del Municipio de Arico con una ruta temática que tuvo una gran aceptación. Sirve para mostrar lo que significó el aprovechamiento de la brea para el calafateo de los barcos que se hizo en los montes de Arico, gracias en parte a la existencia de un muelle natural excepcional como es la bahía del Porís de Abona. Contamos con uno de los principales expertos en la materia, Román González, que nos dió una pequeña introducción teórica con proyección audiovisual en las instalaciones del Ayuntamiento antes de irnos al campo en una caminata de unas tres horas, por un paisaje de amplias panorámicas y prados multicolores agraciados por esta radiante primavera que viene con tantas energías después de un invierno pletórico.

III Muestra de Panes del Mundo (Arico Nuevo)

Se ha desarrollado con gran éxito la tercera edición de la Muestra de Panes del Mundo, una iniciativa que potencia los productos locales del Municipio de Arico, como el vino, la miel, el queso o los productos hortícolas, todo ello combinado en una degustación matizada por la interculturalidad, por la presencia de variedades de pan de distintas partes del planeta.

Tuvo lugar en la plaza de Arico Nuevo el sábado 13 de febrero. La degustación fue gratuita, dándose también la posibilidad de poder comprar los productos presentes en la muestra. Lo recaudado por la venta de panes se dedicará a una causa benéfica canalizada por medio de la ONG Cruz Roja Española.

En Arico, 5 de febrero de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza




Conoce tus rincones

De Arico a Vilaflor

Ruta organizada por la Agencia de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Arico, para dar a conocer el patrimonio cultural, arquitectónico y paisajístico entre este municipio del sur de Tenerife y Vilaflor.

Muestra de Panes del Mundo (Arico Nuevo)

Panes del Mundo

Actividad que se desarrolla cada año en la plaza de Arico Nuevo, organizada por las Agencias de Desarrollo Local y Agrario del Ayuntamiento de Arico, con el ánimo de dar a conocer los productos de la "despensa de Arico" (quesos, miel, vino, panes...). La Despensa de Arico muestra algunas de sus principales exquisiteces, como son la miel, el tomate, el queso y el vino, unos productos del campo ariquero de reconocido prestigio que acompañan a un pan que a lo largo de muchos años ha demostrado tener una calidad excepcional. Se une a esta Muestra una gran variedad de panes de distintas partes del mundo, como exponente del carácter abierto y cultural del Municipio.
Arico Nuevo, 8 de febrero de 2009

Panes del mundo, Arico (2009)

Viviendo Arico

Salto del Pastor, cuentacuentos y estrellas en la Punta de Abona

PARTICIPACIONES

Aportaciones en actividades organizadas por diversos colectivos en las que he tenido el gusto de participar.

Baile de Piñata, Teno Alto


Cuando dejé mi casa en Taucho, camino de Teno Alto, ya sabía que algo bueno me esperaba. El Baile de Piñata de ese lugar siempre me había atraído, y por eso salía con una jiribilla en el cuerpo que me recordaba a otros tiempos, tiempos juveniles en los que la ilusión de la fiesta se centraba en los bailes y sus concurrentes. Por eso, mientras discurría sobre los malpaíses de Guía de Isora y de Santiago del Teide, ya tenía la chispa de alegría que te lleva ligerito cuando buscas algo con ilusión. Ese momento ha quedado bien reflejado por nuestra gente cuando describen la “ida” a la fiesta con un alegre:

- ¿a dónde vas?
- ¡¡a la fiesta!!

y un no tan exultante:

- ¿de dónde vienes?
- de la fiesta.

Ya en la Degollada de Cherfe comenzó el presagio. Siempre el avistamiento, en esta ocasión con la imaginación, de la mítica Masca, es un deleite para los sentidos.

Entrar a Teno por su sur es como volar sobre los barrancos, es el privilegio de avistar un bosque de palmeras que con los años se ha fundido cromáticamente con los tejados marrones y los pequeños huertos de verdes surcos. Trazar el barranco desde el aire en un zigzag misterioso nos puede abrir el ansia de abrazar el atlántico; y por él a las islas del atardecer tinerfeño, La Gomera, La Palma, El Hierro, los tiempos de fuga hacia otras tierras para vaciar el hambre, las Américas del Valbanera, la de las cartas de ilusión y añoranza de quienes emigraron.

Una espesa niebla mezclada con las luces de mi montura y el recuerdo de mis hijos me hizo volver de este ensueño de Masca. Pero ya había pasado el dintel. Del presente sólo quedaba una carretera mojada, con una multitud de curvas y la certeza de que un despiste me habría hecho dibujar de golpe todo el vuelo que antes había soñado. Esa carretera de Masca para mí tiene nombre propio: Pérez, un ser maravilloso al que tuve el gran placer de conocer. Era uno de esos alcaldes pedáneos que se desvivían por mejorar las condiciones de vida de su vecindad sólo a cambio de satisfacción, sólo por la vocación de hacer felices a los demás.

Teno ya se me ha metido en el cuerpo cuando me encuentro con los amigos que me han invitado a este “baile”, Ángel y Marta. También ellos parecen estar enajenados; en sus ojillos creo ver el brillo inocente de quien espera algo agradable en el tiempo más inmediato.

Las mujeres son quienes ocupan la mayor cantidad de sillas alrededor de la sala y prestan su mejor disposición a quienes cortésmente las invitan a bailar. Se mezclan las folías con otros sones de infantil evocación como las rancheras o los interminables popurrís en los que “subíamos al monte de belingo”, “bebíamos leche merengada” o “nos quedábamos sin farola por falta de gas”.

La Isa siempre va delante, calentando las gargantas y vistiéndonos con un traje que nos cubre a todos, como una bandera que a todos nos representa. La Isa es un carácter que unifica a Canarias y a la vez distingue a cada Isla; las acerca, las describe con la misma alegría y en cambio es auténtica y distinta en cada una. Pudiera ser la mejor definición de un archipiélago con alma de crisol donde el baile gira y brilla con aires aborígenes y americanos, portugueses, manchegos, andaluces…

Los danzarines tropezaban sin intención continuamente; los vasos al aire, las “cuerdas” sobre un improvisado escenario hecho con las mismas mesas que sirven para jugar al dómino o para hacer la costura, o para el juego de los niños durante las tardes frías y eternas de Teno. El caso es que se vean para que sea la música quien presida. Las parrandas parecen ser las mismas que hace treinta, cincuenta años. Esta vez vinieron desde el Valle de la Orotava, Tacoronte, desde la cercana Buenavista, desde el más inesperado rincón de la Isla.

La intención original que me llevó a este entrañable pago a través de una genial propuesta de Turismo de Tenerife por incorporar fiestas y tradiciones a la diversa oferta turística de la Isla, se vio truncada por momentos. Ésta no era una actividad de rescate etnográfico a las que suelo estar acostumbrado. Ésta era como un fósil viviente de nuestra cultura, una de las caras del espíritu de un pueblo que no entiende de fronteras; la única ha sido el mar, un mar que nunca ha dejado de unir.

Los niños bailan con sus abuelas, con sus madres, las hermanas con sus hermanas, los de Teno con los de Santa Cruz…nadie es extraño, y mientras la armonía y la alegría llenan el espacio, una energía telúrica hace que todo gire en torno a la multicolor y enigmática piñata.

La sabiduría de su creador, Don Pedro, el “tejero”, parece poner orden en la esencia del baile. Como un acto de respeto y admiración, los foráneos dan prioridad a la gente del lugar para bailar el tajaraste. Son conscientes de que ellas y ellos son quienes lo han conservado, un encantador tajaraste en círculo que hace competir a los bailadores y a las “cuerdas”, ensamblados en una carrera frenética que acaba con el abandono por cansancio de alguno de los bandos.

Con la nobleza de la “gente buena”, unas veces ganan unos u otros, pero eso no importa, lo que importa es ser parte de la fiesta, compartir con visitantes y vecinos una armonía que se ha irradiado a los más jóvenes y aún hoy, en una época de tantos cambios y desarraigos, luce en Teno Alto como una bendición, un tesoro que tiene forma de piñata.

Ese es el espíritu de nuestro carnaval, sin alardes ni ostentosidades. Es el espíritu de nuestro pueblo: sencillo, abierto y festivo, joven, entrañable y respetuoso.

La niebla me acompañó todo el camino de vuelta. Era la vuelta a otra isla y a otro tiempo, a las formas que rigen el ritmo cotidiano. Pero esta visita a nuestro pasado vivo ha alimentado sobremanera mi espíritu, me ha insuflado nuevos aires para un maduro sentimiento, el de trabajar por el mantenimiento y la difusión de las tradiciones en Tenerife, por irradiar y compartir una maravillosa forma de vivir la Isla.

En Teno Alto, el 20 de febrero de 2010
Juan Antonio Jorge Peraza

Jornadas Etnográficas "Pablo García Marrero". La Zarza


El sábado 28 de Noviembre de 2009, se desarrollaron en la ludoteca municipal de La Zarza (Fasnia) las I Jornadas Etnográficas "Pablo García Marrero", con las que se quiere contribuir a mantener vivo el recuerdo de su importante labor en su entorno.

En las Jornadas participaron como ponentes Paco Xunta Peraza, Juan Antonio Jorge Peraza, Carlos Gustavo Díaz y Román González. Han sido organizadas por un grupo de vecinos de la Zarza y amigos y familiares de Pablo, contando con la colaboración del Ilustre Ayuntamiento de Fasnia.


¡Gracias, Maestro!

Pablo era la certeza de que no se puede afrontar el futuro perdiendo de vista de dónde venimos. Sin aferrarnos a la dureza de una forma de vida marcada por la lucha sobre un terruño seco y agreste, el ser humano inventa recursos donde no los hay.

Pablo redescubrió las señas de nuestros antepasados para demostrarnos que el mejor recurso es la persona en sí misma. La constancia, la humildad, la paciencia, la generosidad, la imaginación...esos son algunos de los atributos que necesita el ser humano para buscar la armonía con el entorno.

Él llevó esta enseñanza a todos los que tuvieron la suerte de cruzarse en su vida porque nadie mejor que Pablo vistió esos atributos para brindarlos con holgura, con coherencia y compromiso.

En Fasnia, 25 de noviembre de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

XIV Ruta de Santiago

Los caminos de Santiago

Cuando alguien me dijo que hablara sobre el Camino de Santiago algo me decía que habían muchos caminos, y no sólo porque a lo largo de la Península Ibérica y de buena parte de Europa ya se despliegan numerosas vías y caminos que llevan a Compostela, donde el Apóstol Santiago dejó para siempre la capital de su apostolado. Quizá sea una de las premisas que marcan la peregrinación a Santiago, como la de que “Todo el mundo debe recibir con caridad y respeto a los peregrinos, ricos o pobres, pobres o ricos tienen derecho a la hospitalidad y a una acogida respetuosa”, la que me indicó que el Camino no es sólo un espacio donde ejercitarse, donde moler los músculos durante muchas horas, donde abstraerse en el tiempo para volar hasta las sombras de la Edad Media.

No es sólo un camino para sentirse parte del paisaje. Los innumerables pasajes del Camino de Santiago no son sólo las Landas bordelesas, las tierras de Gascuña o los paradisíacos rincones de Roncesvalles, son los numerosos ríos y barrancos que se cruzan como si cambiásemos de dimensión, los cauces angostos o suaves, de granito o de basalto, y se mezclan Pisuerga y Tágara, Ortiz y Carrión, Turbia; al final es la misma agua que modela la sed, los campos, los montes, los estuarios…

Con la conciencia clara de que éste no era el único camino, me alegró saber que discurría desde Los Realejos por el mayor espacio protegido de Canarias, y que en él podría encontrar los bosques de pinos mejor conservados de Tenerife, además de buenas muestras de fayal-brezal, laurisilva y de comunidades colonizadoras de coladas y cráteres volcánicos recientes. Me resulta mágico saber que bajo mis pies se cruzan tubos volcánicos que llegan hasta el mar, como serpientes oscuras que zigzaguean bajo la tierra, que afloran por jameos y acantilados para dejar entrever las entrañas del volcán. En ellos viven, como abades de monasterios acicalados de azufre, adornados de estalactitas cual oníricas ménsulas, los murciélagos orejudos, a cuyas órdenes millones de minúsculos invertebrados oradan los lechos vacíos de estos ríos de oscuridad.

De este otro camino de Santiago me llevo el vuelo ágil y los colores del Pinzón Azul, el martilleo familiar del Picapinos. Qué recuerdos de infancia los domingos de gira al monte, cuando nos sacaban del barrio para perseguir aquel sonido que se perdía entre los pinos, volando sobre la pinocha, mientras hacíamos ancestral el olor a monte, a tierra seca, ¡a tortilla española!

Qué pena que no lo haga más a menudo y sólo cuando te paras ante un encuentro como éste me doy cuenta del hermoso país en el que he vivido, un paraíso insular diverso y espléndido, donde las puestas de sol siempre son diferentes y en la soledad del camino y la luz amarilla de la tarde es un lujo ver la huida de palomas que sólo viven aquí, como tantos endemismos que nos hacen diferentes. Encontrarlos es como vivir en una continua aventura.

Este camino es tan singular como los otros porque deja ver la fe, el amor, la constancia; siento los cabuqueros luchando por hacer brotar el agua en las muchas galerías que acompañan al camino; veo la mansedumbre de nuestro tesoro más valorado discurriendo lentamente en canales llanos, pacientes observadores del paisaje, refugio para la sed de conejos, cernícalos, reyezuelos…

Es tan singular este camino porque por en él han sido peregrinos los pinocheros, los recolectores de brea, los marchantes de ganado. También ellos son parte de este camino, ellos y un carácter perseverante, respetuoso con la naturaleza que les ha acogido a lo largo de los siglos, que les ha dado cobijo y sustento, paz y energía para modelar sus vidas.

Ya sabía yo que habían más caminos de Santiago; la fe de quienes los recorrieron lo hacen evidente. Es un camino que no tiene adornos, ni flora ni formas, ni origen ni distancia. No se une en la Puerta de Reina a los que llegan a Compostela desde los confines del Medioevo.

Es el que recorro cada día en el quehacer cotidiano, el que me acerca o aleja de la coherencia y me hace grande o pequeño según asuma o no la soberbia.

Los motivos para hacer mi propio Camino de Santiago pueden ser la fe, la necesidad, el amor a la tierra, el encuentro con otros seres en un itinerario maravilloso, o puede ser simplemente el sentirme vivo, privilegiado con la suerte de existir, la construcción de un día a día en armonía con lo que me rodea.

Como colofón a esta reflexión que me evoca el Camino de Santiago, me quedaré con la definición que hiciera con acierto la Asociación de Amigos de Santiago de Madrid sobre lo que significa Hacer el Camino:

“Si hay algo cierto en esto, es que Lugareños y Peregrinos tenemos la fortuna de poder modelar algo que no está en los libros, pero acaso sí en nuestro destino.”

Santiago del Teide, 19 de julio de 2009
Juan Antonio Jorge Peraza

Mercadillo de Vilaflor

Inauguración del Mercadillo de Vilaflor

Taller de rescate etnográfico (Santa Úrsula)

Camino de la Mar

De mañana, todavía el sol medio atolondrado entre las cumbres de Anaga, ya estábamos cansadas de esperar a que Padre levantarse; no sabía en su sigilo que ya llevábamos horas despiertas, contando los minutos que nos acercasen a ese momento. Ese momento en el que Padre abría la puerta despacio, procurando hacer todo el silencio posible para no despertarnos. Luego buscaba los tazones, inmensas cazoletas lateadas y salía a la cuadra. Sabíamos que iba en busca del mejor manjar que podía ofrecernos, un tesoro blanco y espumoso que traía consigo el olor de las flores, el olor a leche y a infancia que nunca nos abandonó después. Después, un gofio tibio nos terminaba de colmar un hambre solapada por la ansiedad.

Cuando Padre cumplía con sus obligaciones con el ganado y la puerta quedaba cerrada al viento, porque en aquellos tiempos se respetaba lo ajeno aunque estuviese abierto, salíamos por la Vereda del Alto, camino del pueblo. Nunca se nos había hecho tan corto el camino, qué contraste, como cuando íbamos a la escuela con los ojos todavía vestidos de sueño.

Por fin, ya estábamos todos juntos: los primos, los amigos de Padre, el cura, Dora la de Seña Carmina, ¡qué ilusión!

Los muchachotes se iban cargando los matules mas grandes, incluso Panchito se ofreció a Padre porque como no teníamos hermanos mayores para cargar, era una oportunidad para lucirse como gallotito, o quizá para que Dorita se fijase en él. Pero Padre todavía era como un héroe fuerte y elegante para nosotras. Él llevaba nuestros enseres.

En pocos minutos, cuando se pasaba lista sin reparar mucho, pero con todo el equipo controlado y la bendición de San Pedro, partíamos a Santana por el Camino de la Mar. El horizonte del Lomo Román parecía que no tenía fin, la mar al fondo con sus destellos azules y blancos anunciándonos el maravilloso día de fiesta que teníamos por delante.

El misterio se nos aparecía por las curvas del acantilado, cuando llegábamos a una cuevita pequeña y poco a poco, como si de una ofrenda se tratase, depositábamos dos palitos pequeños que formaban la cruz que nos iba a acompañar durante ese maravilloso día. Era como una garantía de que no nos íbamos a ahogar, o de que aunque nos escapásemos unos minutos antes de la hora después de comer, tiempo de hacer la digestión, no se nos iba a cortar por mojarnos las canillas.

Qué recuerdos, las coplas y el sonido de los timples confundidos con el ruido del agua; las olas eran el acompañamiento perfecto para la parranda. Algunas veces Padre cantaba folías, eran su música preferida, siempre hablaban de Madre, por eso las cantaba triste, incluso le salía alguna lagrimilla. Eran las únicas veces en las que el endurecido corazón de Padre se abría al viento en forma de cantares. Volaban mecidos en la brisa, quizá para acercarse a Madre.


En Santa Úrsula, Junio de 2008

Juan Antonio Jorge Peraza

Homenaje a los Venteros de Teno Alto. Jornadas del Colectivo "El Cardón" (Albergue de Bolico)

Los Venteros de Teno Alto




La Palma era un camello que iba siempre a gatas, medio escondido en el mar. Era el último en saludar a los que se nos fueron a Caracas, antes a Cuba. Antes, …a saber si ya estaba. Por allí, al final de Taburco, era el último mirador para acercarnos a saludar a los que emigraron, para llorar su partida, para soñar con su regreso. Yo recuerdo a los indianos que venían de allá, siempre muy guapos, vestidos como caballeros.

Teno era el último sitio para estar más cerca; en los acantilados ya era cuestión de volar, asirse de una gaviota, dejar al magín que enloqueciera, y pensar que volando llegaríamos a América.

Si recuerdo lo que viví de pequeña, sin quererlo no puedo dejar de llorar. No por tristeza, ¡no!, porque yo fui feliz, egoístamente feliz, pues sobraban en mi hogar el cariño, y en mi pueblo la vecindad. De mi infancia puedo decir que tuve un castillo, mágico y verde, me parecía inmenso, no tenía límites, con sus murallas de piedra y brezo, inexpugnable torre en la que, algún día, un valeroso príncipe me habría de encontrar.

Así eran los sueños que compartía con la bruma, al lado del fogal o cuando hablaba con el mar, ese cómplice fiel y cercano al que las muchachas de Teno confiamos nuestra soledad.

Los chiquillos corríamos al Alto El Risco cuando alguno decía “¡Ya viene Joseíto!”. Y el corazón quería salirse, a ellos porque sabían que ese correo real era para nosotros; para mí, porque además ese correo era mi padre: siempre recuerdo que su llegada era como besar la gloria. Era un héroe para mi sola, cargado de cajas, cestos, sacos. Yo creo que la ilusión de ver lo que escondía cada paquete era como un eterno día de Reyes, aunque al final el género fuera para venderlo en la venta, pero la inquietud por ver qué escondía cada saco, cada carta, era un anhelo que sólo a mis hermanos y a mí la suerte nos brindaba.

Perdida irremediablemente la infancia, ese tiempo que la humanidad te roba con desgarro, se hacían más cotidianos los viajes a la antes lejana Buenavista, y no digo nada de Icod; ya eso era para personas mayores como yo, con tantas tiendas, y la gente paseando por la calle. Ya podía comparar lo de fuera con lo que había en mi pueblo, lo que había buscado siempre: la luz a todo tiempo, el no tener que ir a todos sitios caminando, no tener que esperar a que Padre nos trajese a lomos del burro la ropa de la fiesta o los libros con dibujos, aquellos zapatos de charol que tanto lucieron un año en la plaza, ¡qué tristeza cuando los dedos crecieron y mis pies dejaron de lucirse con tan lujosa indumentaria!

Y con la comodidad, ya el tiempo se aceleró, y vinieron avatares, idas y vueltas, alegrías y muchas cosas más. Ya Teno habría quedado como en la nube que siempre parecía residir en él, las tardes largas y frías, viendo caer la lluvia, viendo los ríos de agua junto a la ventana del salón donde mis padres organizaban los bailes. La alegría de aquel tiempo parece que todavía retumba en las paredes de ese cuartito ahora pequeño pero inmenso entonces, una sala donde miles, infinitas miradas se buscaron con ilusión, la de bailar y bailar, la de escaparse bailando, enajenándose del lugar al ritmo de las jotas y los pasodobles.

Hoy, que ya los tiempos casi nos dejan atrás porque vuelan muy deprisa, cuando ya parece que no tenemos necesidad de refugiarnos en las cuevas de la Atalaya para saborear el olor a tierra mojada mientras escampa la lluvia; cuando no es costumbre encontrarse con otras personas en las tardes frías para escuchar a los abuelos; cuando poco miramos al horizonte del mar y La Palma tiene precio y unas vacaciones que siempre nos saben a poco para acercarnos a verla, y ya no nos parece ese camello parsimonioso que siempre saludaba a nuestros paisanos cuando se iban a Caracas, ya nada es real. Lo cotidiano es lo que me toca, lo que me importa, porque tiene fecha y hora, tiene motivos y además es imposible dejarlo a un lado, pero quizá lo verdadero sea otra cosa. Lo verdadero era la solidaridad de un pueblo hecho al trabajo, aquello de lo que me hablaba mi padre de cuando una vez su padre se enfermo y los vecinos se juntaron para recoger su cosecha; nunca se había visto tanta gente en una trilla, gente del Palmar, de Las Portelas, hubo que ir a buscar mas vino, a la cabeza, desde el Valle Santiago, porque aquello era gente, eran personas de verdad.

Haber vivido en ese entorno es de lo más grande que me ha podido pasar, haber visto la función tan especial que mi familia tuvo en el lugar, acarretillando queso, medicinas, ilusión, cartas, siendo miles de veces el poco agasajo que pueden brindar al visitante los días de frío, cuando las puertas se cierran para que la lumbre inunde la casa. Siempre había una puerta abierta a todo el mundo, la de la venta, y al final esa actitud es lo que me llevo de Teno, la que me enseñaron Joseíto y Efidencia, mis padres, Cipriana, Mª Rosa y Diego, mis hermanos, es tan real como mi corazón y esa forma de ser que, después de muchas vueltas, te das cuenta de que quizá sea lo único verdadero.

En Bolico, Verano de 2008

Juan Antonio Jorge Peraza

Venteros de Teno Alto (Bolico)

Excursión escolar Ruta del Almendro (Santiago del Teide)

Excursión con el colegio público "La Era", de Guía de Isora

Homenaje a la familia de ovejeros de Casa Fuerte (Adeje)

Los Ovejeros de Casa Fuerte

Teresme era otro mundo. Era como si fuese otro pueblo, tan alegre. Las tardes de Teresme son como un eco que se quedó a vivir en mi cabeza. Es un recuerdo que me emociona y trae las voces de la Familia León, toda esa chiquillería brincando sobre los morros, trepando a los árboles. Qué grande parecían las eras cuando dábamos vueltas y vueltas, como lo hacían las mulas en verano.

Ir a Teresme era la salvación. Allí no madrugabas para virar el ganado, porque siempre había alguien mayor, como Francisco o como Padre, que se levantaba temprano y te hacía el trabajo. Era como una familia grande y a los niños todavía se nos dejaba jugar, jugar y sobre todo dormir. Por lo menos hasta las ocho ¡qué gozada!

Por la Boca el Paso ya no se podía correr, a veces jadeabas tanto que tenías que pararte y dejar que el ganado te pasara delante, porque la cuesta se hacía interminable. Valió la pena. Desde lo alto, y al final de la isla, se ve otra, se ven dos, a veces tres. Incluso, dice Andrea que por allí hay otra, San Borondón. Ella jura y perjura que la ha visto, pero yo no. Los jóvenes, y Fino y Manuel dicen que tampoco. Dicen que eso son cuentos. La inventaron los cabreros de Aponte cuando se echaban a la cumbre durante semanas. La soledad agudiza la imaginación.

Desde la Boca el Paso sí me siento libre. El Barranco del Infierno parece más hondo, más misterioso y El Pinque casi ni se ve. Yo prefiero la cumbre, aunque durmieses sobre la laja, como decía Gregorio, porque tu oreja, cuando se acostumbra al frío de la pinocha, te trae el sonido del corazón de la tierra. Cuando estalló el volcán en Los Baldíos del Valle, su respiro sonaba en El Bucio, decía Miguel.

Pero lo que más me vuelve al magín es mi octavo cumpleaños, dos inviernos atrás. La cara de Madre tenía una mezcla rara, de alegría y tristeza, creo que sé por qué, pero para mí el fisquito de requesón que me tocó me pareció el más maravilloso manjar. Todavía guardo las ocho gamonas secas que Juliana colocó sobre el tarro grande de requesón con el que celebramos tan gran acontecimiento. Fue el primero y el único que me celebraron. Por eso ya no quiero cumplir más.

Apenas recuerdo mi infancia con las ovejas se me abre la llaga. Cómo se me iban los ojos al quesito tierno con trocitos de joyas del mar por los dos lados, como decía Carmen. Todos los días Antonio y Pedro cargaban los quesos en la mula para llevárselos al amo. Yo me imaginaba a los niños de la casa del amo comiéndose aquellas lonchas más anchas que un dedo. Seguramente lo mezclaban con miel. Qué ingrato me parecía estar todo el día cuidando el ganado para luego no poder probarlo.

¡Ya no lloro más! Casi se me secaron los ojos con tanto desconsuelo, descalzo por esos andenes siguiendo a las ovejas.

Mejor me voy con mi magín hasta Teresme a jugar con los chicos en la era o a “voltiar” volando entre las camas de pinillo.

En Adeje, Junio de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

"Lo que me llevé de Arico" (José Alonso Morales)


PRÓLOGO

Dejar entrever a quienes leen un libro lo que van a encontrarse en él es un orgullo para cualquier persona a quien se le confiera dicha misión, pero si además es acerca de un libro tan entrañable como el que tenemos ahora mismo entre las manos, es un orgullo y un privilegio.

Para un alcalde que durante sus muchos años de servicio a la comunidad ha visto el paso de un siglo a otro al frente de un cargo de responsabilidad, velando por el bienestar de sus vecinos y vecinas, es una alegría también la oportunidad de presentar esta obra, un libro de recuerdos personales que, a la vez, es un homenaje a la memoria colectiva. Pepe Alonso habrá conseguido con este libro, “Lo que me llevé de Arico”, que la gente de este Municipio se sienta protagonista de su propia historia, con los parecidos y los ritmos de la época que se plasma en él, que es similar a la del resto del Sur de Tenerife en el segundo y tercer cuarto del siglo XX, pero mostrando sus singularidades, sus defectos, su propia identidad.

El texto que discurre a continuación de estas humildes palabras es una fotografía perfecta de un Arico que ha evolucionado, que ha mejorado social y económicamente, pero deja ver una parte espiritual que quizá se vaya perdiendo con los nuevos tiempos. La familiaridad extendida fuera de las paredes del hogar, la gran diversidad de relaciones, encuentros, desencuentros, los engranajes de una sociedad donde se vivía con lo básico, dejaban espacios para fomentar la amistad o la solidaridad. Un territorio duro y extenso como el del Municipio de Villa de Arico, donde a veces las distancias limitaban el acceso a la sanidad, o a la educación, situación ésta última que yo mismo pude padecer por mi condición de vecino alejado, también han servido para que la gente se supere, para que valore lo que tiene gracias a la voluntad y al esfuerzo.

Esta publicación nos ofrece una amplia panorámica de estas situaciones buenas y malas, diferentes y siempre entrañables por la templanza que da el paso del tiempo, que hace debilitar hasta las más duras experiencias.

Cobran especial relevancia los momentos que la propia naturaleza ariquera brinda a quienes la saben disfrutar: las noches estrelladas en un cielo limpio y enorme que puede invitar a la reflexión o a evocar recuerdos de guitarras, cantos, ratos de alegría; la semblanza de una costa árida y a la vez húmeda por el abrazo del mar, con imágenes de soledad y de pescadores con su peculiar forma de ser, abierta y desenfadada. Especial mención hace el autor a “su” Tabaibarril, luego San Miguel de Tajao, recuerdo de las primeras estancias de veraneo de mucha población local.

Cuando todavía los progresos y los gustos culturales no llegaban por televisión o que digamos, por Internet, ya el Municipio de Villa de Arico brillaba con luz propia porque sus habitantes siempre han sido protagonistas de una “movida” cultural singular, siendo las veladas culturales, obras de teatro, zarzuelas y multitud de interpretaciones musicales, algo habitual en fiestas y casinos. Pepe se encarga cuidadosamente de reinterpretarnos aquellas obras que entusiasmaban a nuestros predecesores, para recordarnos la importancia que puede tener la escenificación del Nacimiento de Jesús, o del nacimiento de una banda de música, o del afloramiento del agua en una galería. Al fin y al cabo son nacimientos, y eso es alegría, es solidaridad y una forma de encontrarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Con la admiración ante una reflexión espléndida sobre las formas de la solidaridad y cómo se veía esta actitud personal en un pueblo como el de Arico en la época que nuestro amigo Pepe Alonso describe en su obra, sólo me queda darle las gracias en nombre del Municipio por habernos regalado un trozo de su corazón. Un corazón que desde la cercana Artenara, donde su familia fijó residencia en Gran Canaria, nunca dejó de amar y añorar a su pueblo, desde donde “se divisaba perfectamente Tenerife en su falda sur con los Aricos acostados en la ladera que caía al mar”.

Para nosotros es un orgullo que su tierra natal le haya provocado pensamientos tan profundos como el que nos regala en su obra: “el desafío es buscar espacios y medios para modelar la conciencia con la miseria, la compasión y la ternura”.


En Villa de Arico, Septiembre de 2009
Eladio Morales Borges
Alcalde del Ilustre Ayuntamiento de Villa de Arico

Hermanamiento Taucho-Tijoco

Espacios y momentos como éste son los que hacen de la vecindad una relación familiar. A veces sólo falta un motivo para reafirmarse en algo que está latente y que parece que no se nota, pero que existe. Existe la pertenencia, más allá del parentesco, o de la amistad, a una familia casi invisible, porque no plantea obligaciones, porque no está condicionada por la costumbre. Es la pertenencia al entorno, y lo que nos rodea es tierra, son personas, es aire, es una forma de ser, es un encuentro cotidiano, y el respeto es la mejor definición para justificar su existencia.

Hoy, la Virgen nos ha congregado para darle forma a algo que está ahí, que se siente pero que parece inexplicable. ¿Como se puede querer a quienes nos rodean casi sin tener motivos? Y en cambio nos preocupamos cuando hay cualquier desgracia, cuando sabemos que las cosas no van bien.

El prodigio de la Virgen nos muestra dos imágenes que en realidad son una, tres pueblos que en realidad son uno, como dirían los antiguos, “esto es todo uno” porque los años, las buenas y las malas, la experiencia, nos dicen que es mejor estar unidos ante cualquier giro de la vida.
La Concepción, Tijoco, Vera de Erques, La Quinta, Taucho, muchas gentes de Adeje son hoy lo mismo y disfrutan de ese privilegio que nos ha tocado, el de vivir en un entorno sano, amigable, donde todavía se saluda a los demás aún sin conocerse, porque está vivo el sentimiento de la humanidad, de la vecindad.

Las Vírgenes de La Concepción y de Coromoto son testigos de excepción de esa forma de ser que define a este entorno de los altos de Adeje. Un pueblo hospitalario y generoso que, quizá sin quererlo, haya tomado esos dones de la fe que Nuestra Madre Celestial nos regala.

Este acto, que es una forma de devolver el cariño que nos mostraron los barrios de Tijoco y La Concepción en las pasadas fiestas de Taucho, es algo más que un intercambio de imágenes, es la razón final de lo que nos mueve a vivir el día a día, es el cariño, la tolerancia, el respeto, es el amor que inconscientemente somos capaces de generar hacia el resto de los seres humanos. Siempre se empieza por querer a la gente que tenemos más cerca, y es la familia la primera y gran receptora de nuestras actitudes, y luego el prójimo. Alguien sembró con buena semilla esa enseñanza entre la gente de estos lugares, y son sus imágenes maternales quienes parecen agasajar ese espíritu colectivo.

Con el deseo de que ese carácter encomiable se perpetúe entre nuestros hijos y entre todos los que quedan por llegar a la vida, agradecemos a nuestros vecinos y amigos el cariño que compartimos en todo momento y especialmente en este encuentro simbólico entre personas y pueblos que nunca han dejado de estar unidos.
En Taucho, Verano de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza

Obituario. Pedro el Cabrero

Pedro El Cabrero


Amigos, les molesto porque no puedo dejar pasar este momento del día sin más, como si fuese un tiempo cualquiera, y es que en estos días se nos ha ido Pedro, un maravilloso cabrero, de los que ya nos van quedando cada vez menos. Uno de esos seres mágicos que nos ha transmitido a algunos privilegiados una forma de ser que seguro ya nuestros descendientes no disfrutarán.

Hace unos trece años, pateando las cumbres de Adeje, en ese misterioso Macizo de Ichasagua, conocí en Benítez a un matrimonio de cabreros que, sin conocerme, tuvieron la delicadeza de guardar, ante mi previsible visita, una cabra sin ordeñar, para que cuando llegase pudiese probar la leche recién ordeñada, como hacen los cabreros viejos, que siempre dejan una cabra sin ordeñar por si llega algún cristiano.

Estos entrañables canarios viven, vivían, al pie de la Pica de Imoque, un roque singular ubicado al norte del Roque del Conde o Ahiyo para los guanches, un lugar especial para dar cobijo a una gente excepcional. Murió Pedro, el cabrero, y siempre le recordaré como una de las personas que me indujo a luchar por nuestras tradiciones y nuestra identidad, una motivación que propició sólo con su forma de ser, ese agasajo que siempre ha acompañado a nuestra gente. Un entierro como el de nuestros ilustres anónimos, sin muchos aspavientos, pero con todo el pueblo "acompañando", como se merecen las personas buenas.

Coincide que después de conocer a Don Pedro inicié un largo periplo por nuestras costumbres, ayudando a mantener labores tradicionales para el disfrute de la gente, con los mismos protagonistas que durante siglos han hecho uso del territorio canario de una forma armoniosa. Así he tenido la suerte de estar presente en trillas, carboneras, siegas, encuentros que no hubiesen sido posibles sin gente de nuestro siglo que han sido fieles al legado que heredaron de sus ancestros, donde la utilidad se une al respeto por el entorno, por el paisaje, que también se ha transformado históricamente, pero con respeto por los cauces de los barrancos, por la tierra fértil para el cultivo, por la distribución vertical de los usos del suelo. Por eso, esta pérdida humana supone la pérdida de un testimonio, de una sabiduría, de una actitud, que resulta fundamental para preservar lo que nos queda de vergel en nuestro tan alterado territorio.

Haber conocido a Pedro, el cabrero ha sido un honor y un compromiso, para los que nos hemos comprometido y para los que no lo han hecho aún, con la transmisión de algo que es de todos y no es de nadie, por lo que hay que ser generoso y transmitirlo: nuestra identidad. Hoy este compromiso está dedicado más que nunca a Pedro y a todos nuestros grandes maestros y maestras de la cultura canaria. Un abrazo a todos.


En Vilaflor, Marzo de 2008
Juan Antonio Jorge Peraza